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En la campaña presidencial de 1989 Carlos Saúl I Rey de las Pampas Chatas usaba slogans de corte peronista para convencer: la revolución productiva (que luego la revista Humor calificó con certeza como "revolución productimba") por ejemplo.
Cuando ganó y asumió hizo todo lo contrario a lo que había pregonado. Un poco más adelante, muy suelto de cuerpo, informó que "si hubiera dicho en campaña lo que iba a hacer, no me votaba nadie".
Hoy estamos frente a un escenario distinto. Escenario que nos informa dos cosas: que la derecha se ha vuelto obscenamente explícita y que gran parte de la sociedad está dispuesta a suicidarse incluso conociendo las consecuencias de un pistoletazo en la sien; la muerte misma.
El chiste gráfico de Rudy y Paz grafica con solvencia esta situación.
Carlos Saúl escondió su juego hasta que lo eligieron.
Mauricio que es Macri no hace más que mostrar sus cartas todo el tiempo y a cara descubierta.
Carlos Saúl convirtió al país en un páramo.
Mauricio que es Macri lo quiere convertir de nuevo en un páramo y lo dice sin tapujos.
En el caso del primer gobierno de Carlos Saúl la "gente" podía aducir desconocimiento.
En el caso de Mauricio que es Macri no tiene disponible semejante excusa.
Porque la exposición de los planes de Macri alcanza el grado de XXX.
Ha dicho exactamente lo que quiere hacer: el dispositivo DA DA, Devaluación, Ajuste, Deuda, Apertura. En definitiva, la estrategia que en los noventa nos llevó de cabeza al infierno. Infierno en el que a muchos de los que hoy quieren votar a Mauricio Macri Blanco Villegas se les quemó el culo.
Pero parece que una quemadura de cuarto grado no alcanza para garantizar la memoria.
Parece que las imágenes del caos en el que vivimos durante la agonía final en diciembre de 2001 no han dejado huellas en el ánimo de los que hoy quieren votar a Macri. Insisto: no pueden decir que no conocen a Macri, no pueden invocar la ignorancia como excusa. Lo votan con los ojos abiertos.
Para justificar su voto usan argumentos que suenan muy civilizados, republicanos, incluso lindantes con las máximas de la Revolución Francesa (que no por nada fue una revolución burguesa): Libertad, Igualdad y Fraternidad. Pero de eso no hay nada. Porque los hemos visto pidiendo venganza a los gritos, enarbolando carteles que chorreaban sangre, porque los hemos escuchado solicitando lisa y llanamente la expulsión de Cristina Fernández de Kirchner, incluso anhelando su muerte, porque los hemos sufrido vomitando toneladas de odio en los foros en donde podían desnudar los colmillos, etc. No los desvelan los valores democráticos, apenas les sirven de excusa.
Tampoco la economía es un motivo porque la mayor parte de esa masa vociferante que exige la restitución del orden conservador se ha beneficiado con creces en la última década. El famoso "-A vos no te va tan mal gordito" les corresponde por derecho.
¿Entonces?
Resumo groseramente: en el fondo los moviliza el odio. Es nada más ni nada menos que odio. Odio militante, grotesco y repulsivo. El famoso "resentimiento" que suelen adjudicarle a las "clases inferiores" que tienen metido en los huesos. Odio a los negros de mierda, a los zurdos, a los putos, a las tortas, a las viejas de mierda de Plaza de Mayo (Marcos Aguinis es un ejemplo de ese odio): en fin, odio a todos aquellos que no son gente como uno. Luego se maquillan y andan por ahí oliendo a perfume francés, pero es odio.
Odio que también es una admisión de culpa. Odian porque se saben monstruos, incitadores de monstruos, promotores de monstruos. Odian. Han velado los espejos para que la superficie bruñida no les devuelva su propia monstruosidad. Odian y recubren la crueldad de sus actos detrás de apelaciones republicanas.
El que vota a Macri más de una vez en el día dice "-Negros de mierda" y muchas veces ha pedido que los maten a todos. Algunos por corrección política no lo manifiestan, pero piensan que con los militares estábamos mejor.
Son un país jardín de infantes, la República de Trapalanda que postulara Marco Denevi. Tienen miedo de la libertad, temen perder los privilegios que tienen a costa del resto de la sociedad. Les chupa uno y la mitad del otro el destino de los demás. Para ellos la patria no es el otro, ni siquiera ellos, sino un lugar tenebroso en donde la Matrix absorbe energía de los humanos. Ellos aman el espejismo. Ni siquiera están dispuestos a que les muestren la existencia de una pastilla roja y otra azul.
Por eso cuando les auguran sufrimiento no se mosquean, porque su monstruosidad desea esa destrucción, porque quisieran extinguir a esos tipos que vienen a cuestionar su existencia, a Morfeo que viene a decirles que sus paraísos son al menos artificiales. Optan por la pastilla azul.
Odio. Eso destilan sus palabras y acciones.
Y también el voto con el que planean vengarse.
Hoy no puedo dejar de pensar en esta canción. Juro que no puedo.
