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viernes, 28 de octubre de 2016

LA CHANCHA, LOS VEINTE Y LA MÁQUINA DE HACER CHORIZOS

No solo piden aumento de tarifas. Además quieren que la sociedad se haga cargo de sus deudas. No sé porqué me suena conocido. Así cualquiera hace "negocios".
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Y no solo quieren que les paguemos las deudas sino que además el asunto quede asentado en el presupuesto 2017. Y no lo están pidiendo, lo exigen. Presionan y reclaman. Yo no sé en qué país me desperté.
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Está muy claro que con esos vampiros nos quedamos cortos. Era necesaria por lo menos la expropiación por incumplimiento reiterado del servicio, para empezar. Nunca hay que hacerle caso a las bellas almas. Siempre van a estar en contra.

jueves, 4 de agosto de 2016

¿ASI QUE NO FORMAMOS PARTE DEL ESTADO? CON RAZÓN

Dice la definición clásica de "Estado": "Comunidad social con una organización política común y un territorio y órganos de gobierno propios que es soberana e independiente políticamente de otras comunidades". Comunidad, o sea, sociedad, o sea, nosotros. Tenemos claro el primer punto.
Vamos al segundo punto: los recursos de esa comunidad (aunque parezca una verdad de perogrullo) pertenecen a la comunidad. Son individuales, pero por definición son propiedad de esa comunidad. 
Dicho lo anterior leamos el recorte que viene:
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El señor Emilio Apud que se dice "ingeniero" y "ex-secretario de energía y minería" (asumió el 12 de marzo de 2001 y renunció el martes 20 de marzo de ese mismo año, gestión López Morfi), actualmente director representante del Estado en YPF (o sea, de todos), dice que "llevará tiempo que la sociedad entienda que no puede vivir por encima de sus posibilidades a costa del dinero de todos."
Resulta ser que los subsidios a los que este personaje alude provienen del dinero del estado, estado que es una "Comunidad Social", o sea, hablamos de los recursos de la sociedad, que le pertenecen y por lo tanto, no existe la falsa dicotomía: sociedad-dinero de todos. Son términos que por definición ocupan el mismo espacio. La Comunidad Social es la propietaria de los recursos sociales, de la riqueza social que genera. Cuando por una política de gobierno se decide asignar esos recursos a subsidiar el uso de los servicios básicos no estamos "viviendo por encima de sus posibilidades a costa del dinero de todos". Hay una decisión política que consiste en distribuir de ese modo el ingreso (que es riqueza social, o sea, de la Comunidad Social, o sea, del Estado). No hay ningún robo, ni confiscación, ni a nadie le están "extrayendo dinero" para mantener "vagos". Es una política de estado, y el estado que es una comunidad social decide vivir como quiere y ejecuta políticas al respecto.
No hay "derroche populista". Existe una decisión comunitaria que mediante sus opciones políticas favorece la redistribución del ingreso. Pero de ninguna manera alguien vive "por encima de sus posibilidades". Esto ocurriría si no contara con los recursos para alcanzar niveles de vida más confortables. Pero en nuestro país, eso no ocurre.
El engañapichanga consiste en postular que la riqueza social corresponde al patrimonio individual. De ninguna manera. La Comunidad Social, que conforma el Estado, es la depositaria de esos recursos. Cuando un gobierno cambia la pauta distributiva y deriva los recursos de la comunidad social a un solo sector entonces estamos ante una confiscación. Justo ahí y no antes.
El prójimo colectivo es la Comunidad Social que decide ésto o lo otro, y no es el imaginario popular el que identifica Comunidad Social con Estado. Por definición el Estado es una Comunidad Social. No es un postulado "populista" o demagógico. Es un concepto básico de las ciencias sociales.
El último subrayado no merece elucidación, dado que es la manifestación de un prejuicio bajo la forma de argumento. Una simple petición de principio sin mayor asidero que una concepción violenta de la política y elitista de la política.
Claro, Emilio Apud hace juego con La Nación (que le debe al Estado, o sea, a la Comunidad Social, la friolera de 400 millones de pesos, y aquí sí hay una extracción de riqueza, de la riqueza de la comunidad que mediante la complicidad de la Corte Suprema no devuelve en forma de impuestos). Y ya se sabe, La Nación...

