Uno supone que después de tanto despelote, todos terminan aprendiendo. Que luego de los descalabros económicos que generó la ortodoxia neoliberal de los friedmaníacos en todos los lugares en donde aplicaron sus recetas, nadie más les haría caso. Y mucho menos que nadie sostendría las políticas predilectas de los
Chicago Boys. Que nadie más usaría el concepto "
gasto público" para definir a las inversiones realizadas en educación, salud, vivienda y justicia, que dejaríamos de jugar a la contención y austeridad fiscal, un juego que termina siempre mal porque se funda en la taimada expresión "
gasto público". Que ningún bisoño economista aceptaría que el Banco Central tuviera total autonomía, para comportarse como un estado dentro del estado y garantizar de esa forma la consolidación de los intereses de los sectores económicos concentrados.
Y ya están las primeras víctimas propiciatorias con la excusa de siempre: la "consolidación fiscal correrá riesgos” si son aprobadas iniciativas que tramitan en el Congreso y proponen fuertes aumentos salariales para el sector público y jubilados. En ese sentido, instó a todos los poderes a “contribuir con un esfuerzo común de contención de gastos”, a fin de no amenazar la estabilidad de las cuentas públicas.
De nuevo lo mismo. De esta sopa ya tomamos muchas cucharadas.
¿Es tan complicado entenderlo?
...