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viernes, 14 de septiembre de 2012

EL ODIO III: El Teatro del Miedo

Escena 1
Esta mañana me contaron lo que sigue: alguien que acostumbra subir post en Facebook apoyando al gobierno nacional recibió el siguiente comentario de una conocida:
"-Dejá de subir esas cosas porque te van a linchar".
"-.¿Qué?", "¿-.Quién me va a linchar?", contestó la aludida.
"-.Yo te lo digo para preservarte porque la cosa está muy densa" volvió a insistir la cuestionadora, que debe ser una amante de la pax romana.
Escena 2:
Servicio diesel del Roca, 10:15 de la mañana. Un hombre entrajado conversaba con otro hombre vestido de elegante sport. El tren estaba repleto. Justo antes de llegar a Temperley, los dos señores que hablaban animadamente miraron con desprecio a una familia compuesta por padre, madre y tres niños que se aproximó a la puerta para bajar. Uno de ellos le dijo al otro: "-Ya se les va a acabar la fiesta a estos negros de mierda", frase que escucharon casi todos los pasajeros del vagón, y por supuesto, la familia en cuestión. Luego de lo expresado a viva voz, los dos lanzaron una sonora carcajada, perversa por supuesto.
Escena 3:
Camino por la vereda en dirección a la estación de trenes. En una esquina hay dos mujeres hablando: una de ellas es joven y la otra anciana. La mayor le contaba a la joven acerca de su participación en el cacerolazo de anoche. "-Si, estuvimos en Plaza de Mayo. Todo muy ordenado, nada de choripán y coca, ni caras tapadas ni palos. Menos mal que no aparecieron esos salvajes de La Cámpora para provocar a la gente que estaba ahí. Esos caraduras, violentos, alguna vez les va a tocar a ellos, ya vas a ver..."
Epílogo:
Los que estaban cacerola en mano rodilla en tierra la noche de anoche dicen que están cansados de la confrontación y que buscan el consenso, una cultura del encuentro en palabras de su asesor espiritual Jorgito Bergoglio. Extraña búsqueda de la paz social la que podemos deducir de las palabras citadas. Una curiosa forma de no confrontación que implica eliminar una parte nada despreciable de la sociedad, lo que implica apagar una de tantas campanas. Y así, claro, cualquier consenso es el equivalente a la paz de los cementerios.

jueves, 13 de septiembre de 2012

EL ODIO II

Hoy tenía que procesar los datos de la encuestita funambulesca que engalana nuestro día a día para toda la amable teleplatea, pero creo necesario retomar el tema sobre el que hablamos hace algunos post. En rigor de verdad, hable yo, con la esperanza de que alguien leyera lo escrito.
Entonces mejor decir, volveré a hablar del odio.
Había dicho antes que existía una diferencia fundamental entre los que promueven la marcha del día de hoy y nosotros, los que no vamos a ir: el odio.
Odio puro y duro, que ahora se expresa en una marcha con tintes reaccionarios, xenófobos, racistas y sumamente violentos. Odio que antes auspiciaba y consentía el asesinato y desaparición de personas (y no hablo sólo en la dictadura del ´76, me refiero a todas las veces en que toleraron y prohijaron el asesinato como forma de sostener sus privilegios de clase).
Ese odio no nos habita. No los vamos a mandar a matar porque crean que Videla es un prócer y Grondona un intelectual de fuste. Nadie va a prohibirles marchar, publicar sus opiniones, montar fotos insidiosas, manifestar que odian a los negros, a los peruanos, a los bolivianos, a los putos y a los zurdos, no necesariamente en ese orden. Podrán gritar a los cuatro vientos que los pobres les dan asco e incluso, sostener que deben ser exterminados.
Para que Uds. digan esas cosas sin que les cueste la vida la sangre que corrió fue la nuestra. Los que Uds. defienden asesinaron a los que hicieron posible esta posibilidad que aprovechan para volver a pedir venganza, muerte y exterminio.
¿Qué contrasentido no?
Y Uds. nos dicen a nosotros que estamos cargados de odio. Mira vos.
Repito aquello que fue dicho la semana pasada: marchen, protesten, háganse oir. Nosotros como siempre velaremos para que ese derecho nunca sea puesto en duda.
Aunque todavía, de nuevo, quieran matarnos y hacernos desaparecer.

