lunes, 13 de mayo de 2013

NO TOQUE SU TELEVISOR

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"Si algo as­í pasa, si nos sacan, hagan algo. No sé qué. Hagan algo. No les pido que lo hagan por mi­. Se los pido, pero para que hagan algo por ustedes."
"Termino el programa de hoy sin saber si el domingo que viene vamos a estar acá. No tengo idea."
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Cuando leí lo anterior, dicho por Jorge Lanata en el programa del domingo próximo pasado, tuve la certeza de haber escuchado antes una construcción retórica similar. Me estuve exprimiendo la cabeza (las dos neuronas que me restan asesinar) y por fin lo recordé:
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"Seguramente, ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las antenas de Radio Magallanes. Mis palabras no tienen amargura sino decepción. Que sean ellas un castigo moral para quienes han traicionado su juramento: soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino, que se ha autodesignado comandante de la Armada, más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al Gobierno, y que también se ha autodenominado Director General de carabineros. Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡No voy a renunciar!
Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad al pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos." (últimas palabras de Salvador Allende)
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Hay una diferencia entre las dos declaraciones. Más allá de la obvia distinción entre un estadista de la talla de Salvador Allende y un periodista como Jorge Lanata.
Pero vamos desde el principio: el tono general de ambas declaraciones es dramático. Las dos expresan con claridad una situación final de la que problablemente no haya retorno (en el caso de Allende no lo hubo). Las dos contienen una apelación a un colectivo que será el depositario de un proceso social y en el otro caso, el agente del cambio por la decencia.
Hasta ahí las similitudes. Vamos a las diferencias.
La encrucijada de Salvador Allende era ominosa: alentar el derramamiento de sangre del pueblo chileno o derramar su propia sangre para cumplir la palabra empeñada ante el mandato de las urnas. Allende optó por sacrificar su vida, evitando de esa forma la destitución ilegítima que buscaba el golpe militar y además, intentó que no tuviera lugar una masacre en donde el pueblo fuera el blanco móvil del ejército, pidiéndole a los laburantes que no se armaran y lanzaran a la calle en defensa de la democracia.
Jorge Lanata en cambio presupone una intervención que cerraría el canal en donde se emite su programa. Indica que existe la posibilidad, que puede pasar, que puede ser. Que sus propias acciones podrían precipitar la intervención de ese canal. Le otorga a sus palabras el tinte de un perseguido o amenazado, se finge desamparado, simula el desamparo de la empresa para la que trabaja, torciendo la evidencia que muestra que el grupo al que pertenece está en una clara posición dominante, no solo a nivel mediático sino tambièn por su influencia en la justicia, que justamente, lo ha amparado exceptuándolo de cumplir la ley.
Lanata pretende que pensemos en una represalia contra un actor débil, alguien que está en inferioridad de condiciones. Y no lo está. No lo está y Lanata lo sabe con certeza.
Allende estaba a punto de morir, por decisión propia. Tenía plena conciencia de lo que ocurría y que la situación desembocaría en su muerte, de una u otra forma. Sus palabras no buscan asustar, crear tensión, sumar dramatismo al drama que tenía lugar en la calle. Al contrario. Tratan de apuntalar la esperanza a pesar del momento amargo y oscuro que se cernìa sobre Chile.
Lanata conjetura un momento oscuro, que supuestamente ha sido provocado por la exposición de las miserias del gobierno nacional y, al contrario de Allende, busca que "la gente" haga algo. La naturaleza de ese "algo" no es precisa. Por eso mismo, por su polisemia, por su amplitud, la propuesta es peligrosa, porque algo va desde salir a la calle con una pancarta a incendiar el congreso en el supuesto caso de que el Grupo Clarín sea intervenido.
Allende en cambio trata de evitar la muerte de los que lo apoyaron. Es más, segùn testimonios Allende se preocupó en sus últimas horas por la salud de todos sus funcionarios e instó a todos los que pudo a que se fueran y no cayeran junto a él. 
Lanata pide a un eventual "pueblo" que "hagan algo".
Hay en una declaración la tensión correspondiente a una situación extrema, dramática, final. En la otra está la pretensión de que la situación tenga la tensión de la primera. Pero en el fondo es nada más que una petición de principio, un armado. Un bluff.
Allende murió, por propia mano, ante el ataque del golpe militar comandado por Augusto Pinochet.
Jorge Lanata no morirá, y tampoco es ni será un héroe.
Y el domingo podrán volver a disfrutar de su programa. Como debe ser.

4 comentarios:

Daniel dijo...

Fibertel opera sin licencia hace ya muchooo y sigue con total impunidad. Por favooor!

roberto dijo...

Dormi, los M.Sola, Lanata, y toda la caterba de mercenarios piden ayuda al pueblo, que se dejen de joder ya me tienen podrido con su pedorra medida golpista. Pobres angelitos si hasta son capaces de ponerse alas.

Dormidano dijo...

Daniel:
Pobres, son víctimas. Y si ellos son víctimas yo ya no sé qué es una víctima.

Dormidano dijo...

Roberto:
Cualquier bondi los deja en la puerta. Ahora que no tienen los tanques buscan en otro lado...