miércoles, 4 de mayo de 2016

MARCHA FÚNEBRE PARA UNA ORQUESTA

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En una entrevista el maestro Artur Rubinstein (sin "h") declaró que nunca había errado una nota en sus grabaciones. Y mirá que grabó como loco. Parecía un alarde. Por eso algunos se tomaron  el placer de escuchar toda su obra grabada -tanto en estudio como en vivo- y comprobaron que Rubinstein decía estrictamente la verdad: en todas sus grabaciones no había pifiado una sola nota. Hazaña portentosa porque al mejor cazador de vez en cuando se le escapa una liebre. Pero a Rubinstein no.
¿Qué tiene que ver esta anécdota con este pequeño texto? Bastante, te vua´decir. El virtuosismo casi sobrenatural de Rubinstein fue una de las puertas por las que accedí a la música clásica. Cuando escuché un nocturno de Chopin interpretado por Rubinstein me di cuenta de qué iba eso de tocar el piano como si el piano no estuviese ahí y la música le saliera al pianista de los dedos. Claro, yo no sabía que era Rubinstein, tocando a Chopin y que la pieza era un nocturno. A mi solo me gustó con  orejas sorprendidas que un piano pudiera sonar así y que era un solo señor con dos manos, dos pieses y diez dedos el que hacía todo éso.
Luego de ahí a Shostakovich hay un paso nomás, hablando de pianistas. Y cuando empezás a tirar del hilito aparece Prokofiev y la banda de sonido de la película de Eisenstein "Alexander Nevsky", Los Cinco (Mili Balákirev, César Cuí, Modest Músorgski, Nikolái Rimski-Kórsakov y Aleksandr Borodín) y pasás a los saltos a los insignes alemanes y los austríacos y franceses hasta llegar a la música dodecafónica de Schönberg. Un largo camino en donde ocurren dos cosas: la curiosidad aumenta y a medida que el oído escucha, crece. Crece porque se incrementa el volumen de lo escuchado, porque existe la posibilidad de que el oído escuche esa variedad del mundo y, un dato no menor, crece porque el sentido estético (que todos tenemos, y cuando digo todos digo todos) se complejiza al educarse en la escucha. Si a esa educación por el sonido le añadís un poco de apreciación musical, esto es, poder discernir las cuestiones formales de la música (el ritmo, la melodía, la armonía y los matices) identificando la pertinencia o no de ciertos arreglos y resoluciones, de la afinación, de la potencia y proyección de la voz, de los arreglos corales atinados o no, etc. tendrás un sujeto con un aguzado aparato de percepción estética. Y esa complejidad no solo alcanza a la musica sino que refleja una sofisticación del pensamiento (si, dije sofisticado) que permite abarcar el mundo más allá de la mirada, más allá del sentido común. Solo una mirada trascendente puede conjeturar un mundo distinto al cotidiano. La trascendencia del arte es la objetivación de esa superación. 
Sí y solo sí existe esa mirada trascendente es posible pensar en la transformación del mundo, de lo dado en algo distinto a su aparente consistencia de cemento.
Esa es la tarea del arte, de la música, la pintura, el cine, etc.
Por eso el desmantelamiento del programa Orquestas y Coros para el Bicentenario es dóblemente doloroso: primero porque destroza la posibilidad de educar la sensibilidad estética (que es además potenciar la mirada trascendente) de los que participan en las orquestas y coros y segundo porque cercena el despliegue de las capacidades creativas que el arte promueve que es lo mismo que amputar la mirada trascendente del arte que es la mirada más allá del cotidiano plano y lineal para proyectarse por encima de lo aparente, pensando una existencia que disuelve las fronteras de lo posible. Desatar la mirada del sentido común, que es la manera en que el sujeto puede mirarse a sí mismo como una potencialidad en acto. Cuando eso no pasa somos menos libres porque la libertad trasciende el sentido común.
Una última apostilla: el asunto del acceso al arte contiene dos fases que van juntitas y pegadas. Sin duda una de las condiciones de acceso es que exista el material al que uno quiere acceder, o sea, que haya opciones reales y concretas (conciertos, exposiciones, etc.). Pero si a su vez no están las herramientas de apreciación artística, la educación de la vista y el oído en realidad el acceso democrático al arte es un engañapichanga porque le falta una pata. Sin esa complejización paulatina que brinda la educación formal e informal del sentido estético el arte seguirá siendo coto de caza de las elites. Elites que en realidad usan el arte como un símbolo de distinción. El arte, cualquiera sea su forma, se convierte en manos de estos sectores dominantes, en arte decorativo.
El arte como trascendencia es otra cosa. Por eso lo matan.
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6 comentarios:

Adrian Anido dijo...

El mismo espacio político que desmanteló el programa es el que distingue como "hombre de la cultura" a Marcelo Tineli.

Dormidano dijo...

Adrián:
Y ahora uno se explica porqué

ram dijo...

Dormi, aparte de su obvio crimen de andar prefiriendo rusos, alemanes y demases inútiles musicales, usté insiste en sus ideas subversivas sobre arte y porquerías parecidas, entienda de una vez, éste es un gobierno (es un decir) de los mercados y a los mercados le gusta la guita, la guita!!!, entendió? y a la guita se la junta no gastando en boludeces como musiquitas, teatros y porquerías por el estilo...
Esas orquestuchas no dan ganancias, "tan biónica" sí, es decir, el mercado elije y es palabra santa, deje de joder con esos cosos de apellido impronunciable.... y agradezca que vivimos en una democracia que si no lo condenábamos a escuchar una tanda de clásicos, pro, claro.... doña rosa legrán, fer iglesias, mariana fachassi, los leucocitos..... ya sé, no me diga, mejor si lo fusilan, pero ni pensará que nos perderíamos la diversión, no?.

Iris van Kirsten dijo...

Perdé cuidado que lo van a justificar diciendo "es que ahora hay otras prioridades" ,o directamente, "es culpa de lo que se robó la Yegua"...
Mientras tanto, perdemos derechos todos los días. Pero Campanella ya dijo que el gobierno Pro no es NEOLIBERAL,así que no teman (?)

Alejandro dijo...

Dejo una pregunta inquietante: ¿donde está nuestra Orquesta Sinfónica Nacional? Porque su sede había pasado a ser el Centro Cultural Kirchner, y desde que eso sucedió, la calidad de la orquesta remontó hasta alcanzar a la de sus mejores momentos. Se que hicieron o iban a hacer un concierto en la Bolsa de Comercio, después nunca más.

Juan Guillermo Cocina dijo...

Un placer leerlo como siempre.

Saludos.