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martes, 9 de febrero de 2016

I HATE THEM

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No te bancaste nuestra alegría. No soportaste que estuviéramos contentos, que bailáramos en las plazas, en las veredas, en las calles. No aguantabas esa sonrisa de oreja a oreja de puro estar vivos viviendo y no sobreviviendo.
No nos hacía falta tanto. No nos hizo falta. Alguito más que dejar atrás la condición de orejón del tarro, ser un poco menos nadies. Recobrar la forma y mirarnos al espejo en clave de esperanza. Con eso nos bastó para festejar hasta la madrugada. Dejamos que el fuego asara la carne y el vino llenara las copas, y hablamos de nuestras historias, borrachos de tiempo.
La vida era suave, sin el apuro del que piensa que su existencia es un error o una carga. Podíamos trabajar, abrazarnos, subir a las montañas, hundir las patas en el mar, por fin con los bordes definidos, sin esa porosidad que tiene el que está exiliado de su propio país.
No queríamos mucho más que éso. apenas éso pero no demasiado. Dejar de pensar que vivir es un privilegio que hay que implorar a los dioses del mercado. Permitirnos la dignidad, que no es esa guevada que eleva la barbilla de los reyes sino el orgullo de ser un otro que es también la patria. como vos y como yo. 
Pero ni eso querías para nosotros.
Porque te daba bronca y asco que tuviéramos la frente alta y no bajáramos la mirada. Porque sentías el odio desparramarse en tu cuerpo cuando esos negros de mierda cantaban el himno sin la solemnidad necesaria.
Nos detestabas mientras danzábamos bajo el aguacero desafiando al diosito tan ubicuo y desodorizado, increpando a la historia que no es un accidente sino eso que amasamos todos los minutos. Te dimos asco porque habíamos reconocido nuestras manos en ese relato anoréxico que Mitre impuso como fábula de un país para pocos.
Pero ¿cómo se atreven?
Y nos deseaste la muerte, la extinción, la destrucción.
Y como los antiguos verdugos estaban guardados bajo siete llaves invocaste a sus cómplices
Y los aplaudiste cada vez que decían que éramos la escoria del país.
Y gritaste con los ojos desorbitados cada vez que nos tildaban de inútiles, choriplaneros, lacras
Y cuando tu venganza se volvió voto apenas contuviste la mueca de revancha detrás de una máscara de civilizada barbarie.
Y cuando los viste bailar en los balcones, tan sin vida, extendiste tus manos al cielo, a ese diosito tan ubicuo y desodorizado, porque por fin vendría el orden natural, ese orden en donde la concha y el pito están donde deben estar y los enfermitos enfermos y los populistas en la picota.
Y por fin todo ese veneno que segundo a segundo mamaste de la pantalla se volvió sustancia, juicio sumario, portación de opresión, palos a los alegres revoltosos.
Y ahora como buen partidario de ese diosito ubicuo y desodorizado estás dispuesto a ejecutar la perpetua letanía religiosa en donde tu sacrificio de hoy será festejo mañana, sin sospechar siquiera que esto es una ordalía y que no sos un protagonista, ni siquiera un invitado. 
Y que tu futuro no le importa a ninguno de los cómplices de los verdugos, que son además verdugos de tu existencia que nunca sospecharás ínfima y fungible.
Nos quisiste aplastados y silenciosos.
Tu alegría es nuestra tristeza.
Porque para vos la mezquina parcela en donde ponés los huevos es la vida.
Para nosotros, para nuestras orejas ansiosas de viento, para nuestras pupilas anhelantes de trascendencia, la vida es una promesa que solo se puede conjugar en libertad.
Por eso seguimos aquí, como antes, como hoy, como mañana. 
Por eso seguiremos aquí, como antes, como hoy, como mañana.

