Parecen dos noticias distintas, pero no lo son.
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Cualquier algarabía que despidan estos cretinos envenena al resto de la sociedad. Y el resto de la sociedad haría muy bien en no creerles, negándoles apoyo tanto en las urnas como en la opinión pública (esa colección de lugares comunes que se postula a sí misma como verdad revelada).
Pero no. Una y otra vez "
la gente" vuelve a escuchar los cantos de sirena y con la misma alegría con la que veranea en Mar del Plata se lanza en brazos de sus verdugos. Sonriendo a mandíbula batiente por otra parte. Y uno, que no sale de su asombro, considera que habla al pedo todo el tiempo.
Que a pesar de presentar evidencia tras evidencia,
el inveterado analfabeto político tropieza ocho veces con la misma roca. Hasta que uno dice "
que se joda", pero piensa que en ese joderse del analfabeto también está el propio joderse. Y sigue hablando al flato. Pobrecito.