martes, 9 de abril de 2013

FANFARE FOR THE COMMON MAN

Hoy, como todos los días hábiles y los inútiles también, me subí al tren munido con todas las tormentas que nos han deparado estas jornadas. Zamarreado el ánimo, con la brújula descontrolada por tanto zoquete que reparte puñetazos cuando tiene que distribuir solidaridad, podrido de los salames que juegan al patotero de la cuadra cuando tendrían que estar agachando el lomo y cerrando la boca porque la tragedia es grande y no es de ahora, harto de los desplantes y abandonos de los que tienen que estar presentes y no están, ni estuvieron ni estarán, con todo eso que no es poco en el morral me ubiqué en un costado del vagón.
Conecté los auriculares al aparatito prodigioso y seleccioné, entre el cambalache que es la música que me guardo para el viaje, el tremendo, prodigioso y sublime disco "Emerson, Lake & Palmer, Live at the Royal Albert Hall" grabado en vivo, como su nombre lo indica, en octubre de 1992.
Al escuchar los primeros acordes del tema que abre el disco, "Karn Evil 9: 1st Impression, Pt. 2", el mundo allí afuera recobró algo de su perdido brillo. Y la impresión de estar asistiendo, de nuevo asistiendo a pesar del nada despreciable tramo de tiempo que media entre 1992 y este 2013, a un momento estéticamente bello, delicadamente complejo, cargado de sutilezas pero con una potencia arrolladora, me reconcilió con el atribulado sujeto humano que nos habita como denominador común de alegrías y tristezas.
Mientras abría las orejas de par en par, pensaba en eso que estaba escuchando.
Creo que he dicho más de una vez (soy una pesadilla, ya lo sé) que hay dos aspectos en el análisis músical que, a mi corto juicio, son escenciales. Uno de ellos es el formal que incluye, entre otras cosas, los componentes técnico-compositivos de la obra, el contexto de producción de la misma, etc. Lo formal en tanto atañe a elementos mensurables y objetivos puede ser evaluado y, en ese sentido, podemos hablar de mayor y menor complejidad de una obra, de errores o aciertos técnicos, etc. El aspecto formal de un hecho musical nos permite decir por ejemplo que es mucho más compleja y técnicamente superior la canción "Black Moon" tema del disco citado anteriormente que "Ella tiene swing" de Tan Biónica.
El otro elemento es el subjetivo. Ése sobre el que se miente que no hay nada escrito (sobre el gusto hay mucho escrito más que nada porque la conformación del gusto, en este caso el estético, es un asunto que no está del todo claro pese a los esfuerzos denodados de Bourdieu). Esto es, a algunos les "gusta" ELP y a otros Tan biónica. Este gusto no invalida ni legitima el juicio formal sobre una obra musical. O sea, te puede gustar Tan Biónica o Miranda! pero eso no significa que esa inclinación convierta a los dos grupos citados en buenos o malos desde el punto de vista formal. Cierta debilidad del pensamiento confunde el juicio formal con el subjetivo y destroza el primero en función del segundo. No ha lugar. La objeción formal pertenece al campo de la episteme y el gusto al de la doxa.
Traducido al castellano: te puede gustar Ricardo Arjona pero esa preferencia no convierte a Arjona en un compositor y cantante solvente desde el punto de vista formal. Las deficiencias en lo formal pueden muy bien permanecer para siempre y el artista seguir siendo elegido por los que lo escuchan.
Este mismo argumento sirve para otras artes como la literatura, por poner un ejemplo que tenemos a mano.
Pero hay una trampa. El gusto estético es una sensibilidad que se educa. Si senió. Un adecuado entrenamiento hace que la apreciación estética se vuelva más rica y adquiera las herramientas necesarias para acceder al disfrute de hechos artísticos más complejos. 
¿Eso significa que no te va a gustar más Arjona, Tan Biónica o Miranda!? No te asustes, de ninguna manera. Pero el aprendizaje hará que incluso obras de arte que parecían menores, adquieran un sentido que antes no podías advertir. Intentar describir cómo se produce ese enlace entre el gusto y su entrenamiento es algo que supera el espacio de este post. Lo importante del asunto es dejar constancia de ese crecimiento conjunto.
Volvamos entonces a mi redención vía Emerson, Lake & Palmer luego de esta larga perorata.
Como el disco avanzaba ya tenía en el tímpano "Creole Dance", preludio compuesto por el argentino Alberto Ginastera como parte de sus "12 Preludios Americanos", ejecutado magistralmente por Keith Emerson. Escuchaba a lo lejos a la multitud que abarrotaba el Royal Albert Hall aplaudiendo y celebrando esa ceremonia musical. Esos sujetos que aplaudían en 1992 y yo teníamos algo en común: Emerson, Lake & Palmer. Nuestro gusto, nuestra preferencia por el grupo y sus canciones. Lo que también indicaba que ellos allá y yo acá apreciábamos, además del concepto progresivo del asunto, la complejidad de la propuesta. Porque ELP no se entrega de buenas a primeras. Para la oreja más o menos virgen la cosa puede sonar apabullante. Then: aquellas orejas y la mía misma habían recorrido un largo trecho antes de estar presentes, por las vías descriptas, en el enorme recital de ELP en el Royal Albert Hall.
En ese instante entonces agredecí a quien corresponda la posibilidad que el continuo entrenamiento me había puesto en los oídos. Y ya que estamos conjeturé, y con esto termino el testamento, que la posibilidad de elegir, la diversidad, está fundada en dos pilares: por un lado la libertad de poder elegir, o sea, no estar constreñido e imposibilitado por una fuerza mayor que impide optar, y por otro en la existencia de alternativas de elección. Puedo tener toda la libertad de elección que quiera y sin embargo no tener opciones reales para ejercer esa opción. En el arte, apreciar la diversidad de opciones consiste no solo en la existencia de alternativas sino en la educación del gusto, que en la práctica es el que opta, para que en serio haya posibilidad de elegir. Una forma de invisibilizar opciones es mutilar el gusto estético, no desarrollarlo, acotar la validez de opciones interponiendo el argumento de la demasiada complejidad de un hecho artístico cuando lo que hay en realidad es empobrecimiento del gusto estético.
La mutilación del sentido estético no solo comporta el cercenamiento del horizonte artístico sino también mina la sensibilidad limitándola a hechos artísticos que el sentido comùn, o sea la circulación del discurso dominante, considera legítimos. De lo que se sigue un dispositivo que se replica en otras áreas de la existencia que se naturaliza peligrosamente.
Y ya no pude pensar más, porque en ese momento comenzó "Finale", el último tema del disco y ¿en esas condiciones querés que te haga una conclusión coherente?
Escuchalo y me vas a entender.
Saludos a todos los que me conocen.

