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jueves, 7 de diciembre de 2017

4161

Gracias EAMEO por la síntesis magistral
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Vamos a moderar por hoy los comentarios
Es que hubo suelta de trolls.
Disculpen las molestias.

jueves, 26 de octubre de 2017

POGROM

"Pogrom: (del ruso погром, pogrom: «devastación») consiste en el linchamiento multitudinario, espontáneo o premeditado, de un grupo particular, étnico, religioso u otro, acompañado de la destrucción o el expolio de sus bienes (casas, tiendas, centros religiosos, etcétera)"
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Estamos retrocediendo a pasos agigantados

lunes, 16 de enero de 2017

LA PILETA

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Cuando era pibe, 10 u 11 años ponele, laburé en una agroindustria, lo que en Mendoza llamamos genéricamente "un galpón de fruta". Ahí se preparaba fruta fresca para exportar, mermeladas de gustos varios y frutas desecadas para todo uso.
Era costumbre que los chicos trabajaran en esos galpones durante el receso escolar y hasta la cosecha de la uva en marzo (los que podían cargar un tacho de uva partían entonces a esa tarea). 
La mayoría de mis amigos desaparecían de los juegos cotidianos para ir a ganarse un mango en la temporada. Algunos (como yo) nos prendíamos en el asunto para obtener decadracmas extras para lujos y esas cosas (las zapatillas "adidas" que costaban un Potosí, por dar un ejemplo). Otros, la mayoría, por pura necesidad.
Una de mis primeras y elementales tareas en el galpón fue lavar las paseras. Una pasera, para los que no conocen, es una especie de elástico de cama de madera en donde se extienden las frutas que van al proceso de secado. Luego de atravesar el lavado y azufrado se colocan en las paseras que luego van al playón de secado (al sol, of course). Cuando la fruta está seca la sacan del aparato y la depositan en cajones de plástico. La pasera, que ahora tiene los restos de la desecación, tiene que ser lavada para un uso posterior. Esto se hace en un lavadero a fuerza de cepillo de alambre y agua sucia.
El lavadero y el playón de secado estaban en el fondo de la fábrica. Desde los dos lugares se podía ver la casa de los dueños del galpón. Sobre todo la pileta.
Entrábamos a trabajar a las dos de la tarde, en plena siesta mendocina con 35 grados a la sombra. Munido con guantes de goma y tapado hasta las orejas (nadie quiere pelusa de durazno en el cogote) la emprendía con la mugre. 
Mientras raspaba y raspaba las maderas rebeldes junto con un batallón de pibes veíamos cómo la pileta del dueño comenzaba a poblarse para mitigar el calor que a nosotros nos pegaba en todo el cuerpo. 
Los hijos, primos, amigos e invitados se reunían alrededor de la piscina, resguardados bajo la sombra de varios sauces llorones, y comenzaban una larga tertulia que duraba toda la tarde. Mientras nosotros transpirábamos en la humedad del lavedero o bajo los rayos impiadosos del sol, en la pileta se multiplicaban las risas.
Ninguno de nosotros decía nada, porque además de la incomodidad y el cansancio,  el encargado del galpón recorría todo el lugar y no le gustaba que los obreros charlaran. Por eso estábamos en silencio la mayor parte del tiempo, intercambiando señales como en el truco.
A medida que la tarde avanzaba y los brazos y piernas dolían por el esfuerzo, las carcajadas que provenían de la pileta dolían más en las orejas. Toda la despreocupación de quien tiene el futuro asegurado chocaba con el rostro curtido de los pequeños laburantes que necesitaban deslomarse desde pibes para no quedar fuera de cacho.
Yo iba a trabajar por elección. No lo necesitaba: no nadábamos en guita pero ese dinero era para mi exclusivo uso personal. 
Casi todos mis amigos del galpón laburaban obligados por la necesidad. Si no trabajaban no comían, no tenían ropa o no iban a poder comprarse lo necesario para ir a la escuela. 
Muy rápido aprendí en qué consistía la libertad de mercado: si yo no tenía ganas de soportar el energúmeno que controlaba la fábrica (era un sorete importante, un pobre con ínfulas de rico) lo mandaba a la mierda y chau, a otra cosa. Podía volver a mi casa tan campante y seguir con mi vida. 
Pero la mayoría de mis amigos no podía hacer lo mismo. Porque la necesidad los empujaba a la obediencia y acataban la arbitrariedad del capataz en silencio. No porque no quisieran mandarlo al diablo, sino porque no podían darse ese lujo.
Y soportaban la humillación agachando la cabeza. Niños de 10 y 11 años maltratados por un adulto que profundizaba la explotación. Y como telón de fondo las risas que venían de la pileta.
En todo eso pensaba cuando veía las piletas de la Tupac Amaru destrozadas en Jujuy, en Alto Comedero. En la humillación. 
Hoy se cumple un año de la detención ilegal de Milagro Sala.
Presa por conjurar, al menos por un tiempo, esa humillación.

martes, 5 de abril de 2016

¿QUIZÁS A PAPÁ NOEL O LOS REYES MAGOS POR CONTRABANDO? O AL RATÓN PÉREZ POR ALLANAMIENTO DE DOMICILIO O A LA ABUELA DE CAPERUCITA ROJA POR ELABORACIÓN CLANDESTINA DE COMIDA O A LA VIOLETERA POR VENTA AMBULANTE ILEGAL

