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martes, 12 de abril de 2016

NI "GENTE" NI "VECINOS": PUEBLO

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Dice Jean Paul Sartre que hay tres formas concretas de conjuntos sociales: la serie, el grupo y la organización. Usemos un ejemplo simple para entender el asunto: supongamos que hay una fila de tipas y tipos esperando el bondi, todos tienen un objetivo común que es subir al colectivo pero no los une nada más. Están ahí circunstancialmente, son una serie, una vez que el colectivo llegue subirán y luego cada uno a lo suyo y dios en la de todos. Lo que agrupa a una serie es un interés exterior que está fuera de mi y de los otros. Por eso entre los que esperan el colectivo hay una indiferencia pasiva.
Volvamos a suponer: está la fila de tipas y tipos esperando el bondi, y somos todos gauchitos pero el bondi no aparece. Esperan y esperan y el colectivo bien gracias. Entonces comienzan a hablar unos con otros, ponderando a la madre del bondisero, a la empresa de bondis, al tránsito, a la frecuencia, al valor del boleto que no se corresponde con el servicio, etc. En ese momento, en el momento en que rompen el aislamiento, aparece un elemento de fusión que no proviene del exterior sino del interior del sujeto que se hace él mismo con los otros que dejan de serlo para ser también él mismo: se ha conformado un grupo.
Sigamos supongando: ahora uno de los indignados esperadores dice: "-Vamos a quejarnos a la cabecera de la empresa o a la CNRT y presentemos un petitorio, etc." y todos los de la parada lo siguen porque es el tercero regulador, digamos, el mediador entre cada uno y todos los otros.  El tercero móvil es quien mediante la acción disuelve la inercia serial.
Ahora estiremos el example: los que antes eran unos tipos reunidos esperando un bondi (una serie), se convirtieron en un conjunto social en fusión debido a la impuntualidad persistente del bondi  y sus protestas al respecto (un grupo). ¿Qué es una organización? El fundamento de la organización es el juramento. El juramento surge ante la posible dispersión del grupo. El juramento es el paso de la fusión a la institución. A la reciprocidad que apareció en el grupo en fusión no le alcanza la inmediatez, necesita una mediación más estable. Por eso aparece el juramento que es aquel acto mediante el cual todos se comprometen a seguir siendo los mismos que conformaron el grupo, esto es, manteniendo vivo el fundamento de la fusión. Si bien se mira, la organización es la lucha del grupo contra la inminente traición, que no es más ni menos que el retorno a la primera agrupación: la serie. Entonces los esperantes se mandan una ONG que tiene por objetivo mejorar el transporte urbano. Ahí lo tenés. Un juramento que se institucionaliza para estabilizar al grupo.
Dicho lo anterior (les dejé material más que suficiente para analizar los últimos tres meses en Argentina) veamos qué pasó anoche (más allá de los lamentos, descalificaciones y chicanas de los comunicagadores sociales de los medios serios): ayer fuimos un grupo. Los que estaban en Aeroparque, los que fueron a Recoleta, los que mirábamos el asunto por TV, los que escuchaban la radio, incluso los que no encendieron ni uno de los aparatos anteriores pero sabían que había un motivo exterior, pero a la vez interior, que disolvía la serie y la convertía en un grupo. Lo que se vio, lo que se palpa hoy, lo que recorre el aire, son los latidos de ese grupo que sigue en fusión. ¿Solo porque vino CFK? Si, por eso pero también porque ese evento exterior nos permite reconocernos a nosotros mismos como el otro, salir de la pasividad serial para convertirnos en el otro: la patria es el otro (ahí lo tené). La disolución de la serie en el movimiento. CFK es el elemento aglutinador, pero los aglutinados somos nosotros, que dejamos de ser otros para el otro y nos convertimos en él mismo con el otro que deja de ser el otro para ser él mismo. Eso es lo que vieron, eso es lo que noquea sus presunciones. Eso es lo que no pueden comprender. 
Porque están acostumbrados a la pura serie (la "gente", los "vecinos") tipas y tipos que no tienen un pomo que ver entre ellos, que apenas pueden indignarse juntos antes de volver al spa. Esa multitud homogénea, alegre, gritona, orgullosa los deja perplejos. Los confunde y frustra. Porque esos negros ya deberían haber aprendido pero no aprenden. Porque esos choriplaneros tendrían que estar extinguidos pero ahí están, sudorosos, saltarines, contentos en un festejo que no debería ser tal. ¿Qué es eso de venir a recibir a una "korrupta"? ¿Cómo se atreven a festejar el retorno de esta populista demagoga?
Por eso, anoche no hubo "gente" ni "vecinos": había "pueblo", el mismo pueblo que anoche tuvo por fin un motivo para reir y alegrarse. El primer motivo de felicidad en más de tres meses. El mismo pueblo que ahora recuperó el brillo en la mirada (si querés cómplice) al comprender que las sombras no son tan sombras y que la noche neoliberal tiene fecha de vencimiento.
Al rey en pelotas se le tiene que haber solidificado la papa en la boca: allí, en Aeroparque, estaba ocurriendo lo que él nunca lograría. La fusión de una serie de pasividades individuales que se convierten en un grupo. Su triste mirada desde los blindados vidrios de un auto el día del discurso ante el Congreso, comprobando que no había juntado ni dos vendedores ambulantes, atribuyendo el vacío de las calles a un problema climático muestra de qué está hecho él y sus cómplices.
Están preocupados, porque como siempre, no logran entender.
Hay pueblo. Más allá y cada tanto aparecerá la "gente" y los "vecinos". Pero es el pueblo el que hace la historia. Y tienen un cagazo que les paraliza las patas.
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lunes, 18 de enero de 2016

