¿Sabes qué? No estamos todos juntos. Una acotación acerca de la famosa grieta: esa oquedad que el petulante Lanata cree haber "descubierto" no es otra cosa que la marca orográfica de la división de clases en una sociedad capitalista. O sea, si la sociedad está organizada sobre la base de la economía capitalista estará escindida en clases sociales (por definición) y a la división le podés llamar como quieras, pero está ahí. Y como los intereses de las clases están contrapuestos habrá lucha de clases: intitucionalizada, abierta, encubierta, pero habrá lucha de clases.
Los doce años anteriores lograron que uno de los protagonistas de esa escición adquiriera volumen político, visibilidad. Entonces, cuando ese sujeto social por lo general silenciado pudo decir esta boca es mía, las diferencias, los intereses de clase enfrentados, se hicieron patentes y salieron a la luz. No es que antes esa distancia entre unos y otros no existiera. Lo que ocurría es que esa división no aparecía en la superficie con la densidad necesaria como para interpelar al otro protagonista que contaba con el silencio de los explotados para prolongar la explotación.
Cuando el mecanismo salió de las sombras pudimos advertir quién manejaba los hilos. O sea, quedaron al descubierto y sin la posibilidad de hablar solos y sin réplica. Y se enojaron. A esa posiblidad de interpelación le llamaron violencia. Dijeron que no tenían "-libertad de prensa" porque estaban acostumbrados a hablar solos y que su mirada fuera la única admitida.
Y señalaron lo obvio: la "grieta". Le dieron nombre a lo que estaba ahí como si fuera una novedad. Y culparon a los explotados por cavar esa zanja y en el mismo movimiento se quitaron del medio como responsables. Porque el primer movimiento, o sea, nombrar lo existente, requiere el segundo, restarse de lo existente para eximirse de culpa y cargo. Al señalar con el dedo a los que aparecieron como sujetos políticos la dirección del dedo ocultaba al dueño del dedo. "-Eso lo hicieron uds." dijeron y con eso evitaeon el cuestionamiento acerca del papel central de la clase dominante en la construcción de una sociedad de clases basada en relaciones de explotación o sea, su propia responsabilidad
Ahora el problema es mucho más complicado. Entre unos intereses y otros, o sea, entre una orilla y otra, hay conflictos (lucha de clases). Esos conflictos en democracias formales como la argentina, se dirimen por vías más o menos institucionales. Para usar una metáfora tosca, existen puentes entre una orilla y otra que permiten canalizar conflictos para que no se vueltan críticos y aniquilen el equilibrio precario en el que pervive una sociedad capitalista. Por lo general se institucionalizan los actores sociales y cada facción expone sus intereses mediante partidos políticos, sindicatos, asociaciones profesionales, ONGs, etc. Como defienden intereses contrapuestos podemos llamarlos "adversarios políticos". Se enfrentan en el campo de las instituciones y le dan curso a los conflictos en el marco de los dispositivos establecidos. Las facciones en pugna buscan resolver los problemas regulando de esa forma la convivencia pugnando por mayores ventajas, negociando espacios, mediando entre las partes, etc.
Cuando esos puentes son dinamitados, cuando se desconoce al otro como interlocutor válido, cuando la descalificación antecede cualquier análisis, cuando se crea un blanco perfecto al que uno le puede achacar la suma de todos los males, entonces ya no hay más adversarios políticos sino enemigos. Y con el enemigo uno no negocia, no dialoga, Al enemigo hay que derrotarlo, vencerlo. Sin interesar los métodos. Hay que, vaya palabrita, aniquilarlo.
Si los conflictos carecen de vías institucionales de resolución por la dinámica social se trasladarán a otros escenarios de lucha, menos regulados, menos previsibles. Y ahí lo que tenemos es que la grieta se convierte en un abismo insondable.
Eso es lo que ha hecho Lanata y quienes lo secundan: dinamitaron puentes. Convertieron al adversario político en un enemigo irrecuperable.
¿Cómo salir de esa trampa?


