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jueves, 14 de enero de 2016

ES LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO, ESTÚPIDO

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A esta altura de los acontecimientos y con la asociación ilícita que rige los destinos del país en forma obscena y sin filtro uno tiene la ilusión (vana) de que mucha gente por fin se haya dado cuenta de qué iba la cosa. Pero no che. Siguen así, ciegos, sordos y pelotudos. 
Por eso no me queda otra opción que decir las cosas con la misma crudeza con la que esta administración destruye la riqueza social que hemos levantado entre todos durante más de una década: mirame a los ojos pedazo de boludo, lo que están haciendo es cambiar la distribución del ingreso. 
¿No entendiste? 
Todo consiste en desviar la mayor cantidad posible de recursos económicos hacia los sectores más concentrados de la economía. ¿Por qué ponés esa cara de papanatas? ¿En serio todavía no entendiste?
Quiere decir que buscan (y están logrando) modificar la distribución del ingreso: antes estábamos 55 % / 45 % y ahora nos aproximamos peligrosamente al 70 %/30 %.
No. Vos no estás en la mitad del 55 % ni del 70 %. Estás en la otra, en la de los orejones del tarro. Y todo lo que no tenés está en el otro güín. Entonces, cuando devaluaron lo que hicieron fue traspasar recursos de tu porcentaje del ingreso a los sectores que acumulaban el 55 % hasta llegar al 70 % que es la cifra que están buscando consolidar. Por supuesto en el mismo movimiento vos bajás del 45 % a un 30 %. No fue magia. Fue Macri.
Por eso tu sueldo en medio día perdió el poder adquisitivo equivalente a la devaluación del peso (que es la revaluación del dólar), por eso vas a pagar más caros todos los servicios, por eso suben los precios de la canasta básica. Los que ganan con este asunto tienen ingresos en dólares y costos en pesos devaluados. Esos pesos son los que te pagan a vos y los dólares son los que amarrocan, fugan o envían a sus casas matrices. 
¿Me vas siguiendo o dejamos el helado derritiéndose en tu frente?
Además, al dinamitar el mercado interno disminuyen el empleo dado que las pequeñas y medianas empresas que dependen de ese mercado se quedan sin ¡mercado! y como no pueden vender no pueden contratar y ahí tenés lo que el barbudo Marx llamó el "ejército de reserva del capitalismo" que en castellano significa que si vos no trabajás por dos pesos hay una fila larga como la de San Expedito de tipos dispuestos a trabajar por un peso. Y si esos tipos se quejan hay otra fila de tipos dispuestos a laburar por 0.50 $. Por eso el trabajo, la fuerza de trabajo vale cada vez menos y la presión que el laburante puede hacer para obtener mejores condiciones de vida disminuye dado que hay un montón de personas dispuestas a la esclavitud para conseguir los escasos puestos de laburo que quedan.
En griego: de esa forma cruel y perversa disminuyen el precio del laburo para que cobres cada vez menos pesos devaluados y ellos puedan acumular cada vez más dólares revaluados. 
¿Cachai?
Ahora, si a esta altura del relato no cazaste un fulbo, dudo mucho que vayas a pescar algún centro incluso si te viene al pecho.
Y si me permiten un añadido, hay una multitud de pavotes que todavía no entiende. Que aún festeja, que postula una inmunidad que no posee.
¿Despertarán?
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lunes, 6 de agosto de 2012

