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sábado, 26 de enero de 2013

lunes, 31 de mayo de 2010

EL CUENTO DEL TIO COLOMBIANO


Hace escasos minutos tuve que concurrir al supermercado. Una tarea que a esta hora es más grata que en otros momentos en donde deambulan esas señores ciegas y perfumadas, cargadas de años y mercadería, que te pisan los callos sin pedir permiso alguno.
En este caso la concurrencia era más bien escasa, mitad por el fresquete ese que hay afuera y que con mucho optimismo los canales de TV llaman "ola de frescor".
Me encontraba en la fila de tres personas para pagar los escasos bienes muebles que mi presupuesto me permite adquirir y entablé una charla amena con una señora que esperaba delante mío. La señora, cuyo nombre no me reservo porque desconozco en absoluto, se reía sola. Su hijo la miraba con el mayor espanto.
Seguramente debe haber pensado que soy de los que se ríen de la gente que se ríe en soliloquio porque me miró y explicó:
"-Me río porque yo era cajera de supermercado, fue mi primer trabajo. Siempre quería irme. Y ahora que no soy cajera me pasa lo mismo. Me quiero ir rápido del Supermercado."
Más que todo por cortesía le pregunté:
"-¿En dónde trabajaba?"
"-Eso sí no me quiero acordar. Trabajaba en Casa Tía, cuando la compro De Narváez. Estuve ahí tres años. Llegué a Jefa de Compras de la sucursal. Siempre me pagaron como cajera. Ni un peso me aumentaron. Te trataban como trapo de piso, una porquería. Y ahora ese cretino (no dijo cretino, pero queda mal que repita lo que dijo la señora) quiere ser presidente o gobernador. ¿Te imaginás? Si trataba así a sus empleados, ¿cómo va a gobernar un país? La gente que lo votó la verdad tiene mierda en la cabeza"
En ese momento le llegó el turno de pagar y la conversación se cortó.
Cumplido el trámite la mujer se fue junto con su hijo adolescente. Me saludó amablemente y me preguntó:
"-¿Vos no lo habrás votado no?"
Me reí y le contesté:
"-No, yo no, quédese tranquila".
Pagué mis eufóricos morrones y también desfile camino a casa.
"Una clase de microsociología" pensé para mis adentros que no son tan profundos.
Las cosas que uno se entera en la cola del supermercado.