Acaban de dictar el sobreseimiento de Mermando de la Duda por las muertes causadas en la represión llevada a cabo durante los sucesos del 19 y 20 de diciembre de 2001. Parece ser que la represión se ordenó sola, sin ayuda de nadie, por generación espontánea. Es más, por default, automáticamente.
Por lo tanto no hay culpables, no hay responsables de orden político que hayan dado la orden de reprimir. La Policía Federal hace estas cosas medio de oficio. ¿Cómo no me había dado cuenta?
"Está demostrado que no hubo orden de reprimir". Eso dijo Frenando. Lo dicho, fue un milagro como lo de Fátima, pero con gases, balas de plomo y palazos varios.
Pero para no quedarnos cortos, he aquí que los eximidores, los sobreseedores, han instaurado una entelequia: el supuesto "buen nombre y honor" de Mermando de la Duda. Y aquí se produjo ante nuestros ojos otro nuevo portento (el que quiera ver que vea). Fundar, vía sentencia, una condición que el sobreseído no tiene en absoluto.
Porque, por hijo de puta, por boludo, por zanguango, por idiota o estúpido, él era el Presidente de la Nación Argentina. Presidente, no Prescindente. Estaban reprimiendo a escasos metros de su obsoleta nariz. No podía no saberlo. Nunca confirmaremos si dió o no la orden de reprimir. Pero por lo menos no movió el culo para parar esa represión que mató a muchas personas.
De la misma forma Reutemann escapó a su responsabilidad por los asesinatos durante la represión en Santa Fe. Y Duhalde por Kosteki y Santillán. Y tantos otros.
Tantos otros que ahora andan dando vuelta postulándose como estadistas cuando no son más que asesinos. Aunque la Justicia diga lo contrario.