5 comentarios:

Cosmocosme dijo...

En esta no puedo coincidir al 100%, Dormi. En música (en arte, diría) "Mas complejo" no es necesariamente sinónimo de "técnicamente superior".

Se lo digo con respeto, porque lo aprecio, y también porque sé y entiendo que su objetivo no es ni remotamente el que voy a mencionar, pero argumentos similares (valores de verdad en lo que concierne al arte) se han usado casi siempre para denostar, primero a la música popular desde el ámbito clásico, y segundo y ya dentro del campo popular, a otros "géneros menores" más precisamente, géneros nuevos en oposición a los más establecidos. Géneros, no está de más señalar, asociados muchas veces (no siempre) a los sectores más marginales de las sociedades.

Mi opinión: en arte no existen elementos que nos permitan llegar a determinar objetivamente lo que es bueno y lo que es malo.
Se trata de una cuestión de gustos y, en todo caso, una cuestión de convenciones (las cuales, como sabemos, son dinamicas)

Cosmocosme dijo...

Si coincido, por supuesto, con este pasaje: "Y ya que estamos conjeturé, y con esto termino el testamento, que la posibilidad de elegir, la diversidad, está fundada en dos pilares: por un lado la libertad de poder elegir, o sea, no estar constreñido e imposibilitado por una fuerza mayor que impide optar, y por otro en la existencia de alternativas de elección."

Cuanto más diversidad más poder de decisión e incluso mayor capacidad para poder apreciar, incluso y como bien dice, a Arjona.

Cosmocosme dijo...

