524 años han pasado de aquel día en que unos tipos en carabelas confundieron nuestro continente con la India (inaugurando para siempre la colección de chistes de "gallegos" con los que seguimos verdugueando a los españoles).
Por tanto, los nativos pasaron a llamarse "indios" y la tierra que veían por primera vez "las indias", en un acto de agudeza intelectual notable.
Uno tiende a pensar que en un período de cinco siglos y monedas algo habrá cambiado en la percepción de aquel hecho fortuito. Como casi siempre, uno se equivoca. Porque la colonización, como la marcha, va por dentro y cada tanto encuentra un representante que
verbaliza su potencial servidumbre.
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Así en la visión de un estadista como Macri, lo que "sintieron" los que declararon la independencia de España fue "angustia", convirtiendo aquella formalización en un acto de psicologismo barato, infiriendo en los que participaron en el Congreso de Tucumán un cuadro clínico que debe aquejarlo cada vez que toma un avión para enfrentarse con tipos que tienen más poder que él. Ese es el meollo del colonizado: sumisión frente a los poderosos, soberbia con los débiles.
Pero no está solo en esa predisposición mental a la genuflexión.
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Prat Gay pidió "
disculpas" ante los empresarios españoles por el comportamiento del país, que se había portado...como un país, esto es, decidiendo sobre sus recursos y empresas sin tener en cuenta los intereses de otros países y empresas transnacionales. O sea, decisiones soberanas. Esto al señor Prat Gay le parece un exotismo. Por el que hay que agachar la cabeza y pedir perdón.
En el fondo es la réplica de aquella postura colonial que fogoneaba la no separación de España. Es además no solo la refutación de 12 años sino la justificación de 524 años.
Si por estos dos personajes fuera, todavía seríamos una joya de la corona española, a lo sumo de la británica.
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Lo dicho, no queda otra solución que pedir disculpas. No solo por el pasado reciente, por todo el proceso de independencia, por todos los intentos de obtener soberanía política económica, por intentar romper la falsa dualidad civilización-barbarie, por pensarnos como argentinos dentro de un territorio mayor llamado latinoamérica.
Perdón querido Rey. Perdón.