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viernes, 10 de junio de 2016

LET´S GO PARTY

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¡Seis meses! ¡vamos que la vida es una fiesta!. Resulta que en estos días los funcionarios de Cambiemos y sus quintacolumnistas nos repiten cada veinte segundos (promedio) que los orejones del tarro, los grones, los grasas, los "empleados medios" con "sueldos medios" vivíamos una fiesta que era mentira, porque en un país "normal" un coso parecido a nosotros no puede aspirar a comprar plasmas, teléfonos celulares, viajar al exterior, calefaccionarse, tener electricidad y comer todos los días. Era una fantasía populista, dicen los verdugos. No era verdad (aunque a mi los asados me caían tan bien como a cualquiera, por lo que deduzco que la carne que compraba era bastante real).
Ahora, dicen los señores que nos mandan a agarrar la pala cuando nunca en su vida han estado ni siquiera en presencia de esa herramienta, hay que pagar esa fiesta. Hay que ajustarse el cinturón para que, una vez que la locura populista se haya apagado, quizás nos caigan algunas migajas del banquete celestial. Todo muy lindo.
Pero acá esas peticiones de principio no nos impresionan. Ni luz al final del túnel, ni segundo semestre ni la madre en coche y el padre a pata.
Desarmemos esta mentirita de la fiesta que tenemos que garpar.
Y para eso hay que comenzar pensando de dónde sale la riqueza de un país. ¿Del cansancio de Prat Gay? ¿Del sudor de Paolo Rocca? ¿Del dolor de espalda de Franco Macri?. Ni mamado con grog. La riqueza de un país surge del lomo de los laburantes. Son los trabajadores los que crean riqueza agregando valor a la materia inerte. Un ladrillo por sí mismo no sirve para nada hasta que viene un albañil y levanta una pared, que luego será una casa, un local, una fábrica. El valor no está en los materiales ni en las herramientas: está en el trabajo. Es el trabajo el que crea bienes que luego se convertirán en valores de cambio. La riqueza entonces es trabajo social acumulado. Y el capitalista de apropia de ese trabajo social acumulado. No es él quien crea la riqueza. Es el que se la apropia (explicar porqué sería largo y complicado asi que lo dejamos para otro día).
Aclarado el punto de la riqueza disolvamos el chiste de la fiesta. Pero como acá nos encantan las trampas del lenguaje, vamos a tomar el concepto de "fiesta" y lo vamos a poner patas para arriba a fin de tirárselo en la cara a los bodoques que nos quieren engañar con sofismas.
¡Claro que hubo una fiesta! Pero no fueron los años transcurridos entre 2003 y 2015, ni los que mediaron entre 1946 y 1955.  Excepto en esos años, Argentina vivió la fiesta de la oligarquía (llamale conservadores, liberales, neoliberales, neoconservadores, peronistas disfrazados, radicales travestidos, etc.). Una fiesta que fue posible porque se apropiaron sin pudor de la riqueza social del país, o sea, del laburo de los orejones del tarro. Una fiesta de una magnitud apabullante: viajaban al exterior a tirar manteca al techo, compraron estancias de miles de kilómetros cuadrados, casas en los lugares más recónditos del país y en el exterior, derrocharon dólares en todas partes, se encerraron en exclusivos countrys y barrios secretos, mandaron a sus hijos a estudiar al extranjero, disfrutaron hasta la náusea de manjares y brebajes cuyos precios eran obscenos, etc.
Mientras tanto, los laburantes, los creadores de riqueza, se morían como perros cagados de hambre y frío, enfermos de todas las pestes que asolan a la pobreza, sin derecho a decir esta boca es mía, intentando mandar a los pibes a la escuela para ver si alguna vez podían salir de la mishiadura, haciendo dieta forzada para llegar a mitad de mes, muriéndose por una gripe mal curada, sin vacaciones, sin casa, sin otro futuro que seguir poniendo el lomo para que la fiesta de los otros continuara eternamente.
¡Claro que había una fiesta! Pero nosotros no estábamos invitados. La pagábamos pero no era para nosotros. Aunque la riqueza salía del sudor de las patas que alguna vez se metieron en la fuente, no la podíamos disfrutar, pese a ser sus hacedores. Porque la distribución de los ingresos nos condenaba a seguir mirando de afuera, la ñata contra el vidrio, la buena vida de los poderosos, los que tenían a Don Dinero agarrado de la cola.
Y aquí vino el paréntesis que ahora nos quieren cobrar con intereses: del 2003 al 2015 la cosa se equilibró un poco. No es que a los que tienen el chupetín por el palito les sacaron todo. No no. Pero los obligaron a que asumieran la responsabilidad de contribuir al bienestar de toda la sociedad. Vía impuestos, retenciones, planes sociales, subsidios al consumo, a los servicios, etc. En criollo: la distribución del ingreso alcanzó a los orejones del tarro que siempre la miraban pasar. Entonces, y con toda justicia, estos orejoncitos pudieron dejar de pensar en sobrevivir para dedicarse a vivir. A tener uno que otro disfrute, a juntar unos mangos para arreglar la casa, para comprarse un auto o cambiar el viejo TV blanco y negro por uno a color, a tomarse quince días de vacaciones en Santa Teresita porque Mar del Plata estaba imposible de gente, etc. 
Y con eso no estaban derrochando nada. Simplemente disfrutaban del fruto de su laburo. Porque por fin una parte de la riqueza social que producían con su esfuerzo les volvía al bolsillo. Un cacho más. Aunque los poderosos nunca dejaron de amarrocarla. Pero una porción algo más grande del ingreso llegaba a los hogares para que fueran más hogares y menos refugios de miseria.
Insisto: lo anterior no era más que justicia. Porque es justo que la riqueza que el laburante produce la pueda disfrutar el laburante. Y eso no es una fiesta. 
Pero, ese poco menos de ingreso que recibiían (la famosa "rentabilidad") los enfureció. La oligarquía que cree provenir en línea directa de alguna divinidad y considera que sus privilegios son derechos naturales puso el grito en el cielo: ¡cómo es posible que ese negro tenga un celular! ¡Cómo es posible que se vaya de vacaciones a la costa y encima tenga que pagarle esos días! ¡Horror! ¡Un insulto a los valores occidentales y cristianos!.
Entonces, usando los medios que conocemos de sobra, lograron quitar del medio a ese "régimen" que los había  obligado a distribuir la riqueza que crean los laburantes.
Y ahora nos vienen a decir que ese tiempo fue una "fiesta" y que tenemos que pagarla.
Tengo noticias para esos señores: desde hace décadas les estamos pagando a uds. la fiesta Su vida holgada y parasitaria la garpamos los laburantes. Cuando el trabajador puede disfrutar de su vida viviendo y no sobreviviendo no está de fiesta: es un acto de justicia.