viernes, 20 de noviembre de 2015

EL QUE AVISA NO TRAICIONA

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En la campaña presidencial de 1989 Carlos Saúl I Rey de las Pampas Chatas usaba slogans de corte peronista para convencer: la revolución productiva (que luego la revista Humor calificó con certeza como "revolución productimba") por ejemplo.
Cuando ganó y asumió hizo todo lo contrario a lo que había pregonado. Un poco más adelante, muy suelto de cuerpo, informó que "si hubiera dicho en campaña lo que iba a hacer, no me votaba nadie".
Hoy estamos frente a un escenario distinto. Escenario que nos informa dos cosas: que la derecha se ha vuelto obscenamente explícita y que gran parte de la sociedad está dispuesta a suicidarse incluso conociendo las consecuencias de un pistoletazo en la sien; la muerte misma.
El chiste gráfico de Rudy y Paz grafica con solvencia esta situación.
Carlos Saúl escondió su juego hasta que lo eligieron.
Mauricio que es Macri no hace más que mostrar sus cartas todo el tiempo y a cara descubierta.
Carlos Saúl convirtió al país en un páramo.
Mauricio que es Macri lo quiere convertir de nuevo en un páramo y lo dice sin tapujos.
En el caso del primer gobierno de Carlos Saúl la "gente" podía aducir desconocimiento.
En el caso de Mauricio que es Macri no tiene disponible semejante excusa.
Porque la exposición de los planes de Macri alcanza el grado de XXX.
Ha dicho exactamente lo que quiere hacer: el dispositivo DA DA, Devaluación, Ajuste, Deuda, Apertura. En definitiva, la estrategia que en los noventa nos llevó de cabeza al infierno. Infierno en el que a muchos de los que hoy quieren votar a Mauricio Macri Blanco Villegas se les quemó el culo.
Pero parece que una quemadura de cuarto grado no alcanza para garantizar la memoria.
Parece que las imágenes del caos en el que vivimos durante la agonía final en diciembre de 2001 no han dejado huellas en el ánimo de los que hoy quieren votar a Macri. Insisto: no pueden decir que no conocen a Macri, no pueden invocar la ignorancia como excusa. Lo votan con los ojos abiertos.
Para justificar su voto usan argumentos que suenan muy civilizados, republicanos, incluso lindantes con las máximas de la Revolución Francesa (que no por nada fue una revolución burguesa): Libertad, Igualdad y Fraternidad. Pero de eso no hay nada. Porque los hemos visto pidiendo venganza a los gritos, enarbolando carteles que chorreaban sangre, porque los hemos escuchado solicitando lisa y llanamente la expulsión de Cristina Fernández de Kirchner, incluso anhelando su muerte, porque los hemos sufrido vomitando toneladas de odio en los foros en donde podían desnudar los colmillos, etc. No los desvelan los valores democráticos, apenas les sirven de excusa.
Tampoco la economía es un motivo porque la mayor parte de esa masa vociferante que exige la restitución del orden conservador se ha beneficiado con creces en la última década. El famoso "-A vos no te va tan mal gordito" les corresponde por derecho.
¿Entonces?
Resumo groseramente: en el fondo los moviliza el odio. Es nada más ni nada menos que odio. Odio militante, grotesco y repulsivo. El famoso "resentimiento" que suelen adjudicarle a las "clases inferiores" que tienen metido en los huesos. Odio a los negros de mierda, a los zurdos, a los putos, a las tortas, a las viejas de mierda de Plaza de Mayo (Marcos Aguinis es un ejemplo de ese odio): en fin, odio a todos aquellos que no son gente como uno. Luego se maquillan y andan por ahí oliendo a perfume francés, pero es odio.
Odio que también es una admisión de culpa. Odian porque se saben monstruos, incitadores de monstruos, promotores de monstruos. Odian. Han velado los espejos para que la superficie bruñida no les devuelva su propia monstruosidad. Odian y recubren la crueldad de sus actos detrás de apelaciones republicanas.
El que vota a Macri más de una vez en el día dice "-Negros de mierda" y muchas veces ha pedido que los maten a todos. Algunos por corrección política no lo manifiestan, pero piensan que con los militares estábamos mejor. 
Son un país jardín de infantes, la República de Trapalanda que postulara Marco Denevi. Tienen miedo de la libertad, temen perder los privilegios que tienen a costa del resto de la sociedad. Les chupa uno y la mitad del otro el destino de los demás. Para ellos la patria no es el otro, ni siquiera ellos, sino un lugar tenebroso en donde la Matrix absorbe energía de los humanos. Ellos aman el espejismo. Ni siquiera están dispuestos a que les muestren la existencia de una pastilla roja y otra azul
Por eso cuando les auguran sufrimiento no se mosquean, porque su monstruosidad desea esa destrucción, porque quisieran extinguir a esos tipos que vienen a cuestionar su existencia, a Morfeo que viene a decirles que sus paraísos son al menos artificiales. Optan por la pastilla azul.
Odio. Eso destilan sus palabras y acciones.
Y también el voto con el que planean vengarse.
Hoy no puedo dejar de pensar en esta canción. Juro que no puedo.

