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Por supuesto, los norteamericanófilos
celebran este acuerdo y lo publicitan como histórico y no sé cuántas cosas. Lo cierto es que el TPP del Pacífico busca ante todo
cercar a China que es el verdadero enemigo de EE.UU. en esa zona.
Porque por más declaraciones altisonantes que pronuncien sus miembros lo que busca EE.UU. con este asunto es intentar posicionarse de nuevo como el país que corta el bacalao,
sabiendo que ya no lo es. Es más, con plena conciencia de que la influencia de EE.UU.
cae y no deja de caer.
Por si faltaran evidencias, ahí tenés
la frase que lanzó Obama y que es el título de este post: “
no podemos dejar que países como China escriban las reglas de la economía mundial”
Una buena metáfora sería la de un escalador que derrapa de lo alto de una cordada e intenta agarrarse de los otros escaladores que están más abajo para no caerse y en lo posible, volver a trepar a lo más alto del risco. Hasta que uno de los escaladores vea que ese esfuerzo es suicida y, con un solo gesto, corte la cuerda que sostiene al que va cayendo para que no arrastre a los demás a un desastre mayor.
El TPP, hay que decirlo, es la expansión de las multinacionales mediante el uso y abuso de las patentes y la propiedad intelectual. Las multinacionales también usan a EE.UU. como punta de lanza para posicionarse en el Pacífico y tratar de presionar a China para que les otorgue derecho de pernada en ese mercado.
Y el TPP, también hay que decirlo, es un manotazo de ahogado. Por supuesto, las dimensiones aparentes de algunos de sus integrantes puede llamar a engaño. Podríamos creer o simular creer (como hacen ciertos intelectualoides amarillos y naranjas) que estamos hablando de la economía más poderosa del mundo. Pero no. Ya no hablamos de tal cosa sino de un país cuya hegemonía hace agua.
Integrar un acuerdo que tiene como líder a EE.UU. es un error (y hablo de conveniencia ecnomómica, comercial, geoestratégica, etc., no de moral) porque es estar en el lado equivocado. Solo nominalmente EE.UU. puede liderar una alianza comercial. Solo mediante una acción declamatoria de dimensiones gigantescas puede EE.UU. pretender marcar la cancha del presente y el futuro.
En China, con la famosa paciencia oriental, aguardan, esperan y preparan. Porque también están al tanto del asunto.
Las piruetas de EE.UU. deben causar bastante gracia a los herméticos funcionarios chinos que con una pericia poco vista
sortearon el ataque al yuan registrado hace algunas semanas. Y ni siquiera tuvieron que disparar el arma,
apenas la mostraron.
En estos días hay que mirar con lupa el escenario mundial y no dejarse arrastrar por el fervor barraestrellístico de los medios serios.
El TPP es la evidencia de una caída, anótenlon.