miércoles, 18 de mayo de 2016

LA GUILLOTINA TIENE RAZÓN

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Sigo persistiendo con poco éxito en mi cruzada para responder la pregunta: ¿cómo puede ser que un tipo aplauda a sus verdugos y encima diga que tienen razón y que él puede resistir a la amputación lisa y llana de su marote?
Digamos, la justificación de la hijaputéz militante de Mauricio Macri y su corte de los milagros se vuelve oscura y retorcida porque ni el más pavote de los pavotes puede aplaudir que le aumenten los costos en el mundo capitalista en donde la cuestión es ¡bajar los costos! incluso el de mantenerse vivo todos los días del almanaque.
¿Cómo carajo alguien puede aplaudir los aumentos, los despidos, los recortes, la pérdida paulatina de autonomía económica y política, etc. cuando todo lo anterior lo condena a la extinción?
Hoy, leyendo un par de comentarios de los que más o menos piensan como uno, logré advertir cierto asunto, del orden de la ética asomando la pata (que en algún caso me recordó el asuntito de la ética protestante que planteó Weber pero al vesre).
Resulta que en tres o más de las acotaciones que se hacen a ciertas publicaciones del facebuk, se decía que los empresarios de Maldonalds se comportaban como hijos de puta porque les daban la oportunidad. Que era esperable esa conducta, digamos, porque teniendo la oportunidad, todos se comportan como hijos de puta.
"¡Mirá vos!", pensé (un poco pensé porque me agito) es como aquel argumento de Darín en "Nueve Reinas": "-Putos no faltan, lo que faltan son financistas". Asimilando una situación a otra: "-Hijos de puta no faltan, lo que faltan son oportunidades para serlo".
Ese razonamiento (puahhhh) me llevó de cabeza a otro asunto que me jode bastante: la ética de los piojos resucitados que se comportan de la misma forma que los patrones que alguna vez los explotaron. Los tipos explotan sin piedad, evaden, etc., porque como ahora están de aquel lado del mostrador, o sea tienen la oportunidad, se comportan como hijos de puta constantes y sonantes.
Entonces quizás logré comprender porqué una porción nada despreciable de los sectores medios no dice esta boca es mía ante el ataque desembozado de la oligarquía sobre su forma de vida: no dicen nada porque si ellos tuvieran la oportunidad harían lo mismo. Porque si por arte de magia financiera pudieran subir los escalones necesarios abrazarían sin más la ética del oligarca sin el menor remordimiento. Quizás por eso uno los escucha balbucear excusas insostenibles cada vez que un argumento de cemento poen en evidencia la brutal tranferencia de ingresos hacia los sectores dominantes que Mauricio Macri promueve y alienta. Aunque esa tranferencia los deje con el tujes mirando al sur no dicen nada, ni dirán nada, porque están esperando la oportunidad de ocupar una posición similar y hacer lo mismo sin que se les mueva el registro de catastro.
Comparten la ética del explotador en la esperanza de convertirse ellos mismos en algún momento en explotadores. Por tanto, no cuestionan los privilegios de las clases dominantes porque sería como cuestionarse esos privilegios a sí mismos si alguna vez accedieran al ascenso social.
Por ahí, quién te dice, esto sirva para pensar la dirección del voto de los sectores medios. 
Porque hasta ahora che, hay más oscuridad a cada paso.