domingo, 2 de agosto de 2015

LA VENGANZA

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Hace no mucho tiempo, un par de años ponele, un señor -industrial naviero el- en una de esas celebraciones de fin de año que lo juntan a uno con tipos con los que no se comería un asado, me dijo: "-Es que los negros ahora tienen derechos y no los quieren largar". Este comentario fue la culminación de una serie de barbaridades expelidas por la buena gente decente presente que se cagaba en los negros de mierda mientras engullía champán y salmón ahumado. Y no es que estos dos últimos manjares me molesten, conste.
Horrorizados ante el avance del aluvión zoológico desgranaron en más o menos media hora toda la batería de prejuicios políticos, económicos y raciales de rigor, aunque estos últimos pueden muy bien resumir los dos primeros.
No pidieron matarlos lisa y llanamente porque se sabe de mi zurdéz empedernida y no quedaba bien empañar la celebración de paz y amor y todas esas fantochadas con las que las buenas y bellas almas se perdonan a sí mismas prestas a seguir pisando cabezas sin que se les corra el moñito del smoking.
Además, mi mal humor en estos casos es previsible y, digamoslón de una vez, cierto tamaño que natura non presta, me transforma en alguien al que una persona sensata no haría enojar.
Me acordé de esta situación hace un par de semanas cuando abandoné uno de esos grupos de guasáp en donde a uno lo invitan para compartir ciertas afinidades. Debo aclarar que en general no soy un tipo muy popular al que todos solicitan para animar sus conversaciones vía fonófono. Asi que consideremos ese grupo como uno de los tres en los que estoy involucrado. Dos, ahora.
¿El motivo del abandono? Otra sarta de barbaridades de la misma naturaleza de aquellas que escuché en esa fiesta de nochebuena, proferidas en torno a un robo o algo parecido. El nivel de agresión de mandíbulas sangrientas desparramándose en cada palabra me llevó a desistir de compartir un círculo tan ameno y tolerante.
En las dos anécdotas citadas me sorprendió y apabulló el odio. Y su consecuencia inmediata: el deseo de venganza. De esto se ha hablado mucho, largo y bien, pero bueno, tengo que repetir medio de queruza: el huevo de la serpiente no es una excepción, no hay monstruos inesperados como Godzilla que aparecen de la profundidad del mar alterando la normalidad. No, hay gente común, decente, que dícese de sí misma "laburante" que incluso tiene hasta cierta sensibilidad, en cuyo interior no tan adentro contiene todo ese odio y está dispuesto a dejarlo circular a la primera oportunidad que tenga. Claro, oportunidad educadita, porque no es cuestión de andar perdiendo las formas.
Por eso, cuando el anonimato, o pseudo-anonimato tecnológico lo permite, lanzan vía red todo el ectoplasma junto.
¿Por qué tienen todo ese veneno adentro? Los motivos son muchos, varios y largos de enumerar. Y no es el objetivo de este post.
El objetivo es, si alguno tiene, resaltar ese volumen de odio anidando en el pecho de personas tan urbanas. Quizás digo esto a modo de advertencia a mi mismo. Para seguir rumiando las palabras de Rodolfo Walsh cuando señaló que no había que dejarse conmover por las bellas almas de los verdugos. Ni por sus cantos de sirena.

jueves, 8 de agosto de 2013

EL ODIO TUERTO

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Hace algunos números la revista noticias publicó una nota de Beatriz Sarlo sobreel odio. De esa nota me voy a ocupar. Antes de comenzar debo decir que tiempo atrás leía con bastante gusto a Sarlo porque me parecía una pensadora lúcida y punzante. Cosas ambas que han desaparecido de su prosa.
Decía, provisto con alguna esperanza me interné en la lectura de la nota mencionada. Al fin y al cabo era Beatriz Sarlo ¿cuán malo podía ser un artículo suyo? Digamos, no acuerdo con sus actuales opiniones pero siempre intentó fundar sus apreciaciones sobre un sólido andamiaje teórico.
Bueno, al repasar el texto descubrí que eso también había desaparecido,
El título de la nota indica que estamos frente a un ensayo. Yo creo que es una calificación exagerada. Aunque el ensayo como género no requiere la rigurosidad de una investigación científica, la hipótesis que defiende debe ser argumentada con solvencia. No es éste el caso.
En principio no hay ninguna definición de “odio”. Y eso no es moco de pavo dado que no contamos con la referencia básica para saber en qué términos hablamos. Esa es una trampa o un error, porque le otorga demasiada amplitud al concepto sin precisar sus contornos.
La única referencia que contiene el texto es una vaga alusión al odio como consecuencia de la confrontación política. Tampoco es inocente este recurso. Al disipar los límites del concepto la autora apela al atavismo del lector, a un imaginario construido con anterioridad y que, como habrán sospechado, asume la forma de prejuicio. Se da por sentado un hecho que es una petición de principio. No hay ningún argumento con el que polemizar porque la discusión fue cerrada por Sarlo antes de comenzar.
Digamos, no está demostrando mediante un razonamiento conceptual riguroso. Lo que ha hecho es recubrir su opinión con un supuesto análisis que no es tal, presuponiendo unanimidad en torno a lo que ella considera como odio.
Procedimiento que repite para presentarnos un nuevo hallazgo: esta época ha exacerbado el odio. Pero no todos en esta época lo han hecho. Solo los que encarnan los males que Betty considera insoslayables. Otra vez, fundamentación cero. Bien gracias.
Sigamos.
Sin haber definido parámetro alguno Sarlo indica a continuación que el odio se ha impuesto al diálogo, cosa que “algunos advierten” (¿quiénes, dónde, cómo, porqué?). Deriva esta nueva hipótesis de la nunca explicitada caracterización del odio. La polisemia es aquí utilizada para reforzar los prejuicios del lector, al que se le guiña el ojo en actitud de “Ud. Y yo sabemos de qué se trata”. No hay argumentos que conecten ambos puntos. Apenas una descripción poco minuciosa, tan general que puede servir para muchos escenarios, todos ellos, disímiles.
Y aquí viene el problema mayor:
Sarlo inclina la balanza sobre el origen de ese odio que no se molestó en definir, estableciendo que proviene de las características del gobierno actual. Lo que resta del artículo es una muy mala incursión en las herramientas lingüísticas (herramientas que Sarlo maneja, no me cabe duda) para analizar evidencias que no son tales dado que no se establece en el hilo argumental cuál es la relevancia que poseen a la hora de explicar el odio como producto de las acciones del gobierno. Esa relación no se esclarece porque de esa forma queda abierta a la libre interpretación del lector o lo que es lo mismo, a sus prejuicios al respecto.
Evidencias débiles, pobreza argumental y más que nada, un análisis que busca forzar una conclusión son las dolencias de esta nota.
Pero este asunto quedaría con una sola pata si yo no tuviera una memoria molesta y jodida.
Hace varios años, cinco o seis, ponele, asistí a un ciclo de charlas y conferencias sobre Juan José Saer que tuvieron lugar en el Malba. En una de esas conferencias estaba presente Beatriz Sarlo.
La ponencia que presentó en torno a la figura del escritor indicaba que no era lícito forzar los textos de Saer para hacerles decir lo que el investigador quería que dijeran, que no se podían extraer conclusiones inapelables de evidencias demasiado parciales. Que muchas veces Saer había sido mal leído y peor comentado porque los autores de esos abordajes estaban contaminados con los prejuicios de la subjetividad. Entonces Saer era cualquier cosa menos Saer. Era lo que sus exégetas querían que Saer fuese, pero Saer se les escapaba por todos lados.
Algo así.
No pude menos que pensar en aquella conferencia y la postura que defendió Sarlo (que comparto, pensando también en Susan Sontag y los límites de la interpretación) y este pobre texto sobre el odio.
No interesa a los fines de este post, indicar que no suscribo las opiniones de Sarlo. Bien puedo no hacerlo y a la misma vez reconocer un ensayo bien escrito, argumentado, sólido con el que puedo disentir en el campo de las ideas y con el que puedo confrontar en ese mismo campo. En esta oportunidad no hay nada con lo que uno pueda discutir dado que ya se ha cerrado el análisis sin análisis.
Este ensayo comparte la misma condición de debilidad, por ejemplo, que el fallido “Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano” o los artículos de Rolando Hanglin en La Nación. Y Sarlo tiene mejores armas que los autores mencionados.
Pero ha decidido no usarlas.
Hablando de abandonar el diálogo.
Para concluir:
1.-Con los prejuicios no se puede discutir, porque son un juicio acerca del mundo inapelable en tanto que no poseen fundamentación más allá de la petición de principio que entrañan. Un prejuicio ya ha decidido que el mundo es así, es una foto que intenta inmovilizar un proceso. Este artículo de Sarlo opera desde el prejuicio.
2.-No comprendo, o al menos no entiendo, cómo aquella Sarlo de la conferencia sobre Saer puede ser la misma que la Sarlo de este endeble artículo sobre el odio, mejor, sobre lo que Sarlo considera es el odio. No puedo, que querés que te diga.
...
Nota:
El texto completo del artículo lo leí de ojito en la revista de un compañero de laburo que sospecharán lo que opina de mis opiniones. No pude encontrar un link con la nota completa on line. Si lo consiguen me lo pasan, please.

lunes, 17 de junio de 2013

ARAR EN TIERRA SECA

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Desazón. Esa sería la palabra para resumir el asunto. Desazón porque poco es lo que como sociedad hemos aprendido, porque poco es lo que como sociedad hemos mejorado, porque poco es lo que como sociedad nos hemos alejado de los monstruos que comen gente.
Poco, tan poco que parece nada.
Nadita.
Apenas rascamos la pintura aparece la bosta de siempre: es negro, es pobre, es peronista, es zurdo, es puto, es torta, es hippie, es drogón, y una interminable colección de adjetivos descalificativos que se usan para que el otro sea cada vez menos, un otro. Apenas le pasás la uña a la pátina finita que recubre la piel civilizada aparecen taras que resisten cualquier lavandina, que no se han ido sino que aguardan como larvas los buenos tiempos en que las gentes salgan a las calles a odiar y pedir a los asesinos que asesinen, aún cuando crean estar pidiendo otra cosa. Aún cuando por ceguera natural o inducida supongan lo contrario, aún cuando piensen que si el que mata por uno es otro, uno no tiene nada que ver, aún cuando crean que su alarido de venganza es justicia.
Nadita.
Nadita.
Triste es comprobar que una porción nada despreciable de la sociedad se ha intitulado decente, y ha decidido que el resto que no comparte sus inquietudes ni objetivos, es indecente por definición, cuando no bobos, ingénuos o venales porque sus ideas provienen del otorgamiento de una sarta de supuestos privilegios. En esa decisión también pretenden reclamar para sí la razón fundada en una inteligencia preclara que no debe discutirse porque es infalible y si no te das cuenta ("pensemos argentinos") es porque estás más abajo en la escala evolutiva ("en este país votan todos, carajo") o porque tenés una "ideología" que te ciega (ideología que niegan tener los decentes, aún cuando sostener de uno mismo cualquier condición es, ay mamita querida, una operación ideológica)
Espanto al verificar in situ que cualquier respuesta a esas objeciones es sospechosa de complicidad con esto o aquello ("eso lo decís porque tenés un plan, un puesto en el estado, etc."). No es admisible que quien se oponga a los "decentes" lo haga con conocimiento de causa o, válgame Tutatis, argumentos. Quien tenga alguna objeción mejor que guarde silencio, que no diga esta boca es mía porque es un resentido que tiene el odio a flor de piel y que es parte de aquella vereda en donde están los que han dividido al país (como si hiciera falta, o mejor, como si fuera posible una comunidad unánime de intereses que sería en definitiva un sueño hittleriano más allá de dos militantes controlando precios) y merece morir, irrecuperable, zurdo, puto, peroncho, comunista, mierda ¿cómo se atreve?
Nadita.
Tristeza cuando corroboramos que, lo que les molesta es que el otro tenga una voz, un rostro, unas manos. Que tenga hijos y coma todos los días. No se lo perdonan. Dice que no es así, y te zampan en la cara su "escala de valores" pero es un engañapichanga, no creen en ella y ni en pedo piensan ser solidarios con un sucio comunista que estaría mejor muerto y ¡puta que lo parió a Videla que no los mató a todos!.¡Dónde están los milicos cuando hacen falta!
Y no es que definamos este lugar con la metáfora de Nino Bravo sobre el edén y dios. Por varias cosas. Por muchas cosas, omisiones, errores y acciones, que conllevan el infierno en sus entrañas. Si hay alguien que sepa lo que es el averno somos nosotros que tantas veces salimos desnudos a la calle a mostrar nuestras carnes castigadas, mientras la "decencia" en masa y por unanimidad reclamaba palos, gases y acciones ejemplificadoras, que se han creído, zurdos, peronchos, putos, comunistas, mierdas.
Desde esa tierra arrasada, desde ese desierto candente en donde no crece ni una sola mano que ayude, desde ese salitre impiadoso en el que hemos caminado buscando la salida, tratando de no ser los anónimos sufridores para convertirnos al menos, cuanti menos, en sujetos.
Desde ahí, desde donde se ve crecer el odio que está pronto a pedir nuestra extinción.
Verlo retoñar, verlo alzar sus hojas mientras aumenta nuestra desazón.
Saber que aramos en tierra seca.
Y que poco hemos logrado. Tan poco que parece nada.
Nadita.
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viernes, 14 de septiembre de 2012

EL ODIO III: El Teatro del Miedo

Escena 1
Esta mañana me contaron lo que sigue: alguien que acostumbra subir post en Facebook apoyando al gobierno nacional recibió el siguiente comentario de una conocida:
"-Dejá de subir esas cosas porque te van a linchar".
"-.¿Qué?", "¿-.Quién me va a linchar?", contestó la aludida.
"-.Yo te lo digo para preservarte porque la cosa está muy densa" volvió a insistir la cuestionadora, que debe ser una amante de la pax romana.
Escena 2:
Servicio diesel del Roca, 10:15 de la mañana. Un hombre entrajado conversaba con otro hombre vestido de elegante sport. El tren estaba repleto. Justo antes de llegar a Temperley, los dos señores que hablaban animadamente miraron con desprecio a una familia compuesta por padre, madre y tres niños que se aproximó a la puerta para bajar. Uno de ellos le dijo al otro: "-Ya se les va a acabar la fiesta a estos negros de mierda", frase que escucharon casi todos los pasajeros del vagón, y por supuesto, la familia en cuestión. Luego de lo expresado a viva voz, los dos lanzaron una sonora carcajada, perversa por supuesto.
Escena 3:
Camino por la vereda en dirección a la estación de trenes. En una esquina hay dos mujeres hablando: una de ellas es joven y la otra anciana. La mayor le contaba a la joven acerca de su participación en el cacerolazo de anoche. "-Si, estuvimos en Plaza de Mayo. Todo muy ordenado, nada de choripán y coca, ni caras tapadas ni palos. Menos mal que no aparecieron esos salvajes de La Cámpora para provocar a la gente que estaba ahí. Esos caraduras, violentos, alguna vez les va a tocar a ellos, ya vas a ver..."
Epílogo:
Los que estaban cacerola en mano rodilla en tierra la noche de anoche dicen que están cansados de la confrontación y que buscan el consenso, una cultura del encuentro en palabras de su asesor espiritual Jorgito Bergoglio. Extraña búsqueda de la paz social la que podemos deducir de las palabras citadas. Una curiosa forma de no confrontación que implica eliminar una parte nada despreciable de la sociedad, lo que implica apagar una de tantas campanas. Y así, claro, cualquier consenso es el equivalente a la paz de los cementerios.

jueves, 13 de septiembre de 2012

EL ODIO II

Hoy tenía que procesar los datos de la encuestita funambulesca que engalana nuestro día a día para toda la amable teleplatea, pero creo necesario retomar el tema sobre el que hablamos hace algunos post. En rigor de verdad, hable yo, con la esperanza de que alguien leyera lo escrito.
Entonces mejor decir, volveré a hablar del odio.
Había dicho antes que existía una diferencia fundamental entre los que promueven la marcha del día de hoy y nosotros, los que no vamos a ir: el odio.
Odio puro y duro, que ahora se expresa en una marcha con tintes reaccionarios, xenófobos, racistas y sumamente violentos. Odio que antes auspiciaba y consentía el asesinato y desaparición de personas (y no hablo sólo en la dictadura del ´76, me refiero a todas las veces en que toleraron y prohijaron el asesinato como forma de sostener sus privilegios de clase).
Ese odio no nos habita. No los vamos a mandar a matar porque crean que Videla es un prócer y Grondona un intelectual de fuste. Nadie va a prohibirles marchar, publicar sus opiniones, montar fotos insidiosas, manifestar que odian a los negros, a los peruanos, a los bolivianos, a los putos y a los zurdos, no necesariamente en ese orden. Podrán gritar a los cuatro vientos que los pobres les dan asco e incluso, sostener que deben ser exterminados.
Para que Uds. digan esas cosas sin que les cueste la vida la sangre que corrió fue la nuestra. Los que Uds. defienden asesinaron a los que hicieron posible esta posibilidad que aprovechan para volver a pedir venganza, muerte y exterminio.
¿Qué contrasentido no?
Y Uds. nos dicen a nosotros que estamos cargados de odio. Mira vos.
Repito aquello que fue dicho la semana pasada: marchen, protesten, háganse oir. Nosotros como siempre velaremos para que ese derecho nunca sea puesto en duda.
Aunque todavía, de nuevo, quieran matarnos y hacernos desaparecer.