viernes, 19 de febrero de 2016

SI SEÑÓ, HACE FALTA MANO DURA

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Por supuesto que hace falta mano dura. Incluso tolerancia cero. Con los fondos buitres, con el FMI, con el Banco Mundial, con EE.UU. más que nada, con el mamón embajador del país antedicho en Argentina, con la embajada de Israel y su personero, con los cipayos que visitan ambas embajadas para llevar chusmerío nacional en genuflexión permanente, con los formadores de precios, con las empresas de servicios privatizadas, con los bancos extranjeros y nacionales, con las empresas transnacionales que se llevan la tarasca afuera, con las empresas nacionales monopólicas que se llevan la tarasca afuera, con los formadores de precios que se afanan el esfuerzo de unos y otros, con las prepagas, con el ministerio del pensamiento (de modernización), con todo este listado que con esfuerzo estamos armando, con la iglesia católica que se hace la boluda, con las iglesias evangélicas que apoyan a Macri, con al partido judicial, con Clarín y sus cómplices, con los periodistas que apoyan esta reorganización nacional, con la clase media que se cree la última coca cola del desierto, con coca cola, con las fuerzas de seguridad en todos sus escalafones, en fin. Mano dura con tantas instituciones y gentes decentes que no me alcanzaría el cuerpo del post ni los dedos ni la memoria para enumerarlos a todos.
Con todos ellos mano dura, inflexible, taxativa. Sin piedad ni espacio para apelaciones y descargos. Sin consideración alguna, sin buenos modales ni civilidades forzadas, apenas con la formalidad necesaria para que se den por enterados. Apenas y con suerte.
Me dirán autoritario. Dale.
Me dirán dictador. Dale.
De todas formas han dicho esas cosas aún cuando hubo toda clase de suavidades y tibiezas para que se sintieran, ponele, tenidos en cuenta.
Si se van a quejar, que se quejen con motivos. Porque de una u otra forma se van a quejar.
Y como no son capaces de unir el bife de chorizo con la vaca, hasta que la batalla cultural arroje resultados ciertos, será imprescindible llevarlos de la napia al lugar en donde les conviene estar.
De la misma forma con las instituciones mencionadas que no comprenden otro lenguaje que no sea el de la fuerza. No sirven las negociaciones, ni la buena voluntad, ni siquiera vale poblarlas de beneficios. Es al pedo.
Solo aceptan como medida de todas las cosas la fuerza.
Y con esa potencia habrá que tratarlas. También, hasta que aprendan a vivir en una sociedad democrática en donde tienen que respetar reglas que no se construyen a su medida.
Decime estalinista.
Decime lo que quieras.
Han dicho cosas peores. Pero esta vez que las digan con la espalda crujiendo bajo el peso del interés popular.
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Fuente de la imagen

miércoles, 17 de febrero de 2016

SI, SEGURO, CÓMO NO SE ME HABÍA OCURRIDO

Al menos hay que reconocerle la iniciativa. Majul, que probablemente se siente muy agradecido con Mauricio Awada, mete horas extras que da calambre. Y promulga por vía de hecho verdades que sólo él puede corroborar, o sea, son incomprobables.
Para situaciones aún más improbables: ponele que la fementida "herencia" constara de unos cientos de casos de corrupción, plausibles, eso sí. ¿Me querés hacer creer Majulito que el gobierno sobre ruedas de Macri-Michetti-Magnetto (no necesariamente en ese orden) se privaría de ponerlos en primerísima plana para ocultar o justificar la impericia reinante y las intenciones manifiestas que aparecen cada vez que las lapiceras entusiastas firman un DNU? 
Dale Majul ¿por quién me tomás?
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La explicación científica es preciosa: "para no generar mala onda en la sociedad". Lalalalalalalala. En tu cara, perdón, in your face Bob Woodward y Carl Bernstein.