viernes, 7 de septiembre de 2012

EL ODIO

Se volvió un dogma, de la mano de la prensa seria y aplicada, enarbolar como una bofetada las palabras revancha, resentimiento, venganza, para hablar de los que se encuentran enfrentados a sus intereses. Lo escuchamos una y otra vez en boca de periodistas, legisladores, empresarios, opinadores, vedettes, animadores, figurantes y extras.
Presuponen, por algún tipo de operación discursiva maniquea, que cualquier movimiento por tímido que sea en favor de los que siempre han salido perdiendo en la historia argentina es fruto de lo anterior: entonces son resentidos, buscan revancha, quieren venganza. En definitiva, nos envidian porque tenemos lo que tenemos o porque queremos tenerlo. Nos envidian porque somos gente decente que se forjó un futuro a puro trabajo honrado. Nos envidian por tantas cosas. Por eso nos persiguen.
Y al conjeturar lo anterior marcan una línea y construyen dos bandos: el malo (ellos) y el bueno (nosotros). En un lado están todas las virtudes y en el otro la maldad, los defectos, las taras y todo cuanto a uno se le ocurra pueda caber en el mundo de los malos.
La primera consecuencia es la elaboración de un mito. Un peligroso mito que coloca la culpa en el bando contrario sin asumir ninguna responsabilidad por el estado de cosas. Y la segunda consecuencia, tan peligrosa como la primera, es que al delimitar el campo cavan una trinchera, tirando abajo los puentes y la posibilidad de construirlos.
El otro tiene que ser destruido, aniquilado, destrozado porque es la encarnación de todos los males. No hay diálogo posible, no hay negociación ni entendimiento. La única relación entre las dos mitades es la lucha abierta en la que matamos o morimos.
Más o menos por ahí circula la propuesta de marcha nacional de no se qué que convocan por vías diferentes muchas personas para el jueves 13 de septiembre. Lo que hay detrás de todo el montaje es odio. Casi a cara descubierta, aunque guardando algunas formas (porque ante todo la buena educación, eso sí).
Ni que decir que, según los esquemas básicos de los convocantes yo y varios estamos en el bando de los resentidos, que se mueven por revancha, venganza y resentimiento. Ah, además por envidia.
Tengo algo que decirle a los convocantes y a los adherentes de esta marcha: tendré que hablar por mi, qué le vamos a hacer. A lo largo de toda mi vida de lucha, con mayor o menor intensidad, no he pedido ni he buscado venganza. Lo que he pedido es nada más ni nada menos que justicia. Tampoco busco revancha. Tratar de construir una sociedad un poco más justa no es buscar revancha, al menos que yo sepa. Y no guardo resentimiento contra "el otro bando". Si me enojé y todavía me enojo con la ceguera, el egoismo y la indiferencia que manifiestan con sus acciones (en general con cualquiera que profese estos valores). Pero no es resentimiento. Creer que toda una clase o varias tiene que bajar el marote y encarar una fuerte autocrítica no me transforma en resentido.
Disgresión al margen: soy un tipo prejuicioso, lo que no es bueno. Desconfío por principio de los que tienen el chupetín por el palito y eso hace que me pierda conocer a buenas personas. Debo confesar ésto antes de seguir para mostrar la hilacha, hablando de autocrítica.
Y ahora hablo por muchos (no por todos porque nadie puede hablar por todos como tampoco decir jamás o nunca): los que yo conozco que son multitud tampoco piden venganza, no se mueven por resentimiento ni por revancha. Buscan justicia. Con empecinamiento y sin pausa. Pero justicia.
No parece ser éso lo que están tratando de encontrar los que marchan el día jueves.
Nunca pedimos ojo por ojo. Teniéndolos a mano nadie mató a ningún genocida. Incluso cuando quedaron libres de culpa y cargo se siguió pidiendo justicia hasta que la hubo. Tampoco conozco a nadie que haya entrado en Techint por ejemplo, o Ledesma o el estudio de Guillermo Walter Klein a reclamar lo que esas empresas se robaron a mano armada. Se pidió y se sigue pidiendo justicia.
Y aquí sí hay que marcar una línea: esa búsqueda de justicia nos diferencia. En esto, debo decir, somos distintos. Aún cuando algún desorientado se prenda en el malón y quiera romperle la ñata a los marchadores.
Éste que escribe lo anterior no lo haría. Pero sí derramaría sangre para que pudieran marchar y expresarse con toda libertad.
Sé también que muchos como yo harían lo mismo.
Por eso, marchen tranquilos, como siempre estamos velando por Uds. a pesar de que les de asco nuestra propia existencia.

"LA HISTORIA ES LA HISTORIA DE LA LUCHA DE CLASES"

Warren Buffett, uno de los tipos más ricos del mundo dijo "Claro que hay lucha de clases. Pero es mi clase, la de los ricos, la que ha empezado esta lucha. Y vamos ganando". Tales declaraciones, nada ambiguas, nos muestran la verdadera naturaleza del asunto. Hay, por partida doble, clases y también lucha de clases. Con toda la parafernalia desplegada por el aparato cultural dominante corremos el riesgo de perder de vista este hecho fundamental.
No es una ilusión óptica ni una confusión teórica.
Y hay evidencias palmarias de esa lucha de clases. Por ejemplo ésta en donde un político de la clase alta como Mauricio Macri sale a defender sus privilegios clasistas recubriendo ese movimiento con palabras que hace alusión a la república y a las instituciones. No hay que dejarse confundir: lo que Macri hace es defender los intereses de su clase ante todo y sobre todo. Lo demás, lo que rodea a esa muy clara posición es una jungla de retórica vacía, ayuna de significado. Palabras en las que Macri no cree pero que lanza con el cinismo de quien sabe a ciencia cierta que no piensa cumplir una sola de esas propuestas.
Pero hay más pruebas de la existencia de clases y de la lucha de clases. Ésta por ejemplo, en donde una porción que se presenta a sí misma como "ciudadanos" esgrime un discurso que destila revancha y venganza, con nombres y alusiones que no dejan lugar a dudas.
Hay lucha de clases. Por supuesto que la hay.
Necesitamos revertir el resultado que proclama Buffett. En eso nos va la vida.