sábado, 6 de julio de 2013

PORQUE LOS POBRES, DETALLES MÁS, DETALLES MENOS, SON SERES HUMANOS

He visto propagandas cínicas.
Pero para superar esto habrá que andar mucho.
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Les faltó poner: "tengo un amigo pobre"

viernes, 5 de julio de 2013

LA MALDICIÓN DE LOS ZOMBIS

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Ayer, encerrado en casa disfrutando de una tos que insiste en quedarse, tuve la peregrina idea de pegarle una mirada (on line) a la nueva película de Brad Pitt "Guerra Mundial Z". Por supuesto, la versión que encontré había sido grabada en una sala de cine y se escuchaban las voces de los grabadores. Bastante bizarro el asunto te voy a decir.
Decía, intenté verla pero no pude pasar de los veinte primeros minutos. Por que me sentía bastante mal y porque las películas con zombis (al igual que las de vampiros fashion) me tienen un poco cansado. Entonces, a pesar de la profusión de escenas de acción y al abrumador depliegue de efectos especiales, me aburrí.
Pero algo me quedó en la cabeza.
Hubo una escena que me impresionó. No por su intensidad o solvencia actoral sino por la metáfora subyacente.
Paso a describir el asunto: Brad Pitt y su familia han descendido de su vehículo. Se observa en la calle que la gente escapa, huye aterrada. Lo que asusta a las personas está ahí detrás, en el horizonte que por ahora no se alcanza a ver.
Pitt saca a su familia del auto y les indica que tienen que correr. Pero él se queda mirando a un señor, un señor muy clase media, remerita y camperita haciendo juego, saludable como protagonista de comercial de Colgate. Como él, el tipo huye de la hecatombe que se avecina.
El aludido señor observa un instante hacia atrás, luego sube al vehículo e intenta darle arranque. En ese momento un zombi (creo que mujer, lo que reforzaría lo que estoy a punto de decir) se estrella contra el parabrisas, lo atraviesa y muerde al señor.
Pitt no se pierde detalle de la situación, siempre está observando, esto hay que tenerlo en cuenta.
El mordido cae aparatósamente del automóvil y en un primer momento, estira la para con el mayor éxito. Pero luego, en medio de una contracción general del cuerpo, resucita, esta vez convertido (como todos sospechan) en un zombi que a su vez ataca a otro vehículo. Y así ad nauseaum.
Ahora hagamos la exégesis correspondiente.
Pitt es testigo de una metamosfosis prodigiosa: un tipo común y silvestre, el sujeto por antonomasia que ensalza la publicidad de casi cualquier cosa, inofensivo, incapaz de hacerle mal a nadie es inoculado vía mordida con un agente patógeno que lo transforma en una amenaza.
Calculo que ya se habrán dado cuenta del rumbo de esta pequeña reflexión apresurada.
Podríamos resumir la conclusión de esta manera: cualquier sujeto es una amenaza, incluso los que no parecen ser una amenaza. El mal puede inocularse en el tipo más bonachón del planeta y convertirlo en una máquina asesina. Póngale Ud. al patógeno citado el nombre que quiera: mordida de zombi, ideas revolucionarias, fanatismo religioso, etc. Cualquiera de estos factores puede hacer que cualquiera se vuelva peligroso, a punto tal que la única salida es exterminarlo.
Para evitar el daño que pueda causar y, menudo detalle, el contagio.
En cualquier lugar puede estar el enemigo: no solo bajo la forma de un tipo armado hasta los dientes trepado a una camioneta apuntándonos con su AK47. No, también en la casa de al lado en la persona de un señor que cumple con todas sus obligaciones, es un esposo fiel y padre amoroso que puede ser inoculado con algún peligroso virus.
Hay que sospechar de todos dado que cualquiera es un enemigo mortal en potencia. Por supuesto, la vigilancia está plenamente justificada: puesto que el otro es un un peligro latente, aunque ahora nos de la mano y pregunte por nuestra familia, se hace imprescindible controlarlo, espiar su intimidad, vigilarlo y tratar de descubrir sus motivaciones íntimas, diseñando escenarios de respuesta por si se vuelve un enemigo.
Porque todos, absolutamente todos, son zombis en potencia.
Por eso hace falta la mirada panóptica superpoderosa que nos permite estar a salvo. Incluso de nosotros mismos.
Dije que hablaría de una metáfora.
Eso he hecho.
Cualquier parecido con la realidad, etc...

