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Antes que nada,
reiteramos lo dicho lunes 20 de abril de 2015. No es éste el espacio para decir que el votante es un pelotudo o que no sabe elegir. La voluntad de la mayoría es ley y debe ser respetada en tanto expresión colectiva (nada de que la voluntad del pueblo es "
sagrada", sagrada las pelotas, no es necesaria ninguna intervención divina que le de sentido a la democracia).
Dicho lo cual, entrémosle al CSI elecciones porteñas.
Antes de arrancar nomás hagamos un distingo: se votó con miras a la elección de un Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. O sea, una elección en un municipio. ¿A qué viene ésto?: municipio proviene del latín municipium (parezco Grondona y no White) y hace referencia a la gestión de ciudades, sus servicios y su recaudación de impuestos, como forma de autogobierno urbano dentro de la entidad mayor: el Estado.
Un Jefe de Gobierno con funciones municipales se encarga de todo lo anterior, de la gestión de la ciudad. Por tanto el elector, que tiene contacto directo con la cara visible de la gestión de la ciudad, dirime con su voto la naturaleza de la misma para el espacio urbano que habita. El Jefe Municipal no tiene (aunque puede tenerlas) otras metas que las correspondientes a la gestión de la ciudad. Las políticas del Estado, las que no están relacionadas con la gestión municipal, están en manos de otras instancias que fijan políticas de mayor alcance y que exceden con mucho la gestión municipal.
Por eso, y repito, el elector vota fundado en la gestión municipal, al menos cuando la elección adopta ese carácter. Confundir los tantos es un error y a veces una trampa.
Entonces, el elector que votó a favor de Rodríguez Larreta votó a favor de la continuidad de un proyecto de gestión municipal del espacio urbano que habita (en cualquier momento digo "centro de hidratación permanente") y ese voto es la expresión de la conformidad con las características y orientación de esas prácticas municipales.
En otras palabras, el votante del PRO está de acuerdo y comparte el proyecto municipal del PRO. Se pueden buscar muchas razones y sinrazones, pero nos vamos a tropezar con esa obviedad. Los motivos de la coincidencia son harina de otra bolsa y exceden las intenciones de este post.
Por eso, expresar mediante una mayoría significativa el apoyo a una gestión municipal signada por unos valores manifiestos también indica que el elector que acompaña ese proyecto comparte la mirada que tiene de la ciudad el actual proyecto en danza. Digo esto para comenzar a desmontar esa paparruchada acerca de que "la gente" no sabe lo que vota. Claro que sabe. Y sabe mucho más en una ciudad que está sometida a una sobrecarga simbólica en donde casi todo está dicho en muchos soportes (quizás la sobrecarga sea un buen concepto para analizar ciertas campañas). La apelación a la ignorancia del electorado es una pavada atómica. El elector del PRO sabe donde va el PRO y también cuáles son los métodos del PRO. Y al votarlo los comparte (no podría ser de otra manera). Y comparte, of course, los valores del PRO.
Dicen los ingénuos (algunos quedan) que el votante del PRO no sabe que vota a un proyecto municipal que propone una ciudad para una minoría. Señor, señores, el votante del PRO lo sabe. Y cree (y acá entra la fe y otros aspectos del análisis que quedarán para otro día) que esa minoría lo incluye. Puede o no estar equivocado, pero lo cree y expresa esa fe mediante su voto. El votante del PRO adhiere a esa mirada y al votar a Larreta le dice que está de acuerdo con lo hecho y sostendrá lo que Larreta va a hacer,
El votante del PRO no es un boludo que se morfa las palabras de estudiantina amarilla del bunker del PRO. Lo que el votante del PRO apoya son las acciones taxativas y virulentas que difieren con las palabras que se vierten al final de cada elección. Es éso lo que votante del PRO requiere para la ciudad que habita. Y es éso lo que sostiene con su preferencia.
Lo último, antes de que se caigan de sopor ante tantas palabras: hemos dicho que nadie es culpable de su voto, pero si responsable. El elector del PRO es, entonces, responsable por la gestión de la ciudad que aprueba mediante su voto. No puede mirar para otro lado ni decir que él no fue. Digo ésto para cuando -y reitero- tengan la pretensión de retroceder en chancletas. Porque una gestión que propicia la expulsión de una cantidad importante de ciudadanos, la destrucción de los lazos de contención social y el desmantelamiento de la infraestructura pública termina (y los ejemplos abundan) en una tragedia.