viernes, 3 de mayo de 2013

I NEED A BATHROOM

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El día viene torcido, en la calle hubo suelta de boludos y entre los nombrados me debo incluir ipso facto por lo que tenemos boludo suelto cordero atado parafraseando a Los Redondos y hoy habría que tener los ojos ciegos bien abiertos.
Cansado hasta el fondo de los huesos de tanto lugar común hecho música, harto de los gorgoritos que escupen palabras previsibles en el orden esperado, que se precian de interpretar lo que "quiere la gente" confundiendo lo popular con lo masivo, el gesto contrariado de una oreja lastimada por el martilleo continuo de esos éxitos que mienten una vida que escapa en la dirección contraria para no quedar atrapada entre las frases hechas que esconden la cimitarra bajo el poncho.
"Oh I need the bathroom"
Tarareo para mi mismo, siguiendo los compases de la canción de Focus.
"Oh keep on fighting"
Repito "Oh keep on fighting" como un mantra, casi como el grito de guerra maorí Ka Ora Ka Ora, Ka Oke Ka Oke ("quizás vivamos, quizás muramos"). Allí afuera está la bestia y yo soy la bestia, soy parte de esa bestia que supimos conseguir, ese animal resbaloso, la humanidad que corre tras su cola como el perro mientras conjetura que ese desplazamiento circular es un avance.
Ladra un replicante que el mundo es así que si la vida te da limones te hagas una limonada, si te da pólvora te hagas una granada, si te da cianuro te transformes en Yiya Murano y ¿esperas la respuesta a semejante falacia?. Pero esa respuesta adquiere la misma lógica de la afirmación, uno dice que la cosa es así y el otro que si es así habría que adaptarse a eso que es así. Están tan quietos, tan inmóviles, tan piedra y cemento, que da asco. Simulan moverse, los compases remedan la alegría pero no se dejen engañar, están muertos.
"Esta es la tierra muerta" dice Thomas S. Eliot en el poema "Los hombres huecos": "Somos los hombres huecos/los hombres rellenos de aserrín" esa letanía de ritmos que agitan apenas la superficie del agua "Los ojos no están aquí/no hay ojos aquí/en este valle de estrellas moribundas/en este valle hueco". Existe la tentación de pensar que la mirada surge de esos ojos que no están, pero no, son solo pantallas que repiten la mirada, la dirección y la intensidad de la mirada sugerida y no se apartan ni un ápice de lo indicado incluso cuando creen apartarse de lo indicado.
"Oh I need the bathroom"
Repito.
"Oh keep on fighting"
Se escurre la esperanza que es la posibilidad de conjeturar un paisaje distinto en algún punto que está más allá de las narices. Huye despavorida porque se pasea vestida con un imponente traje de color rojo con lunares amarillos pero los ojos huecos prefieren remedar al bufón que viaja sobre el caballo del comisario y no la ven, y cuando la ven la ignoran, y cuando la ignoran deciden volver a morir aunque no se pueda matar lo fallecido.
"Oh I need the bathroom"
Repito.
"Oh keep on fighting"
Es posible morir dos veces, es posible morir múltiples veces, una y otra vez morir, decidir morir hasta que la muerte sea una banalidad más, camuflada detras del horror que los saltimbanquis nos enseñan a despreciar todos los días. Hasta que pensemos que la muerte, el espanto que acontece a otros es la incomodidad del progreso, el daño colateral del confort. Hasta que esa muerte nos acontezca y la indiferencia, el mal verdadero de este mundo, nos golpee en el pecho.
Cuando se caiga la máscara y el diablo no sea más que una costumbre para asustar a los feligreses, veremos que somos el mal, así como el libre albedrío y también la excusa.
Sabremos que dios es una hipótesis de conflicto y el cielo un lugar para construir.
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martes, 5 de junio de 2012

