¡Por fin! ¡Por fin!
Antes, los Revolucionarios no teníamos demasiadas oportunidades de ingerir productos lácteos, dado el proverbial monopolio que conduce los destinos del noble producto lecheril. Y ya se sabe, uno no puede legitimar con sus acciones la existencia de esos monstruos voraces. En tren de conservar la coherencia perdiamos calcio a lo loco.
Pero eso ha terminado señores.
Ahora hay un yogurt para nosotros (y nosotras che, no se alteren).
¡El verdadero yogurt anticapitalista!
¡El verdadero yogurt anticapitalista!