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martes, 8 de noviembre de 2016

EXTRANJERO ILEGAL

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Para ganar una elección te enseñaron a odiar, fabricaron un blanco para tus prejuicios y cuando pusiste el voto en la urna tu cabeza intervenida recitaba: "kukas, choriplaneros, yegua, korruptos, kchorros, Kakas". De hecho, todavía las neuronas repiten esa letanía, apenas modificada: "Báez, López, Báez, López, Báez, López".
Pero los que están manejando tus independientes dendritas necesitan que la sinapsis del odio siga amputando la condición crítica de las neuronas. Y como el cuerpo no es estúpido (aunque el cerebro insista en la plegaria) hay que construir un nuevo objeto de rechazo, algo que sirva como blanco para desviar la mirada.
¿Desviar la mirada? Ajá, hacer que mires para otro lado, mejor, que aunque veas no veas. Que a pesar de mirar no observes. ¿Cómo se hace? La maniobra consta de dos movimientos: ocultar discursivamente y delinear un objetivo que concentre las frustraciones. De esta forma las acciones del efector quedan ocultas en el cono de sombra que la dirección de la mirada produce al concentrarse en una sola porción del universo observable.
¿Qué es lo que quieren ocultar? Bueno, parece obvio pero están disimulando el saqueo sistemático del país. ¿Cómo se oculta algo tan evidente? Fabricando un falso responsable, alguien lo suficientemente débil como para que su voz no se escuche, alguien estigmatizado a priori en el que se decargará la furia de la sociedad bajo ataque. 
¿Quién sería entonces ese falso positivo? Los inmigrantes. Un inmigrante a pesar de que somos "un crisol de razas" es sospechoso. Más aún si no es un europeo, si es morocho, negro o mulato. Si encima tiene en sus rasgos las características que durante años han sido denostadas por una porción nada despreciable de la sociedad, mejor aún. Sobre este inmigrante se pueden descargar las siete plagas de Egipto y pocos, muy pocos, levantarán la voz en su defensa. La gran mayoría aplaudirá de pie y otros asentirán en silencio, puesto que la xenofobia está ahí, larvada, solo hace falta un grupo de cínicos con poder para despertarla y alumbrar una tragedia.
A ese inmigrante le pueden echar la culpa de todo o casi todo: no tenés trabajo porque te lo saca un paraguayo, un boliviano, un peruano. La delincuencia tiene como protagonistas a paraguayos, bolivianos y peruanos que asolan nuestras ciudades desde las villas miseria. El crecimiento exponencial de las villas miseria se debe a la llegada indiscriminada de paraguayos, bolivianos y peruanos. Los hospitales están desbordados porque atienden a paraguayos, bolivianos y peruanos. Y podría seguir toda la tarde. Y como paraguayos, bolivianos y peruanos no tienen herramientas institucionales para defenderse, podemos abusar de su humanidad ad infinitum ad nauseaum.
¿Para qué fogonear ese odio? Para que el verdadero responsable del desastre quede oculto. ¿Quién es el responsable? ¿Todavía hay que explicarlo?
Munidos con la poderosa herramienta de la cadena nacional no oficial, los formadores de opinión alimentan e incrementan los prejuicios del uomo qualunque al que ahora le enseñan a odiar a los inmigrantes (con lo que en algún momento debería odiarse a sí mismo).
Y ya está: con ese dispositivo en funcionamiento pueden seguir secando las arcas del estado, mientras consolidan las leyes que harán que en el futuro no muy lejano tengás que garpar el costo de la fiesta. Mientras tu cerebro repite la nueva letanía: "paraguayos de mierda, bolivianos de mierda, peruanos de mierda".
No quiero parecer ofensivo, pero hay que decirlo: razonás como un boludo.