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jueves, 1 de septiembre de 2016

ERA POR ESO: CLÁ, LA PESADA HERENCIA

La verdad, a veces pienso que es una cámara oculta. Que me voy a estar enojando sin retorno y un estúpido con risa colgate me dirá: "es una joda". Que nos dirá a todos "es una joda para la televisión" y volveremos a llevar una vida normal y ¡digna!.
Pero no, no es un chiste. O sí, un chiste de mal gusto.
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En una de esas tu úlcera no está tan mal
Para empeorarla, acá hay algo más
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O sea, les vamos a subir la nota cuando ajusten como corresponde a todos esos orejones del tarro que se viven quejando, los de los palos en la rueda ¿vistes?

martes, 26 de noviembre de 2013

A TODOS LOS CHANCHOS LES LLEGA

El capitalismo mata en todas partes. Y no tiene que venir un Papa a recordanos la naturaleza letal de un sistema económico que denunciamos desde hace mucho tiempo. Más que nada porque la Iglesia Católica apoyó espiritualmente el crecimiento de ese sistema económico y, si me permiten el escepticismo, no creo que haya cambiado demasiado. Pese a las altisonantes palabras que portan la sustancia de las épicas "flatus vocis".

martes, 21 de mayo de 2013

LA DESGRACIA AJENA


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Esta mañana, haciendo un poco de zapping para enterarme si afuera estaba como para una campera antártica o un chalequito de polar, me llevé por delante a Marcelo Bonelli. Con su inefable tonto de maestro ciruela disertaba acerca del "reconocimiento" del aumento de la desocupación por parte del INDEC. La construcción del titular ("reconocer" que en este contexto significa "admitir" lo que antes se ocultaba) ya no me sorprende en un canal como TN. Digamos que su retórica es previsible, incluso tosca (siempre pensé que podrían operar con mayor eficacia si mantuvieran cierta lógica en el discurso y usaran otros recursos analíticos, pero bueno, no se le puede pedir peras a la pared).
Lo que sí me llamó poderosamente la atención fue la expresión corporal de Bonelli. Dicen los que saben de este asunto del análisis del discurso (Roland Barthes, por ejemplo) que el discurso no solo está conformado por las palabras sino también por la forma en que éstas son dichas (la forma es contenido, como sospechaba Vigotsky), y, en el caso del discurso televisivo, por los gestos, expresiones y movimientos que realiza quien habla (aparte del enfoque de la cámara, la iluminación, etc.). Todo sumado nos permite dilucidar, aunque sea un poco, el tenor de las intenciones del hablante más allá de lo que dice (lo manifiesto y lo latente).
Bonelli leía la noticia y expandia el cuerpo como cuando un ave se esponja, satisfecha. Sus ojos miraban la cámara de costado, y no a causa de la lectura que tenía frente a sí, sino como un desvío intencional, como quien no quiere dar la cara y de alguna forma intenta esquivar la mirada del otro representada por el ojo de la lente. Cada tanto bajaba la vista y observaba furtivamente el escritorio, pero no leía nada allí, usaba ese movimiento también para evadir la cámara.
A medida que disertaba se observaba que contenía algún gesto en la cara. Era notorio el esfuerzo que realizaba para no dejar salir alguna expresión. Y esa tensión se le notaba en la frente, reflejo de la contracción de los músculos del rostro. 
Pero el control no fue absoluto y el gesto al fin apareció en la comisura derecha de los labios. Allí, ahogada por el bloqueo de Bonelli, surgio una sonrisa taimada. Un rictus apenas, que mostró la felicidad que le despertaba la noticia. No se había tentado, no estaba mirando a nadie, no estaba conteniendo una risa desbordante: lo que hacía era tratar de no mostrar que la noticia que estaba leyendo le causaba una profunda satisfacción. Sus ojos acompañaron la sonrisa, los entrecerró apenas en el momento final (no pude evitar la metáfora "el secreto de sus ojos").
Luego, apelando al autocontrol, volvió al gesto anodino y pseudo-profesional al que nos tiene acostumbrados.
Y yo me quedé pensando: ¿cuál era el motivo de la satisfacción que se pudo apreciar en sus gestos? ¿Qué elementos de la noticia que leía le generó ese placer? Porque, conjeturo, que aumente la desocupación no puede ser una buena noticia. Más que nada porque significa entre otras cosas, que un montón de sujetos no tendrán como cuernos llevar comida al estómago, en principio.
El "índice de desocupación" más allá de la estadística, apenas describe la tragedia humana que sugiere. Tragedia que por otra parte hemos vivido en Argentina en carne propia. Entonces ¿cuál era el motivo de satisfacción de Bonelli ante la noticia del aumento de la desocupación en Argentina, según el INDEC?
Alguna sospecha tengo.
Nada más quiero agregar una cosita, a modo de contexto: en el año 2001 Marcelo Bonelli compartía una mesa con Anoop Singh, en ese momento Jefe del Departamento de Operaciones Especiales del Fondo Monetario Internacional. La implosión y explosión del experimento neoliberal estaba a la vuelta de la esquina pero Bonelli sonreía junto a Singh, distendido. Aliado fiel e incondicional del FMI, un asesino serial de dimensiones mundiales, un auténtico economicida.
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Un poco después escribía este artículo. La Argentina ya había atravesado el 19 y 20 de diciembre. Las causas de ese derrumbe se pueden rastrear en la adhesión automática a los dictados del FMI. En el 2010 Bonelli nos deleitó con este otro artículo. Si revisan ambos textos, separados por más de nueve años, verán que el periodista mantiene la misma tónica. La sonrisa de la foto del encuentro con Singh y la sonrisa subrepticia que yo pude constatar hoy al verlo en la pantalla hablando de desocupación, parecen ser la misma cosa. A pesar de los almanaques.
Las conclusiones, como dijo una de las pensadoras incisivas que nos han sabido asolar, las dejo a su criterio.
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PD:
Aquí otro reconocimiento que no deja de ser curioso. Y esto también es digno de leerse. Porque pantalones abajo hubo muchos, pero muchos muchos.