Mostrando entradas con la etiqueta luis zamora. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta luis zamora. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de noviembre de 2015

UY, NOS ROMPIERON EL ORTO

...
Como en el inolvidable sketch de Peter Capusotto, la clase mierda está preparándose para la operación análoga. Y no es que no sepa lo que va a ocurrir. Porque la pinta del restoran (restó para los remilgados) anuncia sin lugar a dudas que a la hora de la cuenta vas a tener que dejar un riñón. Parecen boludos pero no son boludos, se hacen los boludos que es distinto. Ninguno que pertenezca o crea pertenecer a ese estamento desconoce o puede desconocer el prontuario de Macri. ¿Sabés por qué lo apañan entonces? Porque lo creen un piola bárbaro. Y ellos se consideran a sí mismos también unos piolas bárbaros. En Macri los tipos encuentran un modelo para imitar y para envidiar. Macri es lo que ellos quisieran ser, es el lugar en la mesa de Mirtha que ellos quisieran tener, es la palmada en la espalda en el programa de Fantino y los brazos en alto en un palco de la bombonera por el que entregarían su virginidad moral (Albino dixit). Macri son las vacaciones en cualquier momento del año que no pueden ni conjeturar, es la casa en el country y la choza de descanso en la Angostura, es ese tono cajetilla de papa en la boca y tantas otras cosas que su alma medio pelo anhela con la baba cayendo por las comisuras de los labios.
Ninguno de estos deseos contempla ni siquiera por un momento la cuestión ética que grafica Macri y su biografía, porque cualquiera de sus votantes estaría dispuesto a hacer lo mismo para ser Macri himself. No hay que dejarse engañar por el falso apego a la taxonomía de valores católicos que usan para mostrar una cara a lo María Eugenia Vidal: le dan importancia a otras cosas, o sea, tienen otros valores. Valores muy distintos a los proclamados con un micrófono adelante. No queda bien explayarse sobre ellos, pero los tienen y aplican en su vida cotidiana. Claro, después dicen otra cosa.
Déjenme aprovechar un ejemplo histórico para completar este razonamiento acerca de la mala conciencia de clase media. En el quilombo del 19 y 20 de diciembre de 2001, un solo político local pudo caminar libremente por la calle sin que nadie lo escupiera o insultara: Luis Zamora. ¿Qué significa ésto? Luis Zamora  había recibido siempre una cantidad escueta de votos, bastantes, pero pocos: 10% más o menos en cualquiera de las formas en que se presentase. O sea, cuando pudo ser elegido no lo fue. ¿Esto es porque era un desconocido? No. No lo era. Pero más que nada la clase media nunca lo acompañó con su voto. ¿No estaban al tanto de que el tipo era y es honesto? Si, lo sabían. Porque cuando caminaba entre los palazos, balas de goma y gases lacrimógenos nadie lo atacaba. En cambio casi todos los tipos que la clase media había votado una y otra vez tenían que huir de los cafés, del Congreso, de donde fuere, ocultos y camuflados. Sin embargo Luis Zamora caminaba sin que nadie lo increpase. ¿Por qué? Porque sabían que el tipo no había estado metido en ninguna rosca. Sin embargo, teniendo la oportunidad, no lo habían elegido. Y repito, sabían que era honesto. Entre señores obviamente corruptos y uno que no lo era, optaron por los corruptos. Luego a los primeros los quisieron sacar a patadas. Y al que no era corrupto no le tocaron un pelo. O sea, sabían lo que elegían y se hicieron bien los boludos. Luego agacharon la cabeza y con el gesto de respetar a Zamora confirmaron que al votar estaban al tanto de quién es quien. Por tanto, el discursito de la honestidad del candidato se lo pueden guardar en donde el sol llegue en contadas ocasiones.
En este caso también están al corriente de quién es Macri.
Si lo votan no será engañados, ni ciegos, ni por ingénuos.
Saben que por ese camino les van a romper el tujes.
Están dispuestos a autodestruirse con tal de aspirar el mediopelismo que mueve sus prejuicios.
Están dispuestos a exclamar con una sonrisa: "Uy, nos rompieron el orto"
Lo que no saben o no conjeturan es que ellos no están invitados al banquete porque son la comida.