Por supuesto, los cinéfilos advertirán que el título de este post hace referencia a la película "El Huevo de la Serpiente" de Ingmar Bergman. En ese filme Bergman intenta responder la pregunta acerca del fermento social que favorece el surgimiento del nazismo en Alemania. La pregunta que sobrevuela las escenas es ¿dónde está el huevo de la serpiente? ¿En qué lugar, momento, circunstancias la mayoría de un pueblo como el alemán decide apoyar y elegir a Adolf Hitler y luego legitimar por acción u omisión sus actos, incluído el Holocausto?
Hannah Arendt ensaya una respuesta:
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"Cuando Arendt se pregunta qué tipo de mal está detrás de este horror, que tipo de maldad es la maldad de quienes participaron en él o de quienes lo permitieron, concluye que detrás de de ese mal ejercido no hay ni perversión, ni patología ni tampoco razones ideológicas o convicciones morales, lo que hay en las mentes de aquellos hombres es más bien una ausencia de cualquier posibilidad de referencia a criterios de juicio, se trata de una "incapacidad de pensar" de una insensatez radical que afecta finalmente nuestra capacidad de juicio. El criminal del totalitarismo no es un monstruo ni un alienado, tampoco un loco, es simplemente alguien a tal punto superfluo que se ha vuelto incapaz de dar respuesta a una situación moral conflictiva desde su propio juicio. Es por eso que Arendt llama a este fenómeno banalidad del mal, o mejor del mal banal pues tras él no hay más que superficialidad. Este mismo concepto se opone al concepto moderno de "mal radical" que hace residir el mal en una incapacidad ínsita a la naturaleza humana de conciliar el deseo de su inclinación sensible con el mandato de su máxima racional, tal impotencia sería natural al hombre y sólo se subsanaría con el progreso de su razón (Kant). En el caso de Arendt, es imposible pretender que el mal sea algo natural al hombre, consubstancial a su ser dual, caído o contradictorio, se trata más bien de que el mal atraviesa el divorcio entre una libertad no soberana y una irrecusable responsabilidad. El mal se cuela por entre las debilidades de la libertad y las impotencias del juicio. (Ver Essays in Understanding, 1930-1954, Eichmann in Jerusalem, Responsability and Judgment)"(Fuente)
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Estas conclusiones de Arendt son inquietantes. Y lo son porque dan por tierra con la teoría de los monstruos excepcionales que son capaces de cualquier cosa. Lo que existe, lo que está ahí, es el mal causado por "alguien a tal punto superfluo que se ha vuelto incapaz de dar respuesta a una situación moral conflictiva desde su propio juicio."
Cuando uno piensa en cosas como la UCEP, por ejemplo, o la xenofobia abierta y expuesta de la ultraderecha suiza, fenómenos ambos que concitan adhesiones, aparece el concepto anterior. Gentes que dificilmente puedan ejercer violencia bendicen su utilización porque son incapaces de responder a una situación moral conflictiva desde su propio juicio. En su propia insensatez radical anida el huevo de la serpiente. Justo en donde uno no buscaría o donde no sospecharíamos que está. Larvado, esperando una conjunción de circunstancias que le permitan prosperar y ser al fin, el terror que contiene como posibilidad agazapada.
No es otra cosa la solicitud constante de represión contra los inmigrantes, contra los "negros de mierda", contra "los zurdos", la justificación de las torturas policiales, el aplauso cerrado con ovación ad hoc cada vez que reprimen manifestantes, etc. No es otra cosa la legitimación de cualquier violencia posible que expresan los tranquilos ciudadanos de clase media en cualquier reunión social.
De estas reflexiones en voz alta quiero extraer dos conclusiones parciales e incompletas:
1.-El mal contiene una alta dosis de miedo a la libertad.
2.-El "sentido común", la "opinión pública" y otros conceptos acuñados por los medios masivos de comunicación contribuyen a crear las condiciones para que el huevo de la serpiente (que está ahí previo a todos estos esfuerzos) sea incubado con éxito.
No en vano en este blog intentamos señalar los desatinos (siendo nosotros mismos un gran desatino) que lanzan al ruedo medios, instituciones, personajes y otras aberraciones, porque esos desatinos intentan impedir que el sentido moral responda al mal cotidiano presente en las relaciones sociales de toda índole.
También por eso tratamos, sin éxito como se ve, de proponer la reflexión, el pensamiento como acción, el análisis, para que el juicio silenciado por tanto grito de animador compulsivo o panelista sin argumentos, no obstruya la capacidad de pensar.
Nada más eso.
Humildemente.
