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jueves, 26 de noviembre de 2015

DARSE CUENTA

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Tal como señalamos no hace demasiado tiempo, varios han comenzado a exclamar con gesto ausente: "-Yo no lo voté". Otros, con un poco más de culpa, escriben largos panegíricos para justificar el voto a Mugrizio y su asociación ilícita. De la misma forma, otros desgranan razones para cimentar el voto en blanco. En los dos casos intentan disculparse, pedir perdón escudándose en las razones que -ahora han descubierto- eran banales, francamente boludas. ¿Es que de repente adquirieron conciencia política? Y no. Le vieron de costado la cara a los cretinos, medio de refilón, mientras estos criminales seriales afilaban los cuchillos con los que pasarían a la sociedad a degüello. Entendieron que eran nada más ni nada menos que víctimas. Y su voto había bendecido a los verdugos.
Permitámonos una disgresión: ¿sabés para qué sirve el estado pavote? Veamos, los que tienen el poder económico por el mango intentan acumular más guita. Esas decadracmas se acumulan expoliando a los orejones del tarro. Vos sos un orejón del tarro (grabátelo, tatuátelo en las nalgas) que frente a los tipos que la tienen toda junta no tenés ni una sola posibilidad de resistir. Porque sos un orejón del tarro pese a tu C3, las vacaciones en Mar de Las Pampas y los ocho televisores de tu casa. Sos un orejón del tarro porque lo único que tenés en tus manos es fuerza de trabajo. Y el que la junta con pala quiere que esa fuerza de trabajo valga cada vez menos para que a él le cueste poco garpar el laburo que crea riqueza. Para equilibrar un poco la pulseada existe (o existía, porque de una sola patada te sacaste el banquito y ahora estás casi colgando de la horca) el Estado. Una instancia colectiva con la fuerza suficiente para limitar el ansia de ganancias de los tipos que la juntan con mediomundo y vos, orejonazo, que solo puede poner en la balanza tu fuerza de laburo.
En una negociación cara a cara ¿quién ganaría orejonazo? Te doy una pista: vos no. Te pasarán por arriba como un Scania a un sapo. Para eso existe el estado. Para que no te rompan el tujes. Y para que eso ocurra necesita recursos, por eso pagás impuestos. Por eso se quejan los empresarios cuando pagan impuestos, porque el estado establece reglas que tienden a igualar los tantos. Vos aportas para que alguien cuide de tus intereses. Cosa que los patrones no harán, ingenuote. Cuando te dicen "estado mínimo" se refieren a un estado que no se meta mientras te extraen los órganos ¿cachai?
Pero claro, ahora con tu voto le entregaste el poder del estado a los tipos que la juntan con aspiradora. ¿Adiviná lo que te va a pasar? Ahora el estado no te va a defender, va a mirar para otro lado mientras las patronales te patean en el piso, porque, ohhhh Tutatis, el estado será manejado por los empresarios de los que el estado tendría que protegerte. A lo sumo te dirán: siéntense en una mesa y negocien. ¿Te ves solito frente al dueño de la empresa solicitándole que reconozca el esfuerzo con el que engordás el patrimonio del tipo todos los putos días de tu existencia? 
Voluntariamente desmantelaste la única instancia que te permitía resistir el embate del capital concentrado. No hay otra. Todas las pavadas que escuchaste se pueden agrupar bajo el nombre de "voluntarismo" y el voluntarismo depende, como la palabra lo indica, de la voluntad del otro. En este caso el otro no te va a proteger. Es más, auguro que te va a defecar en la espalda. Y vos lo aplaudiste y legitimaste.
Sé que estás cansado de escuchar estas boludeces pero ¿sabés cómo consiguieron llegar a donde están ahora las patronales, digamos, un país atendido por sus propios dueños? A través de golpes militares. Ahora están ahí por el voto de los que van a escupir sangre. Ciertos estúpidos dicen que es mejor que lleguen de esa forma, yo digo que es peor porque el esclavo no sabe que es esclavo y se cree amo. Y esto es un retroceso inmenso.
Te vas a dar cuenta de todo ésto.
Varios ya se dieron cuenta. Tarde.
En algún momento volveremos a la lucha hombro con hombro.
Por ahora, a llorar al muro de los lamentos, solos y sin consuelo.

