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Hoy me vine revolucionario. Más que nada, empujado por los constantes pedidos de precisión estadística y sinceramiento de índices que escucho casi todos los días cuando salgo a la calle, en las charlas de gente que está muy bien enterada (supongo) acerca de esos asuntos.
Yo, que soy un alcornoque sin remedio, decidí también hacer una solicitud en el mismo sentido pero para el otro lado. ¿Cómo es ésto? Tengo una profunda y genuina curiosidad acerca de los verdaderos costos de las diversas empresas. Llámese formadoras de precios, medicina prepaga, pet shops, quioscos, shoppings, venta de pantalones de Ban Lon, etc.
Quiero saber, es más, tengo derecho a saber (eso de la información para tomar decisiones que hace flamear la economía ortodoxa) cuánto le cuesta a una empresa tal por cual, producir algo. Nada de dibujos ni de estimaciones. Numeritos concretos, porcentajes verificables, sin agregados misteriosos o magias contables. El costo constante y sonante.
¿Para qué pido semejante cosa? Porque cada vez que alguno de nuestros insignes empresarios aumenta lo que produce o el servicio que ¿brinda? invoca inmediatamente la frase "aumento de los costos" y luego agrega alguna otra cosa más blanqueando los ojos y mirando al cielo. Por lo tanto, siendo los costos algo tan importante, sostengo que debería ser información pública, chequeable y constratable. Aparte, sabiendo cuánto le cuesta lo que vende podríamos conocer cuál es el verdadero margen de ganancia que le aplica a los productos que llegan al consumidor.
También, que cosa linda, tendríamos a mano la posibilidad de verificar cuál es la verdadera naturaleza de la "presión impositiva" que los señores empresarios usan como ariete cuando embisten contra el estado.
Mirá todo lo que lograríamos conociendo los costos involucrados en los bienes que consumimos.
Estaría bueno ¿no?
Si. Ya sé. Ni mamados con grog van a sincerar sus costos las empresas a las que les interesa el país. Pero ¿qué se pierde pidiéndolo? Quien te dice, armamos algún movimiento bacterial y a los gritos virtuales, o no tanto, reclamamos esa información.
Cosas más raras han pasado.