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jueves, 8 de septiembre de 2016

NOVEDAD MUNDIAL: EL RESPONDEDOR PRO 9.0 ¡LLAME YA!

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Presentamos el novedoso Respondedor PRO 9.0 importado de Panamá (deposite su óbolo, SUMA lo agradecerá). Si ud. no sabe cómo enfrentar una entrevista radial, televisiva, etc., o no quiere decir la posta posta, o la respuesta es horrorosa, o quiere desviar la atención para que no miren lo que sus cómplices están haciendo, etc., este adminículo le brinda la solución.
Su funcionamiento es tan simple que hasta un publicista lo puede manejar, incluso Gaby Ruedas o el mismísimo...el mismísimo.
Es un novedoso aparato Respondedor de uso casero que ayuda a eliminar las contradicciones y las imperfecciones de las respuestas, gracias a la combinación de frases automáticas brindadas por el diccionario aleatorio sintético y la discursoterapia activa (sistema de succión de discusiones). Estimula además la producción natural de excusas.
Con Respondedor PRO 9.0 ayudás a eliminar opositores y preguntas incómodas varias,  operaciones políticas, marcas del lavado de dinero, minimizando el esfuerzo intelectual hasta hacerlo casi desaparecer,  removiendo argumentos y residuos populistas.
El Respondedor PRO 9.0 tiene el tamaño ideal para llevarlo en el bolsillo sin que se note y su auricular inalámbrico lo hace indetectable para las cámaras. 
¿Cómo funciona? Cuando concurra en calidad de invitado a algún programa, o tenga que brindar una conferencia de prensa,  pedido de informes, etc., encienda su Respondedor PRO 9.0. Cada vez que le hagan una pregunta el dispositivo (que se activa con la voz del oponente) lanzará una respuesta automática que ud. escuchará con toda claridad por medio del auricular correspondiente. Solo queda entonces repetir esa respuesta ante el micrófono. 
Por ejemplo:
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Entrevistador: "-El desempleo ha aumentado desde el 10 de diciembre
Respondedor: "-Es la pesada herencia"
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Opositor: "-Han duplicado la deuda externa en menos de diez meses"
Respondedor: "-Dejaron bombas por todos lados"
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Entrevistador: "-Cambiemos desató un tarifazo salvaje sobre la ciudadanía"
Respondedor: "-Se robaron todo"
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Opositor: "-Uds. han desarticulado el plan de salud primaria en plena epidemis de dengue"
Respondedor: "-Es el sinceramiento de la economía"
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El Respondedor le entrega a toda velocidad una respuesta que no requiere verificación y suspende el debate. Y lo más importante, desvía la atención hacia temas irrelevantees o periféricos que no tienen nada que ver con la discusión central.
El Respondedor PRO también tiene un set de respuestas para el ciudadano PRO uomo qualunque que se ve increpado por un argumento que debe contestar.
Por ejemplo:
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Increpador: "-Macri tiene empresas offshore desde antes de ser presidente"
Respondedor: "-Garrálapala"
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Increpador: "-Michetti está imputada por el dinero de una fundación que no tenía empleados, ni balances, ni nada de nada."
Respondedor: "-Si podés pagar un celular de 4000 pesos, podés pagar el aumento de la luz"
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De nuevo el Respondedor entrega una respuesta automática que el ciudadano solo debe reproducir con su aparato fonador. Rápido y sencillo. Si quiere mantener actualizada su base de datos de respuestas automáticas, conecte su Respondedor PRO 9.0 al Centro de Respuestas Automáticas PRO 9.0 usando una simple red wifi.
¡Llame ya!
A las primeras cien personas que llamen les regalaremos el Mutador de Respuestas Automáticas PRO 9.0. Si ud. duda de su capacidad de usar sinónimos este complemento añadido al Respondedor PRO 9.0 le otorga infinitas variantes de la misma respuesta. No se tome el trabajo de pensar. El Respondedor PRO 9.0 contesta por ud.

