Con el paso del tiempo y los economistas nos hemos acostumbrado a conceptos francamente perversos. Conceptos que ahora repetimos con una soltura que sorprende. Más que nada porque esos conceptos nos lastiman como sujetos, nos horadan y traspasan, formateándonos y transformándonos en engranajes: recursos humanos, proactividad, flexibilidad laboral, etc.,conforman un universo en donde tenemos la misma sustancia que un plato descartable y compartimos, como no podría ser de otra manera, su destino fungible.
Y lo peor: en instancias que, suponemos, deberían abordar el trabajo desde otras miradas, repiten la letanía, solicitando a sus "recursos" una actitud "proactiva", "desvinculándolos" o "dinamizando las competencias del recurso".
Naturalmente.