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sábado, 24 de enero de 2015

I JUST CALLED

¿Quién? ¿EE.UU:?
¿Quién les tiró el gueso?
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¿O de lo contrario qué?
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Nota: debe haber una fila de fanáticos de las relaciones carnales solicitando la intervención lisa y llana. No da abasto la embajada. Fanáticos que por otra parte, no entienden que las bravuconadas de estos muchachos son nada más que síntomas de una hegemonía que se acaba (de la peor manera porque está sembrando muerte en todo el planeta).
El bacalao no se corta más en Washington. Alguna vez lo tendrán que entender, porque los enamoramientos no se llevan bien con la política exterior de un país.
Tampoco en Israel, un estado terrorista que se sostiene extendiendo la guerra a medio oriente (no, no quieren la paz, no les conviene ni un poquito).
Puede paracer que todavía tienen una influencia decisiva pero no. Son leones herbívoros, como dijera ya saben quién. La Alemania de Merkel también tiene el aspecto de una potencia, pero ya dejó de serlo. Vivir a expensas de sus socios de la UE no durará por siempre.
Las potencias, las posta, las verdaderas, ahora están más al oriente. Y aunque a Obama Bin Laden no le guste, Rusia está entre ellas.

domingo, 7 de diciembre de 2014

PELLIZCAME, PELLIZCAME

Si che
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Pero no se ilusionen tanto.
Porque justo abajo piden lo de siempre.

viernes, 23 de agosto de 2013

FORROS DEL BICENTENARIO

Según todos estos "profesionales", estamos a punto de fenecer. Eso dicen al menos Marcos Aguinis, René Balestra, Eduardo Caridi, Andrés Cisneros, Dante Cracogna, José Claudio Escribano, Rosendo Fraga, Mariano Grondona, Alieto Guadagni, Mario Mariscotti, Daniel Montamat, Avelino Porto, Abel Posse y Daniel Sabsay.
Vale la pena leer el texto completo:
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"América del Sur padece un profundo enfrentamiento ideológico entre un bloque populista y otro republicano. La Argentina navega en la indefinición: mientras que el Gobierno tiende inocultablemente a un esquema bolivariano, la mayoría de la sociedad defiende nuestra tradicional pertenencia republicana. Como Brasil, Uruguay, Chile, Perú y Colombia.

De allí la importancia de las dos elecciones, de aquí a 2015, porque no solo vamos a elegir nuevos gobernantes: vamos a elegir bajo qué sistema queremos vivir.
La marcada acentuación del hegemonismo en la última década ha perjudicado no solo a la democracia, sino también a una idea de inserción en el mundo que sea perdurable.
Esto se vincula directamente con la política exterior. El mundo observa el comportamiento de los países que no son previsibles más allá de un período presidencial y descarta asociarse con ellos.
Sin embargo, la actual situación mundial es equiparable a la del mejor momento internacional de la Argentina en toda su historia, el que se conoce como la Generación del 80. Aquellos compatriotas consiguieron un lugar en el mundo por haber organizado la vida institucional del país y por haber respetado la división de poderes, con una Justicia independiente y con un orden político que mantuvo el sistema republicano durante nada menos que setenta años.
Pero los gobernantes hegemónicos provocan la desconfianza internacional, porque promueven el espíritu de facción, aumentando el autoritarismo hacia adentro y, hacia afuera, la marginación del país en el contexto global. Una cosa va con la otra. La recuperación del sistema republicano y el combate contra el hegemonismo se encuentran, por eso, íntimamente ligados con la política exterior.
En ese marco, la irrupción del papa Francisco emerge como un mensaje ecuménico de paz y solidaridad, de amor, y no de odio. “La política es unidad y búsqueda de acuerdo en lo esencial. Sin ella, la identidad nacional está en riesgo de desintegración”, ha dicho. Esto golpea en su línea de flotación a gobiernos cuya herramienta principal es la constante promoción del enfrentamiento como mecanismo para acumular poder.
El modelo centralista hacia adentro y aislacionista hacia afuera ya ha cumplido su ciclo. El que lo reemplace, con una visión verdaderamente republicana hacia adentro e internacionalista hacia afuera, está esperando a los Alberdi que puedan diseñarlo. Todo consistirá en bajarse de una interpretación anacrónica e insolvente sobre el estado del país y su destino y subir de una vez por todas a la Historia."
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Lo que padece América del Sur son estos pseudo-intelectuales de pacotilla que atrasan por lo menos tres décadas. La deuda intelectual que tienen quienes dicen abordar estas cuestiones es enorme. El pensamiento autónomo que debieran estar pergeñando brilla por su ausencia y solo se limitan a repetir fórmulas perimidas, agendas mediáticas y lugares comunes del liberalismo, dirfrazando la operación con palabras rimbombantes en donde sobran adjetivos y faltan más que nada ideas.
Nunca se harán cargo, eso sí. Ellos piensan que son el alfa y el omega. Y apenas llegan a conformar un grupo de ancianos que extrañan sus privilegios.

