Hoy, como todos los días hábiles y los inútiles también, me subí al tren munido con todas las tormentas que nos han deparado estas jornadas. Zamarreado el ánimo, con la brújula descontrolada por tanto zoquete que reparte puñetazos cuando tiene que distribuir solidaridad, podrido de los salames que juegan al patotero de la cuadra cuando tendrían que estar agachando el lomo y cerrando la boca porque la tragedia es grande y no es de ahora, harto de los desplantes y abandonos de los que tienen que estar presentes y no están, ni estuvieron ni estarán, con todo eso que no es poco en el morral me ubiqué en un costado del vagón.
Conecté los auriculares al aparatito prodigioso y seleccioné, entre el cambalache que es la música que me guardo para el viaje, el tremendo, prodigioso y sublime disco "Emerson, Lake & Palmer, Live at the Royal Albert Hall" grabado en vivo, como su nombre lo indica, en octubre de 1992.
Al escuchar los primeros acordes del tema que abre el disco, "Karn Evil 9: 1st Impression, Pt. 2", el mundo allí afuera recobró algo de su perdido brillo. Y la impresión de estar asistiendo, de nuevo asistiendo a pesar del nada despreciable tramo de tiempo que media entre 1992 y este 2013, a un momento estéticamente bello, delicadamente complejo, cargado de sutilezas pero con una potencia arrolladora, me reconcilió con el atribulado sujeto humano que nos habita como denominador común de alegrías y tristezas.
Mientras abría las orejas de par en par, pensaba en eso que estaba escuchando.
Creo que he dicho más de una vez (soy una pesadilla, ya lo sé) que hay dos aspectos en el análisis músical que, a mi corto juicio, son escenciales. Uno de ellos es el formal que incluye, entre otras cosas, los componentes técnico-compositivos de la obra, el contexto de producción de la misma, etc. Lo formal en tanto atañe a elementos mensurables y objetivos puede ser evaluado y, en ese sentido, podemos hablar de mayor y menor complejidad de una obra, de errores o aciertos técnicos, etc. El aspecto formal de un hecho musical nos permite decir por ejemplo que es mucho más compleja y técnicamente superior la canción "Black Moon" tema del disco citado anteriormente que "Ella tiene swing" de Tan Biónica.
El otro elemento es el subjetivo. Ése sobre el que se miente que no hay nada escrito (sobre el gusto hay mucho escrito más que nada porque la conformación del gusto, en este caso el estético, es un asunto que no está del todo claro pese a los esfuerzos denodados de Bourdieu). Esto es, a algunos les "gusta" ELP y a otros Tan biónica. Este gusto no invalida ni legitima el juicio formal sobre una obra musical. O sea, te puede gustar Tan Biónica o Miranda! pero eso no significa que esa inclinación convierta a los dos grupos citados en buenos o malos desde el punto de vista formal. Cierta debilidad del pensamiento confunde el juicio formal con el subjetivo y destroza el primero en función del segundo. No ha lugar. La objeción formal pertenece al campo de la episteme y el gusto al de la doxa.
Traducido al castellano: te puede gustar Ricardo Arjona pero esa preferencia no convierte a Arjona en un compositor y cantante solvente desde el punto de vista formal. Las deficiencias en lo formal pueden muy bien permanecer para siempre y el artista seguir siendo elegido por los que lo escuchan.
Este mismo argumento sirve para otras artes como la literatura, por poner un ejemplo que tenemos a mano.
Pero hay una trampa. El gusto estético es una sensibilidad que se educa. Si senió. Un adecuado entrenamiento hace que la apreciación estética se vuelva más rica y adquiera las herramientas necesarias para acceder al disfrute de hechos artísticos más complejos.
¿Eso significa que no te va a gustar más Arjona, Tan Biónica o Miranda!? No te asustes, de ninguna manera. Pero el aprendizaje hará que incluso obras de arte que parecían menores, adquieran un sentido que antes no podías advertir. Intentar describir cómo se produce ese enlace entre el gusto y su entrenamiento es algo que supera el espacio de este post. Lo importante del asunto es dejar constancia de ese crecimiento conjunto.
Volvamos entonces a mi redención vía Emerson, Lake & Palmer luego de esta larga perorata.
Como el disco avanzaba ya tenía en el tímpano "Creole Dance", preludio compuesto por el argentino Alberto Ginastera como parte de sus "12 Preludios Americanos", ejecutado magistralmente por Keith Emerson. Escuchaba a lo lejos a la multitud que abarrotaba el Royal Albert Hall aplaudiendo y celebrando esa ceremonia musical. Esos sujetos que aplaudían en 1992 y yo teníamos algo en común: Emerson, Lake & Palmer. Nuestro gusto, nuestra preferencia por el grupo y sus canciones. Lo que también indicaba que ellos allá y yo acá apreciábamos, además del concepto progresivo del asunto, la complejidad de la propuesta. Porque ELP no se entrega de buenas a primeras. Para la oreja más o menos virgen la cosa puede sonar apabullante. Then: aquellas orejas y la mía misma habían recorrido un largo trecho antes de estar presentes, por las vías descriptas, en el enorme recital de ELP en el Royal Albert Hall.
En ese instante entonces agredecí a quien corresponda la posibilidad que el continuo entrenamiento me había puesto en los oídos. Y ya que estamos conjeturé, y con esto termino el testamento, que la posibilidad de elegir, la diversidad, está fundada en dos pilares: por un lado la libertad de poder elegir, o sea, no estar constreñido e imposibilitado por una fuerza mayor que impide optar, y por otro en la existencia de alternativas de elección. Puedo tener toda la libertad de elección que quiera y sin embargo no tener opciones reales para ejercer esa opción. En el arte, apreciar la diversidad de opciones consiste no solo en la existencia de alternativas sino en la educación del gusto, que en la práctica es el que opta, para que en serio haya posibilidad de elegir. Una forma de invisibilizar opciones es mutilar el gusto estético, no desarrollarlo, acotar la validez de opciones interponiendo el argumento de la demasiada complejidad de un hecho artístico cuando lo que hay en realidad es empobrecimiento del gusto estético.
La mutilación del sentido estético no solo comporta el cercenamiento del horizonte artístico sino también mina la sensibilidad limitándola a hechos artísticos que el sentido comùn, o sea la circulación del discurso dominante, considera legítimos. De lo que se sigue un dispositivo que se replica en otras áreas de la existencia que se naturaliza peligrosamente.
Y ya no pude pensar más, porque en ese momento comenzó "Finale", el último tema del disco y ¿en esas condiciones querés que te haga una conclusión coherente?
Escuchalo y me vas a entender.
Saludos a todos los que me conocen.