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PROACTIVO: cualidad positiva de anticiparse a una acción o actividad, realizar más de dos actividades o dar un plus a la tarea original sin necesidad de una orden superior. En buen castellano, es la persona a la que se le encarga alguna tarea y no se limita a terminarla según lo establecido, sino que supera las expectativas del mismo de manera positiva.
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Dos personas que trabajan en un mismo entorno laboral, con responsabilidades idénticas y bajo las mismas circunstancias pueden realizar su trabajo de maneras muy distintas. Una cuestiona la manera habitual de trabajar si no obtiene los resultados deseados, emprende constantemente nuevas acciones y genera cambios constructivos en su entorno. La otra se conforma con su situación actual y no hace nada para cambiar lo que no funciona. La primera persona se comporta de forma proactiva, la segunda, lo hace de forma reactiva.
En un contexto laboral tan cambiante como el actual el comportamiento individual juega un papel decisivo en el éxito profesional. Sentarse y esperar a que los demás hagan que sucedan cosas es el comportamiento típico de las personas reactivas. Estas personas suelen comportarse como un avestruz -escondiendo la cabeza bajo tierra- o como un bombero -esperando que se declare el fuego para combatirlo. En cambio, la persona proactiva se levanta cada mañana dispuesta a hacer que pasen cosas, a crear oportunidades y a encontrar nuevas soluciones.
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La proactividad "en buen castellano" es similar a aquel cuento en donde el empleado abrumado por las múltiples tareas que lleva a cabo en simultáneo le propone al patrón: "Patroncito, si me pone una escoba en el culo le barro el patio". La "proactividad" es la palabra con la que la "moderna organización empresarial" impulsa la autoexplotación. O sea, además de la explotación que propicia el control sobre el cuerpo y el intelecto, se agrega la autoexplotación por medio de la proactividad. Se alienta al empleado a que "tome la iniciativa" sin necesidad de órdenes superiores. Por ejemplo, en MalDonald´s, cuando el empleado ha terminado sus labores, se valora que emprenda otras dentro del local aunque no correspondan a su área. De esta forma, el empresario ahorra personal y alienta el sobretrabajo, solicitándole al laburante "proactividad". Un sobretrabajo que no se abona, pero se exige como condición de permanencia. O sea, se espera, como en el Citibank, que el empleado "sangre por la empresa" a cambio de que la empresa lo mantenga entre sus empleados. ¿Reconocimiento? Escaso o nulo, dado que aunque no está escrito, la empresa aguarda que el empleado de, como dicen por ahí, más del 100 %.
Tal como se puede comprobar es un negocio redondo para el empresario que consigue así laburantes que se vigilan a sí mismos y van más allá de lo solicitado en su afán por mantener el puesto de trabajo y que además, no reciben un mango a cambio de semejante sobreesfuerzo. Y en el mismo movimiento, el trabajo bien hecho se transforma en una "mezquindad", una postura "reactiva", en tanto el empleado se limita a realizar ¡su trabajo!. Tanto nos hemos acostumbrado a estas arengas maliciosas que nos parece (a nosotros también) mal que un laburante cumpla con sus funciones. Ahí nomás, a flor de piel aparece el "¿Sólamente hace su trabajo?, que flojito ¿eh?"
La locura absoluta: según la "proactividad" realizar el trabajo para el que uno fue contratado no alcanza, ahora hay que agregarle un "plus".
Como decía el viejo San Jauretche (que venga la buena leche) la descolonización comienza por dentro, quitándonos del sentido común las zonceras que nos deforman el juicio. Una de esas zonceras es la "proactividad". A por ella entonces.
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Se recomienda lectura de éste artículo de donde además, me afané la foto.