EL PESIMISMO OPTIMISTA

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El pueblo jamás se equivoca.
Se equivoca cuando es "gente"
Se equivoca cuando es "vecino"
Porque cuando es "gente" o "vecino" apenas es un grupo de cosos que sobrevive sin saber porqué y casi nunca paraqué.
Un rejunte de individuos que profesan lo que llamaré aquí Optimismo Pesimista. ¿Lo qué? El Optimismo Pesimista consiste en una falsa actitud positiva de adaptación permanente a lo que sea (el primer término del par ordenado"Optimismo"), actitud que recubre una mirada profundamente conservadora y pesimista acerca de las circunstancias de existencia colectivas (las individuales pueden modificarse, y ahí tenés el germen del capitalismo): o sea, pesimismo en cuanto a la sociedad dada. Esta última está ahí y no se te ocurra cambiarla; adaptate, acomodate como mejor puedas y carcajeate, sonreí, ponete el gorro con estrellitas y aplaudí los últimos éxitos de Lali Espósito. ¿Total? En general quienes poseen este optimismo pesimista desvían cualquier intento de análisis con un falso humor liviano que impide mirar más allá de lo evidente. Más que nada porque ese ejercicio recubre con una mano de pintura un orden de castas que no desean discutir dado que en algún momento planean ascender a una casta superior. Y caen en la trampa, dado que una casta es un estamento cerrado y está ahí como cebo y panacéa inalcanzable. Un santo grial de poder y gloria para reforzar la mirada soñadora y reaccionaria.
El pueblo en cambio, posee (o debería poseer) la mirada contraria: o sea, el Pesimismo Optimista. El sujeto advierte que su realidad concreta de existencia no es buena en términos de igualdad de oportunidades, distribución del ingreso, etc (o sea, es Pesimista como condición indispensable para una crítica de lo existente). Entonces sostiene que tal estado de cosas debe ser modificado, cambiado, revolucionado. Por lo tanto, es Optimista en tanto piensa que la sociedad no es una supraentidad que permanece igual a sí misma por los siglos de los siglos, sino un proceso en marcha, construido por sujetos como él y por tanto, modificable por esos mismos sujetos, entre los que se incluye. Es una mirada del movimiento, de la movilidad en sentido fuerte, dialéctica en tanto el momento actual debe ser cuestionado y, tal como dice Marx en la Tésis XI sobre Feuerbach: "Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo".
Es entonces este pueblo el que no se equivoca. La "gente" o el "vecino" permanecerán en sus respectivos asientos. El pueblo, si es pueblo, no.
Añado dos definiciones de "pueblo" que han estado detrás de estas reflexiones:
-."Un pueblo es una serie de elementos equivalenciales que aparecen unificados relativamente alrededor de un significante vacío o hegemónico” (Laclau, Ernesto, "El pueblo, lo popular y el populismo", 2010, pág. 144)
-."Un pueblo en sí es todavía potencialmente un actor que en el consenso acepta la dominación, no descubre que está oprimido porque le encubren sudominación; pero cuando descubre, cuando entraen conciencia de que es oprimido, empieza a ser el pueblo para sí y entonces la comunidad política se escinde, una parte de ella es el resto del bloque histórico en el poder. La otra parte es lo que vamos a llamar estrictamente pueblo, aunque pueblo no incluirá a las clases que se ponen como dominantes, porque así también puede haber una clase media que se ponga como popular. No es una cuestión de nacimiento, sino de una posición en la sociedad (Dussel, Enrique, "El pueblo, lo popular y el populismo", 2010, pág. 121)

domingo, 8 de noviembre de 2015

A VER

Ni "gente"
Ni "vecinos"
PUEBLO
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Después de eso, lo demás lo hablamos

viernes, 12 de abril de 2013

¿EL "PUEBLO"?

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¿El "Pueblo"? No no. Una parte del pueblo. No "El Pueblo". Está muy bien que salgan a la calle a hacerse cargo de sus opiniones y reivindicaciones. Lo que está mal es jugar a que los que participen del cacerolazo son "El Pueblo". Porque no lo son. Son una porción del pueblo de la nación Argentina, una porción que hasta puede ser una amplia mayoría pero la existencia de al menos un solo sujeto que no comparta la postura de los caceroleros refuta  la expresión "El Pueblo va por todo". Una parte del pueblo saldrá a la calle. Con todo derecho por otra parte. Pero esa porción no puede autotilularse "El Pueblo" porque ejerce en ese sentido una sustitución que implica que los intereses que sale a defender a la calle son los intereses de "todos" y eso no es así.
Treparse al pedestal de esa manera supone además una actitud de infundada superioridad: los demás son tontos, o están comprados o simplemente son cretinos. Por eso no deben hablar, no comprenden cuál es la verdadera situación, los llevan de la napia, el choripán y la coca, etc. Por eso pensamos por ellos. Porque "El Pueblo" somos nosotros. Menuda violencia te voy a decir.
Supongamos por un momento que otra porción del pueblo decida salir, otro día en otro momento, a oponerse a las consignas del 18 de abril. Esa porción ¿no es "pueblo"? Huelo un tufo a ortegaysaggismo enorme en este asunto.
Al definirse a sí mismos como "El Pueblo" deciden que son "hombres pueblo" y no "hombres masa", remoquete que le aplican a los que no comparten sus opiniones. Jodido el asunto, muy jodido. No pensar en sintonía con el autointitulado "pueblo" supone que el disidente no merece consideración alguna, porque no es "pueblo". Hablando de intolerancia y confrontación.
¿Qué tenemos luego de este razonamiento? ¿Pogroms?
Sobre el "todo" por el que esta porcíón del pueblo piensa ir hablaremos luego.