lunes, 18 de abril de 2016

LA TRAMPA

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Durante la década del 50, 60 y 70 usaron los golpes de estado protagonizados por militares, apoyados por la iglesia católica, el poder judicial y los grandes medios de comunicación. Esta conjunción derribó gobiernos elegidos por medio de las urnas y aniquiló a generaciones de militantes y dirigentes políticos que se oponían a la hegemonía de la oligarquía agraria o industrial aliada a EE.UU.
En algún momento de los años 80 el poder detrás de esos golpes descubrió que no podía continuar manteniendo su dominio por medio de la fuerza, dado el desprestigio de los militares y los extensos crímenes de lesa humanidad que salían a la luz. Ese poder sabía que tirando de la piola de las responsabilidades todos los hilos llevarían al norte. Por eso y no por otra cosa simularon ponerse al frente de los reclamos por los derechos humanos (concepto que todavía no hemos discutido lo suficiente y créanme, necesita ser cuestionado). Un giro tan drástico no muestra una genuina preocupación por los destinos de los pueblos que habían ayudado a desaparecer sino todo lo contrario: indica el agotamiento de una estrategia.
La democracia apareció entonces como la única manera de superar la negra etapa de las dictaduras, pero los países latinoamericanos habían quedado entrampados en el cepo económico que tenía como llave maestra a la deuda externa. Mediante la deuda externa EE.UU. pudo controlar y dominar a gusto y piacere a las ex-dictaduras convirtiéndolas en democracias devaluadas y cooptadas.  Digamos, podíamos elegir al tendero, como dice el Subco Marcos. Pero la tienda era de otros y en esa tienda no teníamos ni voz ni voto. Este dominio económico mediante los organismos financieros internacionales encabezados por el FMI también implosionó con la crisis que casi desmembró del país en 2001 (nos enteramos en el 2007 que era un síntoma, dado que en ese año el capitalismo se derrumbó sobre sí mismo y decidió extorsionar al planeta para salvar el culo).
A esas dos formas de dominación (por la fuerza y económica) reaccionó gran parte de América Latina y ahí tenemos a Lula, Hugo Chávez, Lugo, Rafael Correa, Evo Morales y Néstor y Cristina Kirchner. Todos y cada uno de los nombrados pusieron en acto medidas tendientes a romper el segundo eje de control sobre cada país que todavía quedaba en pie: el económico. Romper esas ataduras era la única posibilidad de construir una democracia que tuviera algún significado.
El poder real (que no son las oligarquías locales que actúan como empleados del mes) comprendió entonces que tampoco podía sostener esa dominación económica, entre otras cosas porque los daños que causaba eran demasiado evidentes y además porque tenía sus propios problemas económicos domésticos. Y un eje de países ponía en discusión su hegemonía (que a esa altura ya era un mito, como ahora, aunque el sentido común piense lo contrario) conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, los BRICS. Por lo tanto, el FMI dejó de ser el arma (que seguirían usando en Europa por ejemplo con Grecia, España, Irlanda, etc.). Y ahí aparecieron con fuerza las ONGs.
