Supongamos que les dan pelota y les cumplen las 16 medidas de la propuesta transparentoide. Ponele. ¿A quién le van a echar la culpa después del día de la elección? Pensándolo bien, no sería nada malo hacerles el gusto para que en un futuro muy inmediato tengan que callarse la boca en cinco idiomas.
Y quizás, solo quizás, comienzen a observar el propio ombligo que es el lugar en donde se acumula la pelusa.
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