lunes, 17 de junio de 2013

ARAR EN TIERRA SECA

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Desazón. Esa sería la palabra para resumir el asunto. Desazón porque poco es lo que como sociedad hemos aprendido, porque poco es lo que como sociedad hemos mejorado, porque poco es lo que como sociedad nos hemos alejado de los monstruos que comen gente.
Poco, tan poco que parece nada.
Nadita.
Apenas rascamos la pintura aparece la bosta de siempre: es negro, es pobre, es peronista, es zurdo, es puto, es torta, es hippie, es drogón, y una interminable colección de adjetivos descalificativos que se usan para que el otro sea cada vez menos, un otro. Apenas le pasás la uña a la pátina finita que recubre la piel civilizada aparecen taras que resisten cualquier lavandina, que no se han ido sino que aguardan como larvas los buenos tiempos en que las gentes salgan a las calles a odiar y pedir a los asesinos que asesinen, aún cuando crean estar pidiendo otra cosa. Aún cuando por ceguera natural o inducida supongan lo contrario, aún cuando piensen que si el que mata por uno es otro, uno no tiene nada que ver, aún cuando crean que su alarido de venganza es justicia.
Nadita.
Nadita.
Triste es comprobar que una porción nada despreciable de la sociedad se ha intitulado decente, y ha decidido que el resto que no comparte sus inquietudes ni objetivos, es indecente por definición, cuando no bobos, ingénuos o venales porque sus ideas provienen del otorgamiento de una sarta de supuestos privilegios. En esa decisión también pretenden reclamar para sí la razón fundada en una inteligencia preclara que no debe discutirse porque es infalible y si no te das cuenta ("pensemos argentinos") es porque estás más abajo en la escala evolutiva ("en este país votan todos, carajo") o porque tenés una "ideología" que te ciega (ideología que niegan tener los decentes, aún cuando sostener de uno mismo cualquier condición es, ay mamita querida, una operación ideológica)
Espanto al verificar in situ que cualquier respuesta a esas objeciones es sospechosa de complicidad con esto o aquello ("eso lo decís porque tenés un plan, un puesto en el estado, etc."). No es admisible que quien se oponga a los "decentes" lo haga con conocimiento de causa o, válgame Tutatis, argumentos. Quien tenga alguna objeción mejor que guarde silencio, que no diga esta boca es mía porque es un resentido que tiene el odio a flor de piel y que es parte de aquella vereda en donde están los que han dividido al país (como si hiciera falta, o mejor, como si fuera posible una comunidad unánime de intereses que sería en definitiva un sueño hittleriano más allá de dos militantes controlando precios) y merece morir, irrecuperable, zurdo, puto, peroncho, comunista, mierda ¿cómo se atreve?
Nadita.
Tristeza cuando corroboramos que, lo que les molesta es que el otro tenga una voz, un rostro, unas manos. Que tenga hijos y coma todos los días. No se lo perdonan. Dice que no es así, y te zampan en la cara su "escala de valores" pero es un engañapichanga, no creen en ella y ni en pedo piensan ser solidarios con un sucio comunista que estaría mejor muerto y ¡puta que lo parió a Videla que no los mató a todos!.¡Dónde están los milicos cuando hacen falta!
Y no es que definamos este lugar con la metáfora de Nino Bravo sobre el edén y dios. Por varias cosas. Por muchas cosas, omisiones, errores y acciones, que conllevan el infierno en sus entrañas. Si hay alguien que sepa lo que es el averno somos nosotros que tantas veces salimos desnudos a la calle a mostrar nuestras carnes castigadas, mientras la "decencia" en masa y por unanimidad reclamaba palos, gases y acciones ejemplificadoras, que se han creído, zurdos, peronchos, putos, comunistas, mierdas.
Desde esa tierra arrasada, desde ese desierto candente en donde no crece ni una sola mano que ayude, desde ese salitre impiadoso en el que hemos caminado buscando la salida, tratando de no ser los anónimos sufridores para convertirnos al menos, cuanti menos, en sujetos.
Desde ahí, desde donde se ve crecer el odio que está pronto a pedir nuestra extinción.
Verlo retoñar, verlo alzar sus hojas mientras aumenta nuestra desazón.
Saber que aramos en tierra seca.
Y que poco hemos logrado. Tan poco que parece nada.
Nadita.
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4 comentarios:

Daniel dijo...

Videla no llegó solo a la Rosada, Dormi, lo empujó mucha, muchísima gente. Lo recuerdo a tal punto que tengo la foto de 5to. año donde estoy escuchando en plena clase a profesor y preceptor llamarlo, casi que a los gritos, "porque no se podía más".

Dormidano dijo...

Daniel:
Si.
De hecho anda por ahí desclasificado un cable de la embajada de EEUU en donde se señala que las capas altas y medias esperaban y apoyaban "tácitamente" la guerra contra el terrorismo y el alzamiento militar.

Gustavo Atilio Rui dijo...

Es una lucha despareja, muchachos. Una lucha desigual. Tanto es así que tiene el resultado cantado. El odio no puede eliminar a la esperanza. ¡Y vaya que lo ha intentado! Porque si mañana decide y consigue eliminarnos a todos, serán sus propios hijos, o sus nietos, los que en algún momento sentirán que no pueden vivir bajo su régimen. Porque puede que lo nuestro sea útópico y la humanidad no sea compatible con la igualdad, la solidaridad y la libertad, pero es una distopía aún mas lejana que la humanidad pueda soportar permanentemente una situación de desigualdad, egoísmo y opresión.
Lo único que han logrado generar a través de la historia (y su estirpe es tan vieja como la humanidad misma) es anticuerpos.

Dormidano dijo...

Gustavo:
En esa confianza uno hace lo que hace, aún cuando le pese el desánimo.