lunes, 12 de noviembre de 2012

HABLAR AL PEDO

De eso se trata proclamar escalas de valores que no tienen efecto en la práctica. Si usamos el análisis de Jean Paul Sartre, las cosas son cuando están siendo. Son cuando son. De lo contrario, apenas configuran un decálogo anodino con el que las buenas gentes dejan sus conciencias en paz ante los espejos. 
Algo de eso hubo en el 8N.
Muchas palabras que no tienen otro contenido que el de figurar en una taxonomía ausente, en una escala proclamada pero no vivida, en generalizaciones vaporosas que no definen más que una indefinición sistémica. Indefinición que permite al indefinido, si se me permite la redundancia, evitar cuidadosamente vivir de acuerdo a lo que proclama como sus valores fundamentales.
Por eso pueden odiar y a la misma vez creerse personas buenas, piadosas, bellas y llenas de sensibilidad.
Por eso olvidan, se olvidan, deciden olvidar con tanta facilidad.
Por eso pueden correrse de su responsabilidad y declararse parte de un bando lleno de probos mujeres y hombres apegados a la república y la democracia.
Por eso pueden huir del oprobio que debería causarles su propia sombra en la historia.
Por eso vimos lo que vimos.
Y veremos lo que vendrá.

4 comentarios:

Daniel dijo...

Muy buena.

Rob K dijo...

Comparto su punto de vista. Me temo que su validez entre nosotros está tan extendida que esa liviandad no se circunscribe a quienes apoyan o condenan el 8N. Y eso, ver la paja siempre en el ojo ajeno y jamás en el propio, es parte central de nuestra crisis como sociedad.

Dormidano dijo...

Daniel:
Muchas gracias.

Dormidano dijo...

Rob:
Muchas veces hemos hablado aquí de autocrítica.
Se lo he señalado a los defensores a ultranza del modelo y a sus oponentes.
Unos y otros construyen su mirada sobre mitos de autoconformación.
No es que no haga falta tener un horizonte posible, pensando en algo que no existe y que uno desea construir. Digo que ambos, los ultras y los ultras se oponen fundados en escenarios de exclusión.
Y no es que me crea esa paparruchada del consenso y la no confrontación. Las dos son esenciales a la política. Es deseable que haya miradas diversas acerca de lo que es mejor para el país, en su conjunto. Los acuerdos mínimos.
Los ultras de uno y otro lado no tienen en sus planes escenarios de coincidencia mínimos, sobre los que se pueda pensar alternativas.
Si me pregunta cuál es mi impresión, luego de largo análisis, del 8N es que es un escenario que solicita la exclusión de los otros.
Deconstruir esa exclusión proponiendo una inclusión de los excluyentes es, creo yo, un desafío.