LA NENA

En San Carlos, Mendoza, hay una localidad perdida en la inmensidad, a la que uno llega, si tiene ganas, por la legendaria Ruta 40, camino a la Laguna del Diamante, en la localidad de Pareditas. Digo si tiene ganas porque Los Alamitos está a 80 km. de la primera ruta pavimentada.
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En Los Alamitos los rigores del clima y las distancias marcan a fuego la vida cotidiana.
En medio de esa soledad, está la Posta Sanitaria N°553, nombre burocrático y anodino que no alcanza para describir el alcance y las funciones que despliega.
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Y al frente de la Posta Sanitaria está La Nena (el cronista que me contó esta historia dice que ella le pidió que la llamara así "-Me hace más joven" dijo con coquetería). La Nena vive con su esposo en ese paraje solitario y se encarga, entre otras cosas, de mantener al día el calendario de vacunación de los niños de la zona, desparramados a lo largo y ancho de la eternidad del paisaje. Tiene fichas actualizadas de cada uno de los pibes (con lo que eso significa en un lugar en donde las comunicaciones son complicadas o imposibles).
La Nena sale a recorrer las casas de los habitantes a lomo de burro, sin que la lluvia, el viento, el calor o cualquier accidente climático puedan detenerla.
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La Nena es la que está de espaldas
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Según cuenta el cronista, la salud de los pobladores, teniendo en cuenta las circunstancias, es muy buena. Y la responsable del asunto es La Nena que dedica su tiempo y esfuerzo para que eso pase. Ahí, en donde la mirada del mundo no llega, La Nena pone en acto la máxima existencialista: si un valor no está siendo no es.
La Nena lo sabe, lo intuye. Allí el derecho a la salud sería solo un enunciado si ella no trepara al burro para enterarse cara a cara sobre la situación de los habitantes de Los Alamitos.
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Y de todo eso se enteraba el contador mientras La Nena cocinaba un locro que le dejó un recuerdo imborrable.
Cuando al final tuvieron que despedirse hubo abrazos, lágrimas y palabras.
Ya se sabe que las despedidas son complicadas, y despedirse de Los Alamitos y de La Nena no podía ser una excepción.
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Cuenta el cronista (vuelvo a decir que no soy yo, que apenas repito lo que me contaron) que se le cruzaron por la cabeza esas historias que nadie conoce y que sería indispensable mostrar. 
Mitad para recuperar la confianza en la humanidad.
Por eso me animo a estas palabras que sirven más que nada para nombrar a La Nena, Los Alamitos y la generosidad que los desborda. Y para disfrutar las fotos que lo merecen, créanme.
También para desmentir a esos pavorosos mutantes que promocionan valores como si éstos fueran una entelequia vaporosa que por milagro nos hará más buenos, más humanos.
Para ser más bueno hay que ser bueno, hay que estar siéndolo. Como La Nena.
La Nena de Los Alamitos, que ahora es un poco menos anónima.
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El Cronista y Fotógrafo es él.
Por lo tanto los agradecimientos del caso le pertenecen.

jueves, 4 de julio de 2013

EL CLÁSICO DEL DOMINGO

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TODOS VAMOS A MORIR RECONTRAMUERTOS

Obsérvese el recorte.
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Léase el artículo: comprobará el leyente que la supuesta coincidencia colectiva es nada más ni nada menos que la opinión de uno solo de los asistentes. Eso no disculpa las barbaridades que dijeron los otros, eso sí.
¡Ah! también el titular que indica "piden" es un engañapichanga. El que pide es uno solo, otro, no el de antes.
Por Tutatis.
Sobre los gruesos errores teóricos de los "sociólogos" mejor no hablar o me da urticaria.

NOSOTROS NO NOS ENSUCIAMOS LAS MANOS CON UN INDIO DE MIERDA

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¿Qué, no le creen?
Tienen cola de paja.

miércoles, 3 de julio de 2013

¿CON QUÉ SE MAMA?

Cambienle el remedio o por lo menos bajen la dosis.
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"Se ha elegido, además, privilegiar el proyecto egoísta de vida de adultos dispuestos a ejercer una autonomía que no reconoce límites".
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Insisto, tienen que cambiarle la medicación.