Se me ocurren muchos chistes impropios, tales como: si el conducto proceloso de una proverbial muñeca pagana es inexpugnable, cuánto más lo será el de una muñeca monjita, y cosas por el estilo, pero mejor no los divulgo porque me voy a ir derecho al infierno.
Yo que Ud. señor padre, tendría en cuenta este magnífico regalo para las próximas pascualinas.
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