viernes, 23 de noviembre de 2012

EL MUERTO Y SUS ASESINOS

El lenguaje muestra y oculta, en un doble juego de luces y sombras que señala y a la misma vez, ignora. También moldea una forma de mirar el mundo, de nombrarlo. Y nombrar algo es hacerlo aparecer de un modo preciso y determinado, pero sólo de ese modo y no de ningún otro.
Algunos pueden inferir esta doble potencia de la comunicación y, al recibir un mensaje, sospechar o al menos, suponer, que algo no les fue comunicado. Las razones de este recorte son múltiples, indiquemos las dos que nos interesan a los efectos de este opúsculo: primero, el mundo es complejo y no existe acto comunicativo alguno que lo pueda expresar en su totalidad, y segundo, el que comunica posee unos intereses particulares y colectivos que se objetivan en el recorte efectuado.
Ninguna de las dos razones anteriores reviste la condición de denuncