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martes, 9 de febrero de 2016

I HATE THEM

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No te bancaste nuestra alegría. No soportaste que estuviéramos contentos, que bailáramos en las plazas, en las veredas, en las calles. No aguantabas esa sonrisa de oreja a oreja de puro estar vivos viviendo y no sobreviviendo.
No nos hacía falta tanto. No nos hizo falta. Alguito más que dejar atrás la condición de orejón del tarro, ser un poco menos nadies. Recobrar la forma y mirarnos al espejo en clave de esperanza. Con eso nos bastó para festejar hasta la madrugada. Dejamos que el fuego asara la carne y el vino llenara las copas, y hablamos de nuestras historias, borrachos de tiempo.
La vida era suave, sin el apuro del que piensa que su existencia es un error o una carga. Podíamos trabajar, abrazarnos, subir a las montañas, hundir las patas en el mar, por fin con los bordes definidos, sin esa porosidad que tiene el que está exiliado de su propio país.
No queríamos mucho más que éso. apenas éso pero no demasiado. Dejar de pensar que vivir es un privilegio que hay que implorar a los dioses del mercado. Permitirnos la dignidad, que no es esa guevada que eleva la barbilla de los reyes sino el orgullo de ser un otro que es también la patria. como vos y como yo. 
Pero ni eso querías para nosotros.
Porque te daba bronca y asco que tuviéramos la frente alta y no bajáramos la mirada. Porque sentías el odio desparramarse en tu cuerpo cuando esos negros de mierda cantaban el himno sin la solemnidad necesaria.
Nos detestabas mientras danzábamos bajo el aguacero desafiando al diosito tan ubicuo y desodorizado, increpando a la historia que no es un accidente sino eso que amasamos todos los minutos. Te dimos asco porque habíamos reconocido nuestras manos en ese relato anoréxico que Mitre impuso como fábula de un país para pocos.
Pero ¿cómo se atreven?
Y nos deseaste la muerte, la extinción, la destrucción.
Y como los antiguos verdugos estaban guardados bajo siete llaves invocaste a sus cómplices
Y los aplaudiste cada vez que decían que éramos la escoria del país.
Y gritaste con los ojos desorbitados cada vez que nos tildaban de inútiles, choriplaneros, lacras
Y cuando tu venganza se volvió voto apenas contuviste la mueca de revancha detrás de una máscara de civilizada barbarie.
Y cuando los viste bailar en los balcones, tan sin vida, extendiste tus manos al cielo, a ese diosito tan ubicuo y desodorizado, porque por fin vendría el orden natural, ese orden en donde la concha y el pito están donde deben estar y los enfermitos enfermos y los populistas en la picota.
Y por fin todo ese veneno que segundo a segundo mamaste de la pantalla se volvió sustancia, juicio sumario, portación de opresión, palos a los alegres revoltosos.
Y ahora como buen partidario de ese diosito ubicuo y desodorizado estás dispuesto a ejecutar la perpetua letanía religiosa en donde tu sacrificio de hoy será festejo mañana, sin sospechar siquiera que esto es una ordalía y que no sos un protagonista, ni siquiera un invitado. 
Y que tu futuro no le importa a ninguno de los cómplices de los verdugos, que son además verdugos de tu existencia que nunca sospecharás ínfima y fungible.
Nos quisiste aplastados y silenciosos.
Tu alegría es nuestra tristeza.
Porque para vos la mezquina parcela en donde ponés los huevos es la vida.
Para nosotros, para nuestras orejas ansiosas de viento, para nuestras pupilas anhelantes de trascendencia, la vida es una promesa que solo se puede conjugar en libertad.
Por eso seguimos aquí, como antes, como hoy, como mañana. 
Por eso seguiremos aquí, como antes, como hoy, como mañana.

jueves, 26 de noviembre de 2015

LA LIBERTADORA

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Hoy, precisamente hoy, comprendo un poco más (solo un poco más) al pueblo peronista que fue proscripto durante 18 años. Me imagino la angustia y el pavor de todos esos laburantes que por obra y gracia de un golpe de estado se quedaban sin protección, sin amparo. Y mucho peor, se convertían en el blanco móvil y débil con el que los salvadores del país, sus cómplices y las clases bien pensantes que festejaban la existencia del cáncer se ensañaban.
Toda la perversión provocada por el resentimiento que habían acumulado durante los dos primeros gobiernos peronistas debido al acceso del pobrerío a los bienes que estaban reservados para una clase social y sus acólitos bobos, se descargó de golpe sobre la espalda de los orejones del tarro. Estigmatizados, perseguidos, asesinados, vejados, lo que a vos se te ocurra. 
Pero esa venganza dejó huellas profundas en el tejido social. Esa revancha provocó la resistencia peronista y luego, al calor de dictaduras cada vez más crueles que profundizaban los objetivos de la revolución libertadora, se volvió resistencia armada y por fin, ejércitos populares, guerrillas urbanas y rurales, etc.
Hoy, cuando todavía no han asumido su mandato, el PRO y sus cómplices (iba a decir UCR pero es un sello vacío) piden a los gritos lo mismo que exigieron sus ancestros en 1955: venganza. Esa venganza que se salía de madre cuando iban a marchar a una plaza con la excusa de la república. Se les cae la baba, con los ojos inyectados en sangre y piden la cabeza de este o aquel, lanzan pullas en las redes sociales con una impunidad sorprendente, muestran lo que intentaron esconder por tanto tiempo: quiénes son de verdad, no esos monumentos a la nada perfumados por dior, sino monstruos ávidos de revancha que podrían asesinar con sus manos a los negros de mierda (¿recuerdan la película Hostel? si tienen estómago véanla, hay ahí una metáfora digna de tenerse en cuenta).
Ensoberbecidos por el triunfo de su líder, reclaman dejar la tierra limpia de KKs, borrar la memoria maldita que los cuestionó durante doce años en donde no pudieron hablar solos, en donde se puso en duda cada cosa que decían, en donde los bajamos de los pedestales para que dieran cuenta de sus actos. Aún antes de tener nada en su poder. Ya planean una gestapo amarilla y ellos se ofrecen como camisas multicolores.
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No aprendieron nada de la historia. Ni un poco.
Esa venganza que piden y se huele en el gabinete clasista de Mauricio Macri provocará la reacción contraria. La provocación permanente, poner en puestos clave a personajes que causan una irritación infinita no saldrá gratis. Poner un revólver en la cabeza de los que no votaron a Macri (y los que lo votaron que sufrirán igual que el resto) no es un movimiento que pueda pasar así como así, sin consecuencias.
Deberían saberlo. Pero no lo saben o si lo saben, confían demasiado en sus propias fuerzas como para temer una respuesta. Ese juego es peligroso. La grieta que ellos mismos fundaron simbólicamente ahora es un zanjón del tamaño del Canal de Beagle. Ahora es real y palpable y los amarillos quieren perseguir a los que cuestionaron su infalibilidad.
Uno espera (en vano, creo) que algún asesor político de verdad, no Marcos Peña, les diga que hacer lo que están haciendo es casi un suicidio. Por el bien de todos, que alguien en el PRO despierte y los calme, les ponga un collar y los mande a dormir a la cucha. Porque, insisto, por este camino las cosas se ponen espesas.
Y anotá ésto: no hay fuerzas de seguridad suficientes para domar a un pueblo embravecido que deja de ser "gente" o "vecino". Este argumento puede parecer un pedo en un canasto, pero no lo es. Nosotros estábamos en la calle mucho antes que la multitud de los paraguas, sabemos cómo se hace, tenemos el cuero mucho pero mucho más duro, ya hemos estado ahí. No nos subestimen. No nos provoquen.

domingo, 2 de agosto de 2015

LA VENGANZA

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Hace no mucho tiempo, un par de años ponele, un señor -industrial naviero el- en una de esas celebraciones de fin de año que lo juntan a uno con tipos con los que no se comería un asado, me dijo: "-Es que los negros ahora tienen derechos y no los quieren largar". Este comentario fue la culminación de una serie de barbaridades expelidas por la buena gente decente presente que se cagaba en los negros de mierda mientras engullía champán y salmón ahumado. Y no es que estos dos últimos manjares me molesten, conste.
Horrorizados ante el avance del aluvión zoológico desgranaron en más o menos media hora toda la batería de prejuicios políticos, económicos y raciales de rigor, aunque estos últimos pueden muy bien resumir los dos primeros.
No pidieron matarlos lisa y llanamente porque se sabe de mi zurdéz empedernida y no quedaba bien empañar la celebración de paz y amor y todas esas fantochadas con las que las buenas y bellas almas se perdonan a sí mismas prestas a seguir pisando cabezas sin que se les corra el moñito del smoking.
Además, mi mal humor en estos casos es previsible y, digamoslón de una vez, cierto tamaño que natura non presta, me transforma en alguien al que una persona sensata no haría enojar.
Me acordé de esta situación hace un par de semanas cuando abandoné uno de esos grupos de guasáp en donde a uno lo invitan para compartir ciertas afinidades. Debo aclarar que en general no soy un tipo muy popular al que todos solicitan para animar sus conversaciones vía fonófono. Asi que consideremos ese grupo como uno de los tres en los que estoy involucrado. Dos, ahora.
¿El motivo del abandono? Otra sarta de barbaridades de la misma naturaleza de aquellas que escuché en esa fiesta de nochebuena, proferidas en torno a un robo o algo parecido. El nivel de agresión de mandíbulas sangrientas desparramándose en cada palabra me llevó a desistir de compartir un círculo tan ameno y tolerante.
En las dos anécdotas citadas me sorprendió y apabulló el odio. Y su consecuencia inmediata: el deseo de venganza. De esto se ha hablado mucho, largo y bien, pero bueno, tengo que repetir medio de queruza: el huevo de la serpiente no es una excepción, no hay monstruos inesperados como Godzilla que aparecen de la profundidad del mar alterando la normalidad. No, hay gente común, decente, que dícese de sí misma "laburante" que incluso tiene hasta cierta sensibilidad, en cuyo interior no tan adentro contiene todo ese odio y está dispuesto a dejarlo circular a la primera oportunidad que tenga. Claro, oportunidad educadita, porque no es cuestión de andar perdiendo las formas.
Por eso, cuando el anonimato, o pseudo-anonimato tecnológico lo permite, lanzan vía red todo el ectoplasma junto.
¿Por qué tienen todo ese veneno adentro? Los motivos son muchos, varios y largos de enumerar. Y no es el objetivo de este post.
El objetivo es, si alguno tiene, resaltar ese volumen de odio anidando en el pecho de personas tan urbanas. Quizás digo esto a modo de advertencia a mi mismo. Para seguir rumiando las palabras de Rodolfo Walsh cuando señaló que no había que dejarse conmover por las bellas almas de los verdugos. Ni por sus cantos de sirena.

