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sábado, 21 de noviembre de 2015

EL OTRO COMO IMPOSIBILIDAD

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Una de las características centrales del votante PRO es su incapacidad para conjeturar la existencia de un otro que es tan humano como él. Un otro en donde la espeficidad humana también está objetivada y que además de su derecho a la existencia concreta en cuanto ser vivo, también tiene derecho a desplegarse en el mundo como un ser autónomo, dentro de su propio proyecto. Por tanto, este otro que se aparece frente a mi necesita las condiciones objetivas para ese despliegue. Su despliegue es también mi despliegue en tanto yo también soy el otro en muchas relaciones sociales.
Esta situación abre una mirada novedosa en cuanto a la concepción de libertad que abandona el paradigma de autonomía parcelada, que se resta, para alcanzar la autonomía ampliada, colectiva, en donde soy más libre, más autónomo, en tanto el otro sea más autónomo.
El fundamento de un proyecto de emancipación se encuentra ahí: en considerar que la libertad se suma, no se resta.
El votante PRO no adscribe a esta forma de pensar la sociedad. Para él la libertad consiste en mantener su autonomía dentro de la parcela que tiene asignada, resguardando ese espacio y solo ese espacio. La ampliación de esa parcela solo puede corroborarse -considera el PRO- apropiándose de las parcelas de autonomía de otros actores, quitándoles posibilidades de despliegue para potenciar el suyo. 
Por eso, para justificar esta exanción, el otro debe ser menos humano. De esta forma, una vez disminuido como sujeto, puede ser sometido, explotado.
De alguna forma es un proceso de anonimización progresiva en donde el otro desaparece como totalidad y queda en pie solamente su fuerza de trabajo. Si ya sé, esto lo dijo el barbudo hace mucho y sigue teniendo razón.
Esto además demuestra la condición de pensamiento sin profundidad ni densidad existencial del liberalismo, y en particular de sus nuevas formas. Pero esto es tema para otro post.
Este terminó acá.

lunes, 5 de agosto de 2013

YO, LO QUE ES YO...



En estos días tan contemporáneos ha cundido la moda de la autoalabanza. ¿Cómo es éso? Alguien, uno, un sujeto, sujeta y/o, que ha obtenido algún tipo de reconocimiento por cosas trascendentes como la cerámica en frío o la búsqueda de tréboles de cinco hojas, decide nombrarse "ejemplo de vida".
Munido con las credenciales de la aprobación del sistema se coloca a sí mismo en el centro del cuento con moraleja, en donde la idem consiste en "Yo pude ¿vistes?" y desde ahí extiende su dedo de prócer para señalarnos, a los que somos simples mortales, la blandengue sustancia de nuestra voluntad.
Pero no se detienen en este punto, de ninguna manera.
Ahora él, símbolo de la potencia humana, comienza con las lecciones de vida que desparrama a los cuatro puntos cardinales a quien quiera escucharlo. Y tanto es el hechizo de su persona que incluso le pagan para que explique cómo cuernos pudo lograr lo que logró.
Nuestro yóico señalará sus virtudes y capacidades individuales, mentará el esfuerzo y los sacrificios, etc. Antes de cara oración dirá "Yo" y quizás también corone un argumento con otro "yo".
Nunca nadie escuchará al prohombre diciendo que él solo no hubiera llegado a ninguna parte. Porque su éxito contiene una enorme dosis de esfuerzo colectivo que nunca nadie reconoce.
Y ya puesto a teorizar sobre lo que no comprende o comprende y se hace el bobo, el sujetoide arremeterá contra cualquier forma política que no provenga de su culto al esfuerzo individual (que nunca es individual sino cada vez, colectivo).
Lo que deriva de este error podrá constatarse si uno sigue con atención y un antiácido la trayectoria de Miguel Del Sel. Para muestra basta un botón.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

OBREROS AL COSTO

Todavía, a pesar de haberla repasado cien veces, cuanti menos, me sigue causando un profundo desagrado la frase de Paolo Rocca, el trompa de Techint: "El costo de un obrero industrial...". Esa parte, ese fatídico segmento de la argumentación de Rocca. Esas seis palabras que blanquean la condición de objeto del laburante. Un objeto que tiene un costo. Una mercancía, ni más ni menos (si si, ya lo dijo Marx allá lejos y hace tiempo, pero no dejo de sorprenderme).
Y un objeto no es, verdad de perogrullo, un sujeto. Y con un objeto uno no tiene demasiadas consideraciones, es un objeto y ya, con todo lo que eso trae aparejado. A un objeto no se lo consulta acerca de sus preferencias o sentimientos, se lo utiliza como objeto que es y luego, cuando deja de "servir" es desechado sin más, como todos los objetos. Un objeto se compra y se vende y nadie le pregunta si está o no de acuerdo.
Un sujeto, que es todo lo contrario a un objeto, es alguien per se. A un sujeto le corresponde la consideración a priori de su condición de existencia de la que se desprenden los derechos que luego reconoce la legislación nacional o internacional. A un sujeto debe reconocérsele la dignidad, expresada en el respeto a lo que es y a su posterior despliegue integral por el mundo. Y hay más, pero paremos acá porque parecerá ésto una clase de ciencias políticas.
Menudas diferencias hay entonces, entre un objeto y un sujeto.
Paolo Rocca y los de su casta consideran al laburante (que es un sujeto) un objeto.
Que lindo ¿no? Iupi.