viernes, 5 de julio de 2013

LA MALDICIÓN DE LOS ZOMBIS

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Ayer, encerrado en casa disfrutando de una tos que insiste en quedarse, tuve la peregrina idea de pegarle una mirada (on line) a la nueva película de Brad Pitt "Guerra Mundial Z". Por supuesto, la versión que encontré había sido grabada en una sala de cine y se escuchaban las voces de los grabadores. Bastante bizarro el asunto te voy a decir.
Decía, intenté verla pero no pude pasar de los veinte primeros minutos. Por que me sentía bastante mal y porque las películas con zombis (al igual que las de vampiros fashion) me tienen un poco cansado. Entonces, a pesar de la profusión de escenas de acción y al abrumador depliegue de efectos especiales, me aburrí.
Pero algo me quedó en la cabeza.
Hubo una escena que me impresionó. No por su intensidad o solvencia actoral sino por la metáfora subyacente.
Paso a describir el asunto: Brad Pitt y su familia han descendido de su vehículo. Se observa en la calle que la gente escapa, huye aterrada. Lo que asusta a las personas está ahí detrás, en el horizonte que por ahora no se alcanza a ver.
Pitt saca a su familia del auto y les indica que tienen que correr. Pero él se queda mirando a un señor, un señor muy clase media, remerita y camperita haciendo juego, saludable como protagonista de comercial de Colgate. Como él, el tipo huye de la hecatombe que se avecina.
El aludido señor observa un instante hacia atrás, luego sube al vehículo e intenta darle arranque. En ese momento un zombi (creo que mujer, lo que reforzaría lo que estoy a punto de decir) se estrella contra el parabrisas, lo atraviesa y muerde al señor.
Pitt no se pierde detalle de la situación, siempre está observando, esto hay que tenerlo en cuenta.
El mordido cae aparatósamente del automóvil y en un primer momento, estira la para con el mayor éxito. Pero luego, en medio de una contracción general del cuerpo, resucita, esta vez convertido (como todos sospechan) en un zombi que a su vez ataca a otro vehículo. Y así ad nauseaum.
Ahora hagamos la exégesis correspondiente.
Pitt es testigo de una metamosfosis prodigiosa: un tipo común y silvestre, el sujeto por antonomasia que ensalza la publicidad de casi cualquier cosa, inofensivo, incapaz de hacerle mal a nadie es inoculado vía mordida con un agente patógeno que lo transforma en una amenaza.
Calculo que ya se habrán dado cuenta del rumbo de esta pequeña reflexión apresurada.
Podríamos resumir la conclusión de esta manera: cualquier sujeto es una amenaza, incluso los que no parecen ser una amenaza. El mal puede inocularse en el tipo más bonachón del planeta y convertirlo en una máquina asesina. Póngale Ud. al patógeno citado el nombre que quiera: mordida de zombi, ideas revolucionarias, fanatismo religioso, etc. Cualquiera de estos factores puede hacer que cualquiera se vuelva peligroso, a punto tal que la única salida es exterminarlo.
Para evitar el daño que pueda causar y, menudo detalle, el contagio.
En cualquier lugar puede estar el enemigo: no solo bajo la forma de un tipo armado hasta los dientes trepado a una camioneta apuntándonos con su AK47. No, también en la casa de al lado en la persona de un señor que cumple con todas sus obligaciones, es un esposo fiel y padre amoroso que puede ser inoculado con algún peligroso virus.
Hay que sospechar de todos dado que cualquiera es un enemigo mortal en potencia. Por supuesto, la vigilancia está plenamente justificada: puesto que el otro es un un peligro latente, aunque ahora nos de la mano y pregunte por nuestra familia, se hace imprescindible controlarlo, espiar su intimidad, vigilarlo y tratar de descubrir sus motivaciones íntimas, diseñando escenarios de respuesta por si se vuelve un enemigo.
Porque todos, absolutamente todos, son zombis en potencia.
Por eso hace falta la mirada panóptica superpoderosa que nos permite estar a salvo. Incluso de nosotros mismos.
Dije que hablaría de una metáfora.
Eso he hecho.
Cualquier parecido con la realidad, etc...

3 comentarios:

Iris van Kirsten dijo...

nada como sembrar el miedo para acabar con la solidaridad...

Moscón dijo...

Es mas,uno mismo puede ser la porquería contagiada mala e inconciente de sus actos y por lo tanto debe ser tutelado/a,observado/a y en caso necesario,puesto en cuarentena.

ram dijo...

Mire, Dormi, al final este tipo de cine yanqui es inofensivo, es demasiado pelotudo (pelotudez que tanto efecto especial deschava más y mejor).
¿Quiere algo peor?. Péguele una mirada a un programa de NatGeo, Discovery (alguno de ésos) sobre los "supervivencialistas", una fauna yanqui de chiflados peligrosos que esperan el "fin del mundo", juntando morfi y, especialmente, chumbos y municiones; son maravillosos aunque no tan bonitos como el Brad Pitt y muuuuucho más brutos y jodidos.
Y reales, de existencia concreta, de paranoia y armamento presente.
Imagine, no falta mucho, más bien nada, en que uno de éstos (o su simpática mentalidad) llegue a un puesto de decisión...