Por supuesto, hablo de diversidad, empírica, práctica. Diversidad que está también en responsabilidad de los educadores el que devenga en una realidad completa. Como les digo a algunos de mis alumnos "¿No te gusta Bill Evans? ¿Te gustan los Ramones? Buenísimo, a mí también, a veces los escucho (les señalo características que honestamente considero aciertos: el prejuicio en contra de lo complejo es, en mi opinión, la otra cara de la moneda del prejuicio inverso, en contra de lo simple), pero dale una chance antes de descartarlo (se trata de sumar, no de restar). ¿Nunca te pasó que una película te pareció pesada en un principio, no le diste chance, pero un domingo, aburrido, terminaste descubriendo que era un peliculón lamentándote de no haberle dado chance antes? Bueno esto es parecido"

A propósito de Bill Evans, lo sé sensible y lo invito a que mire este video: salvo los bocadillos de Steve Allen, quien, para mi gusto sobreinterpreta arbitrariamente las palabras de Evans, se trata de una pieza sencillamente increíble, y también muy pedagógica, hasta filosófica, le diría.

Saludos, Dormi.

Dormidano dijo...

Cosmo:
En cuanto a los elementos formales de una obra de arte creo que es posible establecer la consistencia de esos elementos sin temor, dado que existe un cuerpo teórico relevante al que remitirse, fundado a su vez en la continua investigación sobre el àmbito del arte.
Ahora, la mayor complejidad no significa automàticamente mayor calidad, significa mayor complejidad nada más en cuanto a los elementos formales de la obra. El juicio sobre la calidad contiene otro tipo de elementos además de los formales. Por eso, los elementos formales, ténicos si Ud. quiere, son analizables sin que esto indique denostar la obra en si.
Sobre la educaciòn del gusto sostengo que en ese rubro es necesario exponer al sujeto a estìmulos cada vez màs complejos, no para que los acepte como mejores, sino para que sepa que están y que además puede optar por ellos porque tiene las armas para abordarlos.
Calculo que el asunto de la música popular y la otra, la supuesta música "culta" también tiene una trampa.
Creo que la democracia en este asunto no es que toda la música se vuelva abordable a simple oído sino que los oídos puedan abordar cualquier obra musical. Luego claro está, viene el juicio subjetivo y ahí a uno le gusta o no, pero habiendo explorado las opciones.
Una mala manera de democratizar el arte es reducir su complejidad.
Aplaudo lo que hace con los alumnos.
Por ahí va el asunto.

Cosmocosme dijo...

Como sospechaba, estamos hablando de lo mismo, Dormi, solo agregaría que el cuerpo teórico (aún en el caso del cuerpo asociado a la ley de armónicos) sigue siendo convencional.
Lo bueno y lo malo, en arte, es tan difícil de determinar como lo es lo verdadero de lo falso, en ciencia social.

Pero aún más difícil: yo creo que, en rigor, el arte ni siquiera es falsable (afortunadamente) o lo es solamente si el artista somete su propia obra al rigor de los límites de determinado género, estilo, técnica, etc.

Existe una ley física que establece jerarquías entre los sonidos. Pero sucede que vino Don Arnoldo y sencillamente destrozó esa jerarquía, demostrando que existen otras posibilidades sonoras.
De hecho, si analizamos cualquier obra de Schöemberg con el marco del tonalismo (que está estrictamente ceñido a la ley física de armónicos), concluiremos por fuerza que lo que hace es simplemente ruido.

En realidad existen varios cuerpos teóricos pero, incluso el asociado a la ley de armónicos, no deja de ser convencional (eurocéntrico) y prueba de ello, es que muchas músicas allende otros meridianos (y latitudes también), están construidas con una lógica completamente diferente que, incluso, excede esos marcos y no por ello dejan de producir efectos de sentido tan intensos como lo puede hacer Arabesque2 de Debussy.

Por supuesto (y esto es, creo lo que Ud. está señalando), si voy a componer una fuga voy a tener que respetar ciertas convenciones (y hasta por ahí nomás: conociendo las convenciones, incluso Bach y muchos más han roto magistralmente con algunas e inventado otras) respecto de la fuga y ahí es dónde el cuerpo teórico si cobra un sentido.
Ahora, analizar un Huanyo boliviano, o incluso la obra de ELP (le aseguro que existen detractores que podrían objetarla -vanamente por todo lo que vengo sosteniendo- apoyándose en determinados marcos teóricos) que Ud. ha traído, estrictamente con el "Traité de l'harmonie réduite à ses principes naturels" bajo el brazo es, en mi opinión, un problema.

Interesante charla y post. De hecho, un poco de aire fresco ante los temas que habitualmente nos convocan.

Le mando un abrazo.