lunes, 18 de febrero de 2013

ANIMISMO TECNOLÓGICO

Hay personas que profesan el animismo tecnológico. Esta arbitraria afirmación deja de serlo cuando por algún tipo de castigo divino o penitencia a cuenta nos toca aguardar en la cola de un cajero automático.
Ahí puede observar el impaciente investigador la conducta que confirma la adhesión del sujeto usuario a esa creencia que indica que las cosas están dotadas de alma y uno debe venerarlas y temerles.
Por ejemplo, esa coqueta mujer de más allá de la mediana edad que, provista de un par de anteojos que no deja de acomodar sobre la nariz correspondiente, intenta descifrar las consignas que pérfidamente le plantea la máquina contadora: “¿Desea realizar otra operación?” es una pregunta que convierte a la señora en una estatua de sal. Vemos que sus manos tiemblan y en la nuca brilla una gota de sudor causada por el miedo que le infunde el artilugio que tiene enfrente.
Reacomoda su billetera, levanta el papel que certifica la operación anterior, revisa a un costado y a otro del cubículo, vuelve a mirar la pantalla, y con un dedo tembloroso, presiona “No”. Entonces la máquina infernal escupe la tarjeta de una buena vez por todas pero la señora no se ha dado cuenta y espera que el ingenio le extienda el plástico en mano. No advierte la asustada mujer que en la ranura a la derecha de la pantalla una luz verde titila desesperadamente y un pitido intermitente perfora los oídos de toda la fila.
Nunca volverá la cabeza en busca de ayuda, en parte por la mentada inseguridad pero también por la vergüenza de confesar una imposibilidad tecnológica. Hasta que, luego de un largo minuto caerá en la cuenta del mecanismo. Extraerá la tarjeta y, aún todavía, permanecerá frente al cajero otro minuto guardando sus enseres.
Trata de recuperar el ritmo cardíaco normal ayudada por un comentario a media voz “-Cajero de mierda”
La fila que aguarda chocha de la vida, te digo.
La dama se retira y calculo que siente en su espalda la mirada furibunda de la multitud.
Pero ¡oh suerte! Frente al cajero se ubica ahora un señor con un manojo de facturas de servicios. Es obvio que desea pagarlas a través del aparato. Y es evidente además que intenta semejante hazaña quien apenas puede con su celular antiguo y vetusto que todavía lleva el logo de “Movicom”. Quiere volar pero aún no sabe caminar. Lo que todos en la fila sospechamos, dado el despliegue gestual del aludido frente al teclado del mecanismo bancario.
Acierta a colocar la tarjeta en la posición correcta y además, emboca la contraseña. Pero aguarda una magia que no ocurrirá: debe confirmar el password en la pantalla pero no consigue establecer la relación entre las palabras y el acto de presionar el ícono verde que por fin lo dejaría entrar al universo del cajero.
Como se demora, alguien le sopla “-Señor, tiene que apretar el botón verde”. Y el señor busca con desesperación el botón verde que tiene en la pantalla pero que él supone se esconde en algún rincón del cajero. Y sí, está ahí, al ladito mismo de la mano y dice “Anotación” pero el color verde del mismo no lo convence. “-A ver si meto la pata meto”. Alguien de la fila se acerca y le indica “-Ése” y el señor por fin mete el dedo en la pantalla y ahí está una nueva pesadilla en forma de menú de opciones.
El señor comprende que el asunto está más allá de sus fuerzas y exclama “-Cajero de mierda, mejor voy a un Pago Fácil” e intenta recuperar la tarjeta que ahora tiene el cajero en sus entrañas. Y ahí aparece el segundo problema: ¿cómo carajo se hace eso? Otra vez la mano amiga de la fila señala la tecla “Cancelar” y el señor obtiene la tarjeta y, de acuerdo a su semblante, la libertad.
El camino se despeja para la fila que ve con beneplácito como tres, cuatro clientes meten los dedos a toda velocidad, obtienen su satisfacción garantizada o le retenemos su dinero y se van tan contentos.
El paraíso mismo che.
Pero lo bueno dura poco. Exactamente el tiempo que media entre esta visita al cajero y la nueva visita que hacemos unas horas más tarde en otra entidad bancaria.
Comprobamos que hay nuevos obstáculos para añadir al calvario: una mujer de similares características a la descripta con anterioridad aguarda su turno. “-Otra vez no, por Tutatis” pensamos, maldita la suerte perra dos veces en el mismo día en diferentes cajeros y la misma sopa.
Pero la señora nos da una sorpresa. Se mueve con agilidad y con precisión busca y encuentra las opciones correspondientes. Todo camina sobre ruedas hasta la fase final. La fatídica fase final. Se sabe que los comerciantes no desperdician oportunidad para vender sus porquerías y los bancos son, al fin y al cabo, comerciantes. Entonces aprovechan que el atribulado consumidor está usando el cajero para intentar venderle un seguro contra robos en el propio cajero. Linda manera de levantarle a uno el ánimo. Y el momento que eligen para semejante faena es el punto en que, al culminar la operación solicitada el aparato escupe la tarjeta y nos da las gracias.
El tiempo en que la tarjeta es expulsada ya está grabado en el marote de cada usuario de forma tal que, cuando esa operación no ocurre, cuando nada pasa, esperamos lo peor: el cajero por algún misterioso complot nos ha retenido la tarjeta. El pánico se apodera del nosotros, en este caso de la señora que, pese a su solvencia técnica presiente que algo hizo mal y por eso su tarjeta no sale de la entrañas de la máquina. “-Pero si yo hice todo bien ¿qué pasa?” conjetura para su coleto la dama. Se castiga a si misma por no haber anotado el número ése que cuando uno está por usar el cajero le avisa que ante cualquier inconveniente llame al teléfono etc. “-Puta madre” piensa la señora aunque no lo dice en voz alta. “-Cajero de mierda”.
Entonces advierte que en la pantalla hay una pregunta nueva. Una pregunta que es una oferta de venta de servicios. En una ominosa y larga oración el banco le ofrece el seguro del cajero y al fondo a la derecha pone dos botones: uno verde y uno rojo. Verde que implica contratar el seguro y rojo que no. Botones similares a los que se usan cuando uno quiere terminar con los trámites del cajero. La señora lee y, luego de dos largos minutos comprende que le quieren vender algo y que ella no desea comprar nada. Entonces observa que los botones de la pantalla tienen mensajes distintos a los habituales. El verde indica “¿Desea contratar el seguro ahora?” y el rojo “Hacerlo en otra ocasión”. Obsérvese que no existe la opción de “Métanse el seguro en el orto” o sea, no quiero comprar una mierda.
La señora indica que no quiere seguro ahora y ahí, por fin, el cartel de “No quiero realizar ninguna otra operación con este cajero de mierda que encima me quiere vender porquerías”. La señora finaliza su safari, extrae la tarjeta y se va puteando, ahora sí, a un volumen más que audible.
Lo dicho, animismo puro.
Y nosotros en la fila. Como Marat en su bañadera.