lunes, 13 de mayo de 2013

NO TOQUE SU TELEVISOR

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"Si algo as­í pasa, si nos sacan, hagan algo. No sé qué. Hagan algo. No les pido que lo hagan por mi­. Se los pido, pero para que hagan algo por ustedes."
"Termino el programa de hoy sin saber si el domingo que viene vamos a estar acá. No tengo idea."
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Cuando leí lo anterior, dicho por Jorge Lanata en el programa del domingo próximo pasado, tuve la certeza de haber escuchado antes una construcción retórica similar. Me estuve exprimiendo la cabeza (las dos neuronas que me restan asesinar) y por fin lo recordé:
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"Seguramente, ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las antenas de Radio Magallanes. Mis palabras no tienen amargura sino decepción. Que sean ellas un castigo moral para quienes han traicionado su juramento: soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino, que se ha autodesignado comandante de la Armada, más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al Gobierno, y que también se ha autodenominado Director General de carabineros. Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡No voy a renunciar!
Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad al pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos." (últimas palabras de Salvador Allende)
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Hay una diferencia entre las dos declaraciones. Más allá de la obvia distinción entre un estadista de la talla de Salvador Allende y un periodista como Jorge Lanata.
Pero vamos desde el principio: el tono general de ambas declaraciones es dramático. Las dos expresan con claridad una situación final de la que problablemente no haya retorno (en el caso de Allende no lo hubo). Las dos contienen una apelación a un colectivo que será el depositario de un proceso social y en el otro caso, el agente del cambio por la decencia.
Hasta ahí las similitudes. Vamos a las diferencias.
La encrucijada de Salvador Allende era ominosa: alentar el derramamiento de sangre del pueblo chileno o derramar su propia sangre para cumplir la palabra empeñada ante el mandato de las urnas. Allende optó por sacrificar su vida, evitando de esa forma la destitución ilegítima que buscaba el golpe militar y además, intentó que no tuviera lugar una masacre en donde el pueblo fuera el blanco móvil del ejército, pidiéndole a los laburantes que no se armaran y lanzaran a la calle en defensa de la democracia.
Jorge Lanata en cambio presupone una intervención que cerraría el canal en donde se emite su programa. Indica que existe la posibilidad, que puede pasar, que puede ser. Que sus propias acciones podrían precipitar la intervención de ese canal. Le otorga a sus palabras el tinte de un perseguido o amenazado, se finge desamparado, simula el desamparo de la empresa para la que trabaja, torciendo la evidencia que muestra que el grupo al que pertenece está en una clara posición dominante, no solo a nivel mediático sino tambièn por su influencia en la justicia, que justamente, lo ha amparado exceptuándolo de cumplir la ley.
Lanata pretende que pensemos en una represalia contra un actor débil, alguien que está en inferioridad de condiciones. Y no lo está. No lo está y Lanata lo sabe con certeza.
Allende estaba a punto de morir, por decisión propia. Tenía plena conciencia de lo que ocurría y que la situación desembocaría en su muerte, de una u otra forma. Sus palabras no buscan asustar, crear tensión, sumar dramatismo al drama que tenía lugar en la calle. Al contrario. Tratan de apuntalar la esperanza a pesar del momento amargo y oscuro que se cernìa sobre Chile.
Lanata conjetura un momento oscuro, que supuestamente ha sido provocado por la exposición de las miserias del gobierno nacional y, al contrario de Allende, busca que "la gente" haga algo. La naturaleza de ese "algo" no es precisa. Por eso mismo, por su polisemia, por su amplitud, la propuesta es peligrosa, porque algo va desde salir a la calle con una pancarta a incendiar el congreso en el supuesto caso de que el Grupo Clarín sea intervenido.
Allende en cambio trata de evitar la muerte de los que lo apoyaron. Es más, segùn testimonios Allende se preocupó en sus últimas horas por la salud de todos sus funcionarios e instó a todos los que pudo a que se fueran y no cayeran junto a él. 
Lanata pide a un eventual "pueblo" que "hagan algo".
Hay en una declaración la tensión correspondiente a una situación extrema, dramática, final. En la otra está la pretensión de que la situación tenga la tensión de la primera. Pero en el fondo es nada más que una petición de principio, un armado. Un bluff.
Allende murió, por propia mano, ante el ataque del golpe militar comandado por Augusto Pinochet.
Jorge Lanata no morirá, y tampoco es ni será un héroe.
Y el domingo podrán volver a disfrutar de su programa. Como debe ser.