jueves, 3 de enero de 2013

VILLEROS

Es hora de revisar las palabras con las que conjeturamos el mundo. Porque eso que está afuera y recibe taimadamente el nombre de realidad (gracias Julio) nos aparece no solo cuando la vemos sino cuando nos representamos simbólicamente su existencia. Y para eso recurrimos a las palabras. Al decir de algo “esto es algo” no solo lo describimos sino además lo hacemos aparecer simbólicamente de un modo particular. Ese sesgo particular que se funda en una mirada que es la mirada del que ve y cuenta, ve y se representa ese mundo del afuera de un modo singular y luego hace extensiva esa descripción al resto de los sujetos.
Se ha puesto de moda decir, para calificar alguna costumbre, o mejor, para descalificarla: “No seas villero”. La expresión es de una violencia espantosa. Al decirle a alguien que parece “un villero” decimos que los villeros son indeseables, infrahumanos, sucios, deshonestos, promiscuos, sin sensibilidad estética, etc. Y que bien haríamos en no parecernos a un “villero”.
El racismo que contiene la frase es más que obvio.
Cuando escucho semejantes palabras me vienen a la cabeza otras cosas escuchadas, tales como “Negro de mierda”. Esa expresión en particular me remite a la infancia.
Me crie en un pueblo pequeño de Mendoza. Todos mis amigos, incluyéndome, podríamos haber sido tachados de “negros de mierda”. Embarrados de pies a cabeza, con la piel curtida de tanto sol y agua de acequias, corriendo desaforadamente por los callejones de las fincas, jugando al fútbol en un potrero, persiguiendo barriletes chúcaros a través del campo, etc.
Nuestro aspecto y costumbres podrían ser ubicados en estos tiempos tan contemporáneos en el rubro “negros de mierda” o “villeros”.
Y más: mis amigos al igual que yo no derrochábamos dinero, a muchos les faltaba y andaban justos. Se vestían con la ropa de sus hermanos mayores y comían gracias al ingenio de los padres y la generosidad de algún vecino anónimo. Mis amigos y yo mismo éramos, en sentido actual “negros de mierda”.
Al decir negros de mierda, además de todo el desprecio que contienen esas palabras, están insultando mi infancia.
Hay que revisar las palabras con las que nombramos el mundo. Porque si tenemos la aspiración de mejorarlo tenemos que dejar de lado esas taxonomías racistas que impregnan el lenguaje.

SIN DUDA

Los isleños son británicos. Eso no está en discusión. Lo que se discute es en dónde quieren ser británicos. Porque pueden ser británicos todo lo que quieran pero están en territorio argentino usurpado. Ahí está el punto. Pueden ser lo que quieran y eso no cambia el hecho de que están en Las Malvinas como invasores.
Asi que señores, no ha lugar. Nadie estorba su "decisión" de vivir como británicos. Pero, oh detalle, Las Malvinas son argentinas.
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QUE PENA

No paro de llorar.
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¿Habrá visto algún mal modo?

miércoles, 2 de enero de 2013

LO DAMOS POR SENTADO Y LISTO

Linda operación la de los muchachos de Fonte. Los señores ya han decidido que la recuperación del predio de la Rural de Palermo es una "confiscación". Y así lo dicen en este título: "La Rural quiere habilitar la feria judicial para evitar la confiscación". Si Ud. lo dice Fonte, será confiscación.
¿Qué cosas no? Ellos se llaman a sí mismos "periodistas independientes". Si claro.

NINGÚN PROBLEMA

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Si me preguntás, no parece una mala noticia.

EL PACIFISTA

Don Aguer está escribiendo su autobiografía.
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Dos cosas: ¿quién cuernos es Aguer para "advertir" al gobierno? Segundo: ¿cuáles vendrían siendo las tempestades? Al hablar como habla parece tener datos sobre esas probables tormentas, datos que haría bien en compartir. 
Claro, si no lo estorba la complicidad of course.
Y por otro lado, Aguer, pierda un poco de su sagrado tiempo y lea a Laclau, de forma tal de no hablar sin conocimiento de causa. Tenga piedad y más que nada, honestidad intelectual.