Podes probar deteniendo a todos los anteriores. O le pedís a Bonadío que libre orden de captura para el 49 %, todos los que no te votaron. Quizás de esa forma puedas desviar la atención y ocultar tus hazañas: el hecho es que tenías por lo menos tres sociedades offshore no declaradas. Que tu papá intente desligarte del tema no hace más que confirmar que estás metido en la mierda hasta el maldito cogote.
Asi que, dale, metele. Seguí pidiendo detenciones. Quizás con suerte alguno de los globoludos que votaron por vos va a disculparte.
Ponele que Lázaro Báez sea horriblemente culpable. ¿Eso hace que vos seas menos evasor y lavador de guita? No no. Las hazañas de Báez no disculpan las tuyas. Por esas hazañas vas a ir a dar con tus huesos a un lugar en donde los movimientos son un poco acotados.
Detener a Báez es una chicana para desviar la atención pública. Y sí, algunos pavotes van a mirar para otro lado. Porque cuando el dedo señala la luna el imbécil mira el dedo. Pero acá la luna nos encanta.
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Encima tampoco te conviene tirar tanto la cuerda con el asunto de Lázaro Báez, porque inmediatamente van a caer varios de los muñecos de torta que te rodean. Digo, calculo que no te habrás olvidado de tus negocios con el señor. De la misma forma: profundizar el asunto Jaime te va a generar problemas similares (a Jaime lo procesaron por dádivas por un avión de Macair, si si, Macair). Porque la compra directa de material rodante necesariamente involucrará a Juan Pablo Schiavi, tu jefe de campaña en el 2003. Y a tu papá Franquito. ¿Estás seguro que por ahí estás blindado? Mepa que no.
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¿También tenés el culo sucio Danielito?
¿O es el precio de la "lista de unidad"?
Con vos no voy ni a la esquina
Nunca estuviste a la altura de las circunstancias
Saludos al PJ
En vísperas de su extinción

viernes, 22 de junio de 2012

RESPETO POR LA AUTORIDAD

Hace miles de años, dos amigos míos, de esos que permanecen a pesar del paso del tiempo y el aumento de la calvicie, estaban sentados en una plaza, degustando sendos sánguches y una gaseosa de tamaño familiar. El descanso obedecía a una pausa entre trámite y trámite, dado el consabido corte por la siesta que es de rigor en Mendoza.
Mientras comían con la tranqulidad del que no le debe nada a nadie, un patrullero estacionó frente a ellos. La patrulla del ¿orden? llegó blandiendo sirenas por el aire y del móvil descendieron varios policías que avanzaron hacia el banco de plaza en el que estaban despachando su almuerzo.
Uno de los policías, con gesto adusto y una voz cortante que hubiera asustado a cualquiera que no fuera mi amigo, los miró de arriba a abajo y, dirigiéndose al más blanco de la dupla le espetó:
"-¡Documentos por favor!"
El interpelado, que nunca se ha llevado bien con la autoridad y más que nada con la prepotencia, contestó con la mayor tranquilidad:
"-No gracias, ya tengo".
Lo que sigue puede ilustrarse con una viñeta de esas en las que el historietista da cuenta de un arresto cargado de gritos, empujones y cosas que se caen.
El resultado del asunto fue la detención de los dos en una comisaría cercana. Los dejaron sentados en un incómodo banco de madera unas cuatro horas sin decirles porqué y para qué estaban ahí, vigilados por supuesto, por un agente que los miraba con ganas de arrancarles los ojos.
Al cabo de ese lapso entró a la comisaría un hombre que pasó delante de ellos saludándolos:
"-¿Cómo andan muchachos?"
Llegó al mostrador de guardia y pidió hablar con un oficial. Salió entonces de la oficina posterior el policía que los había detenido. Hablaron y se escuchó decir:
"-Ya detuvimos a los ladrones"
Acto seguido se volvió hacia mis amigos y los señaló. El hombre, medio sorprendido y bastante disgustado dijo:
"-Nada que ver. Esos no son ni parecidos".
El policía ensayó una disculpa con el comerciante (porque eso era el señor que había entrado) que salió de la comisaría más enojado que al entrar. Luego avanzó hacia los dos demorados y les dijo:
"-Se pueden ir"
Con algo del autoritarismo anterior, pero con cierta vacilación en la voz dado el error cometido.
Pero no contaba con los dos abominables sujetos que había detenido por equivocación: viendo que ahora tenían una ventaja táctica y moral, los dos se dedicaron a denostar al señor oficial, paladeando cada palabra. Le pidieron su nombre e identificación y amenazaron con una contradenuncia que daría cuenta de la injusticia cometida. Denuncia que nunca se concretó dado que los dos se conformaron con la cara de susto que tenía el policía ante la andanada pseudo-leguleya que los dos desplegaron.
Se fueron sonriendo, con la satisfacción de quienes han vapuleado a la autoridad competente y saben que gozan de la más amplia impunidad.
Los dos siguen contando esta anécdota, como buenos fascinerosos que son, riéndose impúnemente de la sagacidad policial. Eso saca uno por ser amigo de dos anarquistas en potencia.