La "realeza" europea festeja en Grecia el casamiento de un príncipe, mientras en Atenas se suceden huelgas y protestas. La desocupación, las privatizaciones y el ajuste empujan a las calles a buena parte de los griegos y en una isla los parásitos de Europa celebran su buena fortuna.
Por supuesto, los admiradores de esa nobleza de aquí y allá se babean como buenos tilingos ante tanto fasto y boato.
Sería bueno que el espectro volviera a cernirse sobre Europa, al menos para asustar a éstos crápulas y a su corte de adulones.
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