Así como los peripatéticos viajadores del orbe y tecnócratas varios miden el índice de inflación mediante el precio del Big Mac de la cadena Mc Donald´s, yo uso un parámetro mucho más cercano, conocido por decirlo así. Mi medición utiliza como fundamento el precio del pancho en Constitucíón. Un indicador confiable como pocos dado que atañe a todos los ciudadanos que usamos a diario el servicio de esa noble línea.
El susodicho manjar cuesta ahora ¡ocho mangos!. ¡Ocho pesos! Aunque siempre estuvo sobrevaluado jamás llegó a este pico. Cuando arranqué con el Roca el valor de ese bicho era de 3,50 $. Hace cuatro años. No hace falta sacar cuentas, pero si tienen ganas, estamos hablando de un aumento de más del 100 %. Llámese inflación, reacomodamiento, inflamación, seleccione Ud. el nombre que le sea grato, los aumentos ocurren cada vez con más prisa y sin pausa.
No caeremos aquí en el error de hablar de inflación en términos monetarios, aunque de esa forma se manifieste. Hablaremos del asunto en cuanto a la apropiación de la riqueza, porque es éso lo que grafica en forma dramática la inflación. Cuando el sueldo de un laburante pierde capacidad de compra lo que ocurre en el fondo es que el capitalista, en este caso el formador de precios, se apropia de un margen cada vez mayor de la riqueza social. Olvídense de esas paparruchadas acerca de que hay que aumentar "la productividad" o disminuir los "gastos" o "enfriar la economía" porque hay mayor presión para consumir y menos productos, etc.. Ese discursito pseudo-científico recubre con terminología aparentemente compleja la lucha por la distribución del ingreso. Una lucha en la que, hay que admitirlo muchachos, vamos perdiendo.
¿Por qué digo que vamos perdiendo? Basta recorrer un supermercado, mercadito, verdulería, granja o carnicería para comprobar que la guita alcanza cada vez menos. Que para comprar lo mismo que antes hace falta una cantidad sustancialmente más alta de decadracmas. O sea, el formador de precios se apropia de porciones cada vez mayores de la renta. El aumento de los salarios no puede cubrir esa brecha dado que el problema no es el sueldo en sí sino el incremento de los precios. Y el aumento de precios remite a la apropiación de la ganancia y, sin duda, a la redistribución de la riqueza.
No es que seamos una manga de simplistas, sabemos que la potestad de aumentar una y otra vez el valor de los productos, deviene de la posición oligopólica de los formadores de precio que tienen bajo su control toda la cadena productiva. eso está claro. Y también que el tratamiento para esa enfermedad no consiste en apretarle las tuercas al laburante sino a ese formador de precios que hace lo que le viene en gana dada su posición de privilegio.
Ya sabemos que la magia es una colección de trucos y habilidades de prestidigitador.
Por eso el reclamo no consiste en solicitar medidas ortodoxas y neoliberales al asunto, porque hacen que cualquier solución recaiga, una vez más, en el laburante. Pido, pedimos (me tomo el atrevimiento de hablar al menos en nombre de un par más que así lo han manifestado) que de una vez por todas lo de la redistribución de la riqueza adquiera una consistencia más solida y que le pongan los puntos sobre las íes a los tipos que son responsables de los constantes aumentos de precios (explícitos e implícitos).
Y por otro lado, terminar con ese discurso que pretende convencer acerca de que los precios apenas se mueven cuando cualquier billetera da cuenta de lo contrario. Ser más papista que el papa no sólo es contraproducente, a estas alturas es francamente ridículo.
Entonces solicitamos, pedimos, incluso rogamos: soluciones heterodoxas para revertir la apropiación creciente de la riqueza por parte de los formadores de precios, que sería además, atacar a la inflación para que la fiesta la garpen los que la juntan con pala. Ni más ni menos.
¿Seremos muy revolucionarios por semejante pretensión?
No. No nos hemos olvidado del 2001. Justo por eso, porque recordamos el 2001 es que se pide lo anterior.Chan chan.