viernes, 7 de septiembre de 2012

EL ODIO

Se volvió un dogma, de la mano de la prensa seria y aplicada, enarbolar como una bofetada las palabras revancha, resentimiento, venganza, para hablar de los que se encuentran enfrentados a sus intereses. Lo escuchamos una y otra vez en boca de periodistas, legisladores, empresarios, opinadores, vedettes, animadores, figurantes y extras.
Presuponen, por algún tipo de operación discursiva maniquea, que cualquier movimiento por tímido que sea en favor de los que siempre han salido perdiendo en la historia argentina es fruto de lo anterior: entonces son resentidos, buscan revancha, quieren venganza. En definitiva, nos envidian porque tenemos lo que tenemos o porque queremos tenerlo. Nos envidian porque somos gente decente que se forjó un futuro a puro trabajo honrado. Nos envidian por tantas cosas. Por eso nos persiguen.
Y al conjeturar lo anterior marcan una línea y construyen dos bandos: el malo (ellos) y el bueno (nosotros). En un lado están todas las virtudes y en el otro la maldad, los defectos, las taras y todo cuanto a uno se le ocurra pueda caber en el mundo de los malos.
La primera consecuencia es la elaboración de un mito. Un peligroso mito que coloca la culpa en el bando contrario sin asumir ninguna responsabilidad por el estado de cosas. Y la segunda consecuencia, tan peligrosa como la primera, es que al delimitar el campo cavan una trinchera, tirando abajo los puentes y la posibilidad de construirlos.
El otro tiene que ser destruido, aniquilado, destrozado porque es la encarnación de todos los males. No hay diálogo posible, no hay negociación ni entendimiento. La única relación entre las dos mitades es la lucha abierta en la que matamos o morimos.
Más o menos por ahí circula la propuesta de marcha nacional de no se qué que convocan por vías diferentes muchas personas para el jueves 13 de septiembre. Lo que hay detrás de todo el montaje es odio. Casi a cara descubierta, aunque guardando algunas formas (porque ante todo la buena educación, eso sí).
Ni que decir que, según los esquemas básicos de los convocantes yo y varios estamos en el bando de los resentidos, que se mueven por revancha, venganza y resentimiento. Ah, además por envidia.
Tengo algo que decirle a los convocantes y a los adherentes de esta marcha: tendré que hablar por mi, qué le vamos a hacer. A lo largo de toda mi vida de lucha, con mayor o menor intensidad, no he pedido ni he buscado venganza. Lo que he pedido es nada más ni nada menos que justicia. Tampoco busco revancha. Tratar de construir una sociedad un poco más justa no es buscar revancha, al menos que yo sepa. Y no guardo resentimiento contra "el otro bando". Si me enojé y todavía me enojo con la ceguera, el egoismo y la indiferencia que manifiestan con sus acciones (en general con cualquiera que profese estos valores). Pero no es resentimiento. Creer que toda una clase o varias tiene que bajar el marote y encarar una fuerte autocrítica no me transforma en resentido.
Disgresión al margen: soy un tipo prejuicioso, lo que no es bueno. Desconfío por principio de los que tienen el chupetín por el palito y eso hace que me pierda conocer a buenas personas. Debo confesar ésto antes de seguir para mostrar la hilacha, hablando de autocrítica.
Y ahora hablo por muchos (no por todos porque nadie puede hablar por todos como tampoco decir jamás o nunca): los que yo conozco que son multitud tampoco piden venganza, no se mueven por resentimiento ni por revancha. Buscan justicia. Con empecinamiento y sin pausa. Pero justicia.
No parece ser éso lo que están tratando de encontrar los que marchan el día jueves.
Nunca pedimos ojo por ojo. Teniéndolos a mano nadie mató a ningún genocida. Incluso cuando quedaron libres de culpa y cargo se siguió pidiendo justicia hasta que la hubo. Tampoco conozco a nadie que haya entrado en Techint por ejemplo, o Ledesma o el estudio de Guillermo Walter Klein a reclamar lo que esas empresas se robaron a mano armada. Se pidió y se sigue pidiendo justicia.
Y aquí sí hay que marcar una línea: esa búsqueda de justicia nos diferencia. En esto, debo decir, somos distintos. Aún cuando algún desorientado se prenda en el malón y quiera romperle la ñata a los marchadores.
Éste que escribe lo anterior no lo haría. Pero sí derramaría sangre para que pudieran marchar y expresarse con toda libertad.
Sé también que muchos como yo harían lo mismo.
Por eso, marchen tranquilos, como siempre estamos velando por Uds. a pesar de que les de asco nuestra propia existencia.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

COLA DE PAJA

Parece que a Joaquín Morales Solá le molesta responder "qué hacía cada cual hace casi 35 años". Le joroba contestar porque Muralito recuerda muy bien lo que hacía en esa época
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Yo lo entiendo Don Joaquín. Son todos una manga de resentidos sociales, subversivos, comunistas, laicistas, ateos, criptocomunistas, etc.
Así el país nunca va a avanzar, yo te aviso.