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lunes, 16 de mayo de 2016

SÍMBOLOS

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Al final de una celebración, en el pueblo de Guadamur, en Toledo, España, proyectaron dos fotografías enormes: la de Francisco Franco y la de Heinrich Himmler. Creo que no necesito explicar quiénes son los proyectados. Por supuesto se desató la polémica con las derivaciones de rigor en estos casos: pedidos de explicaciones, explicaciones a medias y cosas por el estilo. Digamos, la burocracia de la indignación que deriva en los resultados esperados: un laberinto de comisiones y análisis que nunca obtienen respuestas.
Pero el asunto es el consenso tácito que alienta a que alguien piense que proyectar las imágenes de Franco e Himmler no está del todo mal. Que de una buena vez habría que revisar lo dicho de esos personajes y poner en cuestión sus notorias hazañas como dictadores y carniceros impiadosos de la humanidad.
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Y aunque Guadamur está lejos de Argentina, lo que está ocurriendo en nuestro país va en la misma dirección. El mismo viento que empuja la vela de los que ensalzan la esfigie de dos asesinos es el que impulsa a personajes como el ministro de trabajo Jorge Triaca (h) a concurrir a la misa en memoria del represor de la ESMA Miguel Ángel Agea, o promueve la reunión del secretario de derechos humanos de la Nación con Celtyv (Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas) en donde revistan defensores de genocidas notorios y públicos. Quizás también sean los mismos vientos que mueven a cierta porción de la justicia a favorecer a Cecilia Pando (defensora de genocidas también ella) condenando a la revista Barcelona a pagarle una indemnización y al ministro de justicia y derechos humanos Germán Garavano a reunirse en secreto con la señora Pando (encuentro del que no conocemos el contenido aunque lo sospechamos).
Ninguno de estos hechos es una excepción. No son apariciones súbitas en el horizonte del país. Son fenómenos emergentes, objetivaciones visibles de cierto consenso que recorre la sociedad desde siempre y que ahora aparecen a la luz del día de la mano de un gobierno que los resume: los genocidas no son tan genocidas, hubo una guerra, los desaparecidos están en Europa, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo son viejas locas llenas de resentimiento, etc.
Ese arsenal de prejuicios siempre estuvo a pesar del esfuerzo por verdad y justicia desplegado por una parte nada despreciable de la población. Estaba esperando una oportunidad para mostrar su feo rostro. Y ese momento es ahora, de la mano de un gobierno que quieren borrar el pasado que involucra a muchos de sus funcionarios y sostenedores en los crímenes denunciados.
Esos prejuicios son alentados sotto voce por la adminitración Macri como fundamento de su proyecto político. Sus acciones, su estrategia de gobernabilidad consiste en alentar los atavismos reaccionarios de la sociedad para conformar con ellos un corpus dogmático que anule el análisis y permita el control social por fuera de la racionalidad. 
De esa forma muchas medidas de gobierno con efectos negativos sobre la sociedad se convierten en necesarias e imprescindibles de la mano de los prejuicios recubiertos con una retórica new age.
En el fondo todos los regímenes de derecha contienen el mismo dispositivo mítico: se anclan sobre los prejuicios de la población para extraer beneficios económicos, fundando la dominación en una mitilogía de lugares comunes que están en la estructura psíquica del sujeto social y que legitiman el status quo. Ese apego a los mitos fundantes es irracional, por eso mismo, desmontar la espoleta de esa bomba es muy complicado dado que el sujeto así conformado es cuasi impermeable a los argumentos racionales.
Guadamur está en España pero lo que ocurre allá está muy cerca de ocurrir acá. No pasará mucho tiempo para que las imágenes de los genocidas vuelvan a aparecer de la mano de sus defensores pidiendo reconocimiento y honores.
Y no faltarán tampoco las manos que aplaudan la reposición de algunos cuadros.

lunes, 2 de febrero de 2015

jueves, 30 de octubre de 2014

LUEGO DEL ANALFABETO POLÍTICO LLEGA EL ANALFABESTIA POLÍTICO

Uno a veces cree que nada puede empeorar. Que el Analfabeto Político resume en su figura toda la degradación racional y moral que proviene del usufructo de lugares comunes que se conectan al arsenal de prejuicios del sujeto y que aparecen cuando algo o alguien aprieta el botón de play.
Pero no. El asombro puede asombrarse. Porque hay algo peor que un Analfabeto Político: el Analfabestia Político.
El Analfabestia Político, además de la pereza intelectual del Analfabeto Político, tiene la pretensión de analizar la situación en términos pseudo-sociológicos con los que intenta encubrir la supina confusión que inunda su mirada y -más que nada- los prejuicios que transforma en conceptos erróneos plagados de peticiones de principio.
Va un ejemplo de lo que el Analfabestia Político desparrama por ahí:
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Pasemos por alto -piedad, por favor, piedad que es Analfabestia- el error de confundir "estatus" con "clases" como si fueran la misma cosa y pertenecieran a paradigmas similares.
Concentrémonos en la caracterización de los nuevos "estatus". Más que nada en el "estatus" número 1. La parquedad del análisis en ese punto es revelador. Sobre la "clase alta" no hay nada que decir. El que escribe un mamotreto como el mostrado no considera que ahí haya algún problema. Que esa "clase alta" tenga algo que ver con la situación de las dos que siguen. Que merezca algo más que una mención. Gracias Barthes, lo que no se dice dice mucho.
Los dos puntos que siguen expresan una agenda que es en parte los prejuicios del que piensa así y un poco la postura de los medios concentrados que abonan esos preconceptos. No me resisto a indicar que "los que no trabajan" son en realidad desocupados, y anónimo los sindica como "vagos". La "nueva clase media" mantenida por el "gobierno". Le faltó poner "negros de mierda", pero le pareció demasiado.
El punto tres es desopilante. Primero porque se considera a sí mismo (porque habla en tercera y penosa persona pero podría hacerlo en primera persona y confesarse) el único que trabaja, gente decente bah. Y además porque está convencido de que a él no lo "mantiene el gobierno". Lo del "tumbe" es delicioso ¿no me digan?. Quizás apenas salió de pobre o quizás lo es, pero su identificación con los intereses de la clase dominante le hace creer que sus problemas son los problemas de esa escueta "clase alta" que mima y añora, y además defiende, con su silencio y omisión.
No vamos a decir nada nuevo: el asunto es la vieja falsa conciencia de clase que mentó el barbudo Marx hace ya mucho tiempo y que, como podemos comprobar, sigue vivita y derrapando.
Añadamos que esta porquería circula por Fachobuk, como para comprender el contexto.
Señores, con Uds. el Analfabestia Político.