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lunes, 30 de mayo de 2016

¿ADIVINÁ?: ¡SI SEÑÓ! ¡LO SACARON DE CONTEXTO!

Pero por supuesto. Era lógico.  Si Gonzalito es un humanista con doble apellido y remilgadito como buen representante de la clas ezángana que en este país recibe las bendiciones de muchas abejas. ¡Lo sacaron de contexto! ¡Él nunca dijo lo que dijo!
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Pero pará, a ver, yo medio que te desconfío.
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Ay Gonzalito. Justo acá viene a jugar la carta del análisis del discurso. Si uno lee con cuidado sus declaraciones encuentra eso que ahora le sirve para intentar restar brutalidad a sus declaraciones. Pero ¡ohhh Roland Barthes! he aquí que nos estrellamos contra la evidencia.
Ud. dice: "Venimos de 12 años en donde las cosas se hicieron mal. Se alentó el sobreconsumo, se atrasaron las tarifas y el tipo de cambio... Donde le hiciste creer a un empleado medio que su sueldo servía para comprar celulares, plasmas, autos, motos e irse al exterior."
La primera parte del sintagma hace referencia a lo que ud. señala como atenuante, o sea, estaba planteando un cuadro de situación general. Y los ejes aludidos parecen confirmar la excusa. Pero acá llegamos al meado, perdón, meollo del asunto. La segunda parte del sintagma, digamos, la metáfora mediante la cuál pretende graficar los conceptos abstractos desgranados en la primera parte hace blanco directo sobre el "empleado medio" que resume a su entender la perversión de la década anterior. Y aquí lo pescamos Don. Esta metáfora está desgajada teóricamente de las primeras peticiones de principio (no me venga con que hablaba de economía porque no es así). No es la consecución lógica de una argumentación (eso lo puede encontrar en Das Kapital en donde Marx bardea todo el tiempo pero cada argumento se sigue del anterior) sino un exabrupto que pone en evidencia un prejuicio (prejuicio de clase, ya que de Marx hablamos hace un rato).
Hay un corte discursivo evidente entre lo que ud. cree es "análisis económico" y la descalificación lisa y llana de una porción de la sociedad a la que ataca. ¿Esto me lo estoy imaginando? No no. Observemos la evidencia: "-Donde le hiciste creer" refiere a un efector externo que fue el agente de un engaño. Un efector tácito sobreentendido. Pero al que no le achacás otra culpa que "hacerle creer", incluso con un fin "electoral y populista". Luego dice "a un empleado medio" y al decirlo se nota que se pone guantes de goma a los efectos de no contagiarse. El efector del engaño es por lo menos astuto, el empleado medio no (por su propia naturaleza espuria). Incluso cuando ataca a los responsables del gobierno anterior los pone en un escalón por lo menos encima del "empleado medio" que es un sujeto pasivo, engañable, acrítico, inerte, etc. La expresión "empleado medio" es la objetivación del desprecio de clase. Por eso mismo, las dos partes de las declaraciones de Fraga funcionan separadas, auunque ahora las quiera juntar.
Pero hay algo más todavía que Fraga y este pasquín intentan ocultar. Las últimas palabras de estas declaraciones que son: "Eso era una ilusión. Eso no era normal". Aquí la palabra ilusión contrapuesta con normalidad termina de cerrar el círculo y mostrar que González Fraga no cree en sus aclaraciones. Según sus palabras la "normalidad" indica que un "empleado medio" no sea otra cosa que un "empleado medio" sin "ilusiones" de tener una vida distinta a la de un "empleado medio". Hacerle "creer" otra cosa es "una ilusión". 
González Fraga piensa y defiende que el "empleado medio" debe conformarse, resignarse. Es un "empleado medio".
La "normalidad" de González Fraga es la osificación de los privilegios de clase en un orden inmutable.
Ninguna alusión posterior a cierta movilidad social sobre bases "reales" es creíble. Porque lo dicho, dicho está. Y ya se sabe, el pescado...

sábado, 22 de agosto de 2015

AHHH SI, EL FAMOSO CONTEXTO

Lo primero era no darles pasto.
Pero si les querías dar pasto.
Aguantate la pelusa.
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Esa excusa pavota no se la hemos dejado pasar a la oposición, calculá si te vas a salvar vos, por naranja y sciolista. Dale Silvina, somos pocos y nos conocemos mucho. No nos subestimen. Ese sería un buen consejo si yo tuviera la costumbre malsana de dar consejos.

sábado, 3 de septiembre de 2011

FUERA DE CONTEXTO: HOY LABORDA Y BULLRICH

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Inauguramos otra sección destinada al fracaso, como todo en esta emisora: Fuera de Contexto. ¿Cómo es el asunto? Simple, chusco y arbitario (no voy a andar cambiando ahora de costumbres): tomamos frases de artículos de los periodistas citados y los sacamos de contexto. Lisa y llanamente. Así como quien no quiere la cosa les hacemos decir lo que nunca dirían (aviso para que los juicios se frenen en éste punto, dado que hemos confesado la mecánica de la impostura).
Ni qué hablar, cualquier parecido con la realidad es más que una coincidencia.
Arrancamos entonces, como un rastrojero en invierno, lentos y escupiendo partes del motor:

EL PAPEL DE LA PRENSA HEGEMÓNICA
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Con la colaboración inestimable de Lucrecia Bullrich y Fernando Laborda.
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(artículo a tres voces, con fuera de contexto y manipulación en re menor)
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La tarea del periodista es una tarea que demanda una rigurosidad sin atenuantes. Tal como dice Fernando Laborda en su artículo de La Nación "el periodismo debería limitarse a informar los hechos". Agrega la periodista Lucrecia Bullrich sobre los medios "el discurso se torna poderoso. Tanto como para condicionar la acción y volverse contraproducente." Sin duda lo que se publica crea un imaginario que puede presentar una realidad que sólo responde a la construcción ideológica del medio en cuestión, una mirada maniquea sin atenuantes. "Cuando la opción es por los extremos, las alternativas se esfuman." No es en vano entonces la advertencia de la periodista sobre esa opción: "en cualquier momento puede volverse un callejón sin salida".
Transitando esa delgada cornisa, Bullrich sostiene que se "mutila el margen para corregir, retroceder y moderar". Colocar al lector frente a una alternativa de hierro hiere la dinámica democrática, en tanto frente a la percepción cotidiana el medio intenta "construir el discurso político desde ideas extremas", por lo tanto eso "tiene una contracara tan evidente como ineludible, la palabra dicha desde el extremo no sólo anula el debate" además crea un clima de inquietud que pretende provocar en el lector un estado de permanente alarma.
Presentar una impostura y escenificarla en cada página, prolongar la propia radicalidad en una construcción irrefutable es peligroso porque en el fondo la apuesta es por el caos: "la idea que subyace a ese razonamiento es extrema, y los extremos no son sin riesgos", agrega Bullrich.
Volvamos a Laborda. Si un medio persiste en "la poca tolerancia hacia las críticas, la vocación hegemónica" desnuda su intención de convertirse en un factor de poder más allá del papel que juega la prensa en una sociedad democrática.
Ese "estilo tan asociado a la búsqueda de la concentración del poder" produce el efecto contrario. Insistir en esa tesiturala contribuye a "deteriorar la imagen de medios que actúan con independencia frente al Gobierno."
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He aquí y aquí los artículos violentados.