AÑOS DE SOLEDAD

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¿Por qué son tan malos los libros de autoayuda?
Que estén mal escritos no es el problema, porque hay tanta mala literatura por ahí, que una mancha más al felino no le hace nada. No va por ahí el asunto.
Tampoco porque sean un rejunte de dudosas doctrinas esotéricas, malas conjugaciones de la palabra metafísica y leyendas de todos los pelajes misturadas en un solo paquete. Al fin y al cabo no he hecho más que describir un libro de Dan Brown.
No es un motivo que posean información científicamente irrelevante, datos no verificados, coordenadas históricas erróneas, interpretaciones sesgadas de doctrinas filosóficas basadas en la razón que terminan fundando argumentos mágicos. En cualquier libro de economía de corte neoliberal uno puede encontrar todo lo anterior y cosas mucho peores.
¿Entonces?
¿Por qué son tan malos los libros de autoayuda?
Porque te dejan solo.
Paso a explicarme, permiso:
Los libros de autoayuda se fundan en el supuesto de que todos los problemas del sujeto son individuales. Que se originan en su interior y se manifiestan en una mala adaptación al mundo. Incluso cuando los problemas se localizan en el exterior, la referencia es el individuo. La dirección es adentro-afuera. Lo que le ocurre, le ocurre a él y le ocurre por su culpa. Por cosas que no hizo, que hizo mal, que dejó de hacer o que no tiene pensado hacer. En eso se resume la fórmula mágica de esos libros. Y la solución, según los textos de autoayuda, también está en el interior del individuo (no "interioridad" que es un concepto más complejo y digno de crédito). De lo que se siguen al menos un par de conclusiones: si no resuelve "sus problemas" es porque no quiere y que él tiene esos problemas y otros no, porque los otros han hecho lo que él tendría que hacer para modificar ese interior molesto que lo condiciona. Entonces, un empresario exitoso es exitoso por sus condiciones internas y no por el mercado en el que se mueve. Un individuo no tiene "éxito" económico porque no aprovecha su potencial y no porque esté en medio de unas condiciones concretas de existencia que lo colocan en una posición y no en otra.
Al reducir los conflictos existenciales a encrucijadas interiores se pierde de vista la condición esencial de la humanidad: el sujeto es social. No vive "en medio" de una sociedad como sugieren los gurúes autoayudantes, vive "dentro" de una sociedad siendo él mismo producto y productor de una existencia articulada en forma colectiva. No es el centro de un universo, es uno de los nodos de una trama compleja que muta y reacciona constantemente (Norbert Elías). No posee unidad existencial en sí mismo, no agota su vida en su propia vida: su despliegue en el mundo es singular y colectivo. Es porque otros son. Existe con los otros.
Cuando la "autoayuda" le cercena al sujeto su condición social, le amputa su existencia y empobrece su horizonte. Empujándolo hacia su interior le quita el auxilio colectivo. Al envolverlo en una crisálida que lo aísla, lo hace vulnerable. Vulnerable porque ahí dentro es sólo un individuo cuyos problemas son sus problemas y arreglate solito y jodete.
Y sobre todo, la moral y ética de la autoayuda encubre la verdadera condición de los problemas que afectan al sujeto en tanto sujeto singular y colectivo. Le sacan presión a los verdaderos responsables, haciendo que el sujeto mire para otro lado mientras los lazos siguen apretándole el cogote sin que advierta que hay manos distintas a las suyas empuñando la soga que lo ahoga. Manos que ahora tienen una coartada. No son ellas las que lastiman, son las manos del lastimado.
En fin, y ante todo, el discurso de los libros de autoayuda es la coartada del sistema económico reinante. Desvía la atención y construye un universo paralelo en donde el sujeto se parece a el self made man que preconiza la cultura hollywoodense. Un tipo que sube y asciende en virtud de su esfuerzo y por contrapartida, si cae o no sube, es por no esforzarse lo suficiente.
Los libros de autoayuda empujan al sujeto a un mayor aislamiento. Rota la imprescindible trama social, pujando cada uno por trepar aunque sea aplastando la cabeza de los demás, otro hecho tiene lugar con la mayor premura: cuando el individuo cree que todo se debe a él y sólo a él, también da por sentado que el mundo social es inmutable. No lo cuestiona, se cuestiona a sí mismo en tanto su adaptación sea o no funcional a lo dado.
No hay mayor pesimismo que éste. Un pesimismo que a veces se confunde con felicidad en tanto el individuo se regocija de su adaptabilidad y la ensalza como el sentido común.
Un sentido común que no es más que la circulación del discurso ético del sistema dominante.
Los libros de autoayuda refuerzan esa circulación, la legitiman y transforman en una ley natural. Y el sujeto más que libertad encuentra nuevas cadenas para añadir a las que, por vivir en este sistema, cargamos a diario.