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No hay relación directa alguna entre la incorporación de PCs e Internet en la escuela y una mejora sustancial de la educación. Ese vínculo no se verifica porque, aquí entre nosotros, no existe. Parece que uno se pone a declamar obviedades, pero es necesario decir en estos tiempos de fetiches tecnológicos que la computadora e Internet son herramientas. Ni más ni menos. Y sirven como éso, como herramientas.
Todo el resto es el uso que se haga (o no) de esas herramientas en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Otro dato insoslayable (¿también obvio?): para que la PC e Intenet sirvan para algo es necesario primero, ante todo, usar el cerebro. Si. Esa antiguedad tan pasada de moda. ¿En qué me baso para semejante afirmación? En mi propia y evidente brutalidad. Resulta ser que mis capacidades tecnológicas no son descollantes, programador medio pelo, con una que otra maña "tech" aprendida de tanto transitar el mundo virtual. Para mi Internet es una herramienta fundamental y logro ubicar en ella cientos de datos, informaciones, fuentes directas, etc.,etc. ¿Encuentro esas cosas porque soy un as de la red? No. En absoluto. Tengo éxito buscando porque ¡oh sorpresa! poseo una formación anterior obtenida en un espacio tan prosáico como un aula.
Así nomás, con pizarrón, uno que otro mapa y ante todo, un profesor. Las habilidades básicas que pongo en juego para que Internet sea una herramienta útil las obtuve en otra parte.
Es evidente que se desarrollan competencias diferenciadas si uno usa como soporte una herramienta u otra, pero esas capacidades en torno al instrumento no garantizan otra cosa que aprender a manejarlo. De ahí a que sirva para mejorar la educación hay un paso enorme que tiene que ver con cosas muy distintas.
Creer que por instalar una PC, brindar acceso a Internet o facilitar netbooks, la educación mejorará por arte de chip es un error. Un tremendo error.
La mejora pasa por un abordaje profundo del proceso educativo, su reconsideración, un análisis serio y riguroso de todas las instancias involucradas (en donde la investigación educativa debería ser protagonista), una revisión desapasionada de la formación docente, y ante todo, retomar la discusión acerca de los fines de la educación, o sea, la imprescindible política educativa que unifica los esfuerzos buscando uno o varios objetivos.
Pensar que una herramienta resolverá todos los problemas es una simplificación peligrosa y con poco futuro.