lunes, 14 de noviembre de 2011

ESPERÁ SENTADO

¿Sabés hace cuánto que escucho este cantito?
Muchachos, nada puede reemplazar el momento, cuasi erótico, en que las manos abren el libro y los anteojos se echan a correr por las líneas que alumbran universos (acá le afané a Cortázar redondamente).
Ya lo han matado tantas veces y sigue ahí tan campante.
Ni siquiera la mala literatura lo pudo asesinar, mucho menos un E-Book.
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martes, 11 de octubre de 2011

¿Y QUÉ TIENE DE MALO?

Aprender con "tizas, pizarrón, manuales y láminas" no tiene nada de malo. Es cierto que hay que incorporar formación en tecnología, estética, análisis del mensaje publicitario, análisis de medios escritos y audiovisuales, cine, etc., pero eso no desplazaría a las "tizas, pizarrón, manuales y láminas". Porque no todo se puede enseñar mediante una computadora. Digo, de pronto, me parece.
Otra cosa es aprender sólo con "tizas, pizarrón, manuales y láminas". Ese es otro cantar.
Ya lo hemos dicho aquí: una PC no hace milagros y no vamos a cambiar un fetiche por otro.
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jueves, 17 de marzo de 2011

Y SI, ALGO TENÍA QUE DECIR, CUCHAME...

La pitonisa no podía estar ausente en este asunto.
Y no nos defraudó.
Con Uds. ella:
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Lo meten en cada merengue a dios...
Yo, si fuera dios, pediría derecho a réplica.