viernes, 7 de septiembre de 2012

EL ODIO

Se volvió un dogma, de la mano de la prensa seria y aplicada, enarbolar como una bofetada las palabras revancha, resentimiento, venganza, para hablar de los que se encuentran enfrentados a sus intereses. Lo escuchamos una y otra vez en boca de periodistas, legisladores, empresarios, opinadores, vedettes, animadores, figurantes y extras.
Presuponen, por algún tipo de operación discursiva maniquea, que cualquier movimiento por tímido que sea en favor de los que siempre han salido perdiendo en la historia argentina es fruto de lo anterior: entonces son resentidos, buscan revancha, quieren venganza. En definitiva, nos envidian porque tenemos lo que tenemos o porque queremos tenerlo. Nos envidian porque somos gente decente que se forjó un futuro a puro trabajo honrado. Nos envidian por tantas cosas. Por eso nos persiguen.
Y al conjeturar lo anterior marcan una línea y construyen dos bandos: el malo (ellos) y el bueno (nosotros). En un lado están todas las virtudes y en el otro la maldad, los defectos, las taras y todo cuanto a uno se le ocurra pueda caber en el mundo de los malos.
La primera consecuencia es la elaboración de un mito. Un peligroso mito que coloca la culpa en el bando contrario sin asumir ninguna responsabilidad por el estado de cosas. Y la segunda consecuencia, tan peligrosa como la primera, es que al delimitar el campo cavan una trinchera, tirando abajo los puentes y la posibilidad de construirlos.
El otro tiene que ser destruido, aniquilado, destrozado porque es la encarnación de todos los males. No hay diálogo posible, no hay negociación ni entendimiento. La única relación entre las dos mitades es la lucha abierta en la que matamos o morimos.
Más o menos por ahí circula la propuesta de marcha nacional de no se qué que convocan por vías diferentes muchas personas para el jueves 13 de septiembre. Lo que hay detrás de todo el montaje es odio. Casi a cara descubierta, aunque guardando algunas formas (porque ante todo la buena educación, eso sí).
Ni que decir que, según los esquemas básicos de los convocantes yo y varios estamos en el bando de los resentidos, que se mueven por revancha, venganza y resentimiento. Ah, además por envidia.
Tengo algo que decirle a los convocantes y a los adherentes de esta marcha: tendré que hablar por mi, qué le vamos a hacer. A lo largo de toda mi vida de lucha, con mayor o menor intensidad, no he pedido ni he buscado venganza. Lo que he pedido es nada más ni nada menos que justicia. Tampoco busco revancha. Tratar de construir una sociedad un poco más justa no es buscar revancha, al menos que yo sepa. Y no guardo resentimiento contra "el otro bando". Si me enojé y todavía me enojo con la ceguera, el egoismo y la indiferencia que manifiestan con sus acciones (en general con cualquiera que profese estos valores). Pero no es resentimiento. Creer que toda una clase o varias tiene que bajar el marote y encarar una fuerte autocrítica no me transforma en resentido.
Disgresión al margen: soy un tipo prejuicioso, lo que no es bueno. Desconfío por principio de los que tienen el chupetín por el palito y eso hace que me pierda conocer a buenas personas. Debo confesar ésto antes de seguir para mostrar la hilacha, hablando de autocrítica.
Y ahora hablo por muchos (no por todos porque nadie puede hablar por todos como tampoco decir jamás o nunca): los que yo conozco que son multitud tampoco piden venganza, no se mueven por resentimiento ni por revancha. Buscan justicia. Con empecinamiento y sin pausa. Pero justicia.
No parece ser éso lo que están tratando de encontrar los que marchan el día jueves.
Nunca pedimos ojo por ojo. Teniéndolos a mano nadie mató a ningún genocida. Incluso cuando quedaron libres de culpa y cargo se siguió pidiendo justicia hasta que la hubo. Tampoco conozco a nadie que haya entrado en Techint por ejemplo, o Ledesma o el estudio de Guillermo Walter Klein a reclamar lo que esas empresas se robaron a mano armada. Se pidió y se sigue pidiendo justicia.
Y aquí sí hay que marcar una línea: esa búsqueda de justicia nos diferencia. En esto, debo decir, somos distintos. Aún cuando algún desorientado se prenda en el malón y quiera romperle la ñata a los marchadores.
Éste que escribe lo anterior no lo haría. Pero sí derramaría sangre para que pudieran marchar y expresarse con toda libertad.
Sé también que muchos como yo harían lo mismo.
Por eso, marchen tranquilos, como siempre estamos velando por Uds. a pesar de que les de asco nuestra propia existencia.