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En todos los canales que quisieran escucharla, Silvia Suller desgranó la verborragia habitual en estos casos: hay que matarlos a todos, cortarlos de a pedazos en la Plaza de Mayo, ya no se puede vivir, la gente decente, etc.
Pero resulta ser que ni ella ni su hermanito tenían una caja de seguridad en el banco afanado. Mirá vos. ¿Andaban buscando una indemnización o un poco de publicidad? Vaya uno a saber. Por lo pronto, es un lástima que no cumpla con su amenaza.