INFLAMACIÓN: EL ÍNDICE PANCHO DE CONSTI

Así como los peripatéticos viajadores del orbe y tecnócratas varios miden el índice de inflación mediante el precio del Big Mac de la cadena Mc Donald´s, yo uso un parámetro mucho más cercano, conocido por decirlo así. Mi medición utiliza como fundamento el precio del pancho en Constitucíón. Un indicador confiable como pocos dado que atañe a todos los ciudadanos que usamos a diario el servicio de esa noble línea.
El susodicho manjar cuesta ahora ¡ocho mangos!. ¡Ocho pesos! Aunque siempre estuvo sobrevaluado jamás llegó a este pico. Cuando arranqué con el Roca el valor de ese bicho era de 3,50 $. Hace cuatro años. No hace falta sacar cuentas, pero si tienen ganas, estamos hablando de un aumento de más del 100 %. Llámese inflación, reacomodamiento, inflamación, seleccione Ud. el nombre que le sea grato, los aumentos ocurren cada vez con más prisa y sin pausa.
No caeremos aquí en el error de hablar de inflación en términos monetarios, aunque de esa forma se manifieste. Hablaremos del asunto en cuanto a la apropiación de la riqueza, porque es éso lo que grafica en forma dramática la inflación. Cuando el sueldo de un laburante pierde capacidad de compra lo que ocurre en el fondo es que el capitalista, en este caso el formador de precios, se apropia de un margen cada vez mayor de la riqueza social. Olvídense de esas paparruchadas acerca de que hay que aumentar "la productividad" o disminuir los "gastos" o "enfriar la economía" porque hay mayor presión para consumir y menos productos, etc.. Ese discursito pseudo-científico recubre con terminología aparentemente compleja la lucha por la distribución del ingreso. Una lucha en la que, hay que admitirlo muchachos, vamos perdiendo.
¿Por qué digo que vamos perdiendo? Basta recorrer un supermercado, mercadito, verdulería, granja o carnicería para comprobar que la guita alcanza cada vez menos. Que para comprar lo mismo que antes hace falta una cantidad sustancialmente más alta de decadracmas. O sea, el formador de precios se apropia de porciones cada vez mayores de la renta. El aumento de los salarios no puede cubrir esa brecha dado que el problema no es el sueldo en sí sino el incremento de los precios. Y el aumento de precios remite a la apropiación de la ganancia y, sin duda, a la redistribución de la riqueza.
No es que seamos una manga de simplistas, sabemos que la potestad de aumentar una y otra vez el valor de los productos, deviene de la posición oligopólica de los formadores de precio que tienen bajo su control toda la cadena productiva. eso está claro. Y también que el tratamiento para esa enfermedad no consiste en apretarle las tuercas al laburante sino a ese formador de precios que hace lo que le viene en gana dada su posición de privilegio.
Ya sabemos que la magia es una colección de trucos y habilidades de prestidigitador.
Por eso el reclamo no consiste en solicitar medidas ortodoxas y neoliberales al asunto, porque hacen que cualquier solución recaiga, una vez más, en el laburante. Pido, pedimos (me tomo el atrevimiento de hablar al menos en nombre de un par más que así lo han manifestado) que de una vez por todas lo de la redistribución de la riqueza adquiera una consistencia más solida y que le pongan los puntos sobre las íes a los tipos que son responsables de los constantes aumentos de precios (explícitos e implícitos).
Y por otro lado, terminar con ese discurso que pretende convencer acerca de que los precios apenas se mueven cuando cualquier billetera da cuenta de lo contrario. Ser más papista que el papa no sólo es contraproducente, a estas alturas es francamente ridículo.
Entonces solicitamos, pedimos, incluso rogamos: soluciones heterodoxas para revertir la apropiación creciente de la riqueza por parte de los formadores de precios, que sería además, atacar a la inflación para que la fiesta la garpen los que la juntan con pala. Ni más ni menos.
¿Seremos muy revolucionarios por semejante pretensión?
No. No nos hemos olvidado del 2001. Justo por eso, porque recordamos el 2001 es que se pide lo anterior.
Chan chan.

miércoles, 8 de junio de 2011

GENERACIÓN ESPONTÁNEA

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La riqueza es social. Este hecho básico y verificable es ocultado con minuciosidad por los empresarios a los que les interesa el país a los efectos de solicitar mayores ventajas, subsidios, disminución de impuestos y otras demandas que explicitan con total impunidad desde los espacios que generosamente les ceden los medios serios (a los que también les interesa el país) para amplificar sus palabras.
Esos mismos medios han vendido con precisa mala fe la versión de los empresarios. Mediante un constante bombardeo instalaron el equívoco sentido común que indica que el capital acumulado es fruto de la iniciativa de uno o unos empresarios. La riqueza aparece en ese esquema como el emergente de la inicitativa individual y no como resultado del trabajo de una sociedad en su conjunto, trabajo que luego capitaliza el empresario para obtener "rentabilidad".
Ningún empresario, absolutamente ninguno, podría acumular capital sin la mediación del trabajo de otros sujetos (revisar a Marx y su definición de plusvalía sería util en este punto), sujetos que también son resultado del trabajo de una sociedad (la formación de cada trabajador es producto del sistema social en donde vive), la calificación de cada obrero proviene de los esfuerzos colectivos de un sistema educativo, de un sistema de seguridad social, de un sistema de salud y de justicia. Todo eso invertido en un trabajador que luego le dará valor agregado a los bienes que el empresario mercará. Bienes que también son una objetivación del trabajo colectivo (no es otra cosa un objeto que contiene en sí mismo trabajo acumulado de orden colectivo: materia prima, generación de energía, componentes medios que son trabajo acumulado de otros especialistas, tecnología que es fruto del sistema científico del país, etc.) El "mercado" en donde trafica los bienes que en principio, escamoteó al colectivo, también es una creación social. Ese mercado también es la síntesis de un esfuerzo social.
El empresario goza de todas esas ventajas, pero sólo reconoce una mínima porción de lo que la sociedad aporta para la formación de su capital mediante el pago de salarios e impuestos. Impuestos y salarios que no son fruto de la condescendencia del empresario sino su obligación mínima en tanto obtiene su capital del esfuerzo colectivo de una sociedad. En definitiva, el empresario se apropia de parte del capital social y lo coloca bajo siete llaves, entregando a cambio una porción que no representa en absoluto el esfuerzo que toda una sociedad ha realizado para que la empresa y él mismo sean posibles.
Pensar lo contrario, pensar que el empresario crea riqueza es poner el carro delante de los caballos. A lo sumo concentra y ordena ciertos esfuerzos, recibiendo a cambio una porción más que generosa por esa disposición. Su posición en la sociedad no le genera más derechos sino más obligaciones en tanto que su riqueza proviene de la sociedad (riqueza conformada por trabajo acumulado y colectivo).
Por supuesto, la economía ortodoxa no informa del asunto. Ni informará por cierto.
Es bueno recordar estos asuntos cada vez que un señor empresario salga al ruedo a solicitar que le dejen las manos libres para hacer lo que quiera, como quiera, con quien quiera.