miércoles, 15 de junio de 2011

LA ESCOBA EN EL CULO

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PROACTIVO: cualidad positiva de anticiparse a una acción o actividad, realizar más de dos actividades o dar un plus a la tarea original sin necesidad de una orden superior. En buen castellano, es la persona a la que se le encarga alguna tarea y no se limita a terminarla según lo establecido, sino que supera las expectativas del mismo de manera positiva.
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Dos personas que trabajan en un mismo entorno laboral, con responsabilidades idénticas y bajo las mismas circunstancias pueden realizar su trabajo de maneras muy distintas. Una cuestiona la manera habitual de trabajar si no obtiene los resultados deseados, emprende constantemente nuevas acciones y genera cambios constructivos en su entorno. La otra se conforma con su situación actual y no hace nada para cambiar lo que no funciona. La primera persona se comporta de forma proactiva, la segunda, lo hace de forma reactiva.
En un contexto laboral tan cambiante como el actual el comportamiento individual juega un papel decisivo en el éxito profesional. Sentarse y esperar a que los demás hagan que sucedan cosas es el comportamiento típico de las personas reactivas. Estas personas suelen comportarse como un avestruz -escondiendo la cabeza bajo tierra- o como un bombero -esperando que se declare el fuego para combatirlo. En cambio, la persona proactiva se levanta cada mañana dispuesta a hacer que pasen cosas, a crear oportunidades y a encontrar nuevas soluciones.
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La proactividad "en buen castellano" es similar a aquel cuento en donde el empleado abrumado por las múltiples tareas que lleva a cabo en simultáneo le propone al patrón: "Patroncito, si me pone una escoba en el culo le barro el patio". La "proactividad" es la palabra con la que la "moderna organización empresarial" impulsa la autoexplotación. O sea, además de la explotación que propicia el control sobre el cuerpo y el intelecto, se agrega la autoexplotación por medio de la proactividad. Se alienta al empleado a que "tome la iniciativa" sin necesidad de órdenes superiores. Por ejemplo, en MalDonald´s, cuando el empleado ha terminado sus labores, se valora que emprenda otras dentro del local aunque no correspondan a su área. De esta forma, el empresario ahorra personal y alienta el sobretrabajo, solicitándole al laburante "proactividad". Un sobretrabajo que no se abona, pero se exige como condición de permanencia. O sea, se espera, como en el Citibank, que el empleado "sangre por la empresa" a cambio de que la empresa lo mantenga entre sus empleados. ¿Reconocimiento? Escaso o nulo, dado que aunque no está escrito, la empresa aguarda que el empleado de, como dicen por ahí, más del 100 %.
Tal como se puede comprobar es un negocio redondo para el empresario que consigue así laburantes que se vigilan a sí mismos y van más allá de lo solicitado en su afán por mantener el puesto de trabajo y que además, no reciben un mango a cambio de semejante sobreesfuerzo. Y en el mismo movimiento, el trabajo bien hecho se transforma en una "mezquindad", una postura "reactiva", en tanto el empleado se limita a realizar ¡su trabajo!. Tanto nos hemos acostumbrado a estas arengas maliciosas que nos parece (a nosotros también) mal que un laburante cumpla con sus funciones. Ahí nomás, a flor de piel aparece el "¿Sólamente hace su trabajo?, que flojito ¿eh?"
La locura absoluta: según la "proactividad" realizar el trabajo para el que uno fue contratado no alcanza, ahora hay que agregarle un "plus".
Como decía el viejo San Jauretche (que venga la buena leche) la descolonización comienza por dentro, quitándonos del sentido común las zonceras que nos deforman el juicio. Una de esas zonceras es la "proactividad". A por ella entonces.
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Se recomienda lectura de éste artículo de donde además, me afané la foto.