¿Cómo retomar el control y dominio de estos países sin la posibilidad de usar la fuerza o la extorsión económica? La respuesta se encontraba en la excusa con la que EE.UU. invadía países: la democracia. En vista de que una dictadura ya no era posible la solución era convertir a la democracia en un arma que pudiera ser disparada contra cada país. ¿Cómo lograrlo? Controlando los medios de comunicación (porque había que convencer a los pueblos de que no lo eran, de que apenas llegaban a "gente" o "vecinos") y el poder judicial (que permitiía controlar los resortes de la constitución y domar a los gobiernos que tuvieran demasiados prúritos progresistas). Por supuesto, contaban con el apoyo incondicional de la oligarquía local y las iglesias (no una sola, varias). Esa suma de elementos permitía atacar a la democracia desde sus propios dispositivos e instituciones. De esa forma los golpes de estado alcanzaban una legitimidad que por la fuerza no tenían. Y las medidas económicas que sumergirían a esos mismos pueblos en la pobreza se transformaban por obra y gracia de los medios de comunicación en el pedido de la "opinión pública".
El primero de estos golpes de estado tuvo lugar en Honduras, pero no salió del todo bien porque el mecanismo no estaba todavía bien aceitado. Claro que eso cambió cuando el golpe lo dieron en Paraguay. Ahí sí todo salió a pedir de boca y los tipos indicaron que estaban actuando de acuerdo a la constitución. Y lo jocoso del asunto es que tenían razón. Por lo cual queda confirmado quién armó la constitución y con qué fines.
Ayer el golpe de estado se cargó a Brasil (y en el mismo movimiento se llevaron puesto al Mercosur y al BRICS). En Argentina no pudieron culminar la tarea mediante el poder judicial pero los medios se encargaron de instalar en la presidencia a un personaje que defienda sus intereses y que está actuando como un dictador bananero. Lo mismo ocurre en Bolivia y en Ecuador.
Algunas conclusiones de la perorata anterior:
1.-La democracia tal como nos la enseñaron en educación cívica no existe.
2.-No creo que se pueda "mejorar" la democracia para que no sea lo que es, o sea, creo que el problema es la democracia, no sus condiciones de aplicación.
3.-Quienes diseñan estos dispositivos de control advirtieron que la democracia como forma de gobierno podía ser usada contra los gobernados. En términos hacker encontraron los "bugs" que tiene e implantaron allí troyanos y virus.
4.-Cuando un programa tiene tantos problemas de seguridad uno opta por llenarlo de parches (como las actualizaciones de Windows que no son ni más ni menos que la confesión de lo mal programado que está y de las verdaderas intenciones de la empresa) o, y esta es la salida, lo vuelve a programar. Esto incluye una revisión profunda de los diagramas de flujo, de la pseudo-programación y de la codificación. Porque un programa que se vuelve en contra del usuario es una contradicción que se corta como un nudo gordiano.
5.-Teniendo en cuenta el objetivo del programa (de la democracia) el programador inteligente crearía otro programa que alcanzara el mismo fin pero que no tuviera las debilidades de seguridad del anterior y fallido algoritmo. Parece complicado pero en general es la solución más eficiente y simple.
6.-La democracia en virtud de sus propias limitaciones se ha convertido en un arma que le sirve al poder hegemónico para atacar a quienes debería servir como herramienta. Esto es doblemente grave, porque no solo tenemos el ataque sino además, la legitimación del ataque en un solo paquete. Ese esa la solución que encontraron como respuesta a los intentos de independencia real de los países de latinoamérica: cooptaron el consenso subvirtiendo a la democracia.
7.-La democracia entonces es una forma de gobierno mejor que cualquier dictadura pero no es la mejor forma de gobierno. ¿No existe otra forma de gobierno mejor que la democracia? Entonces habrá que inventar otra forma de gobierno que, manteniendo los objetivos de la democracia, sirva realmente para mejorar la vida de los pueblos y no pueda ser usada en contra de los mismos.
8.-Para todo lo anterior es necesario también transformar la naturaleza de los medios de comunicación.
¿Soy utópico yo?
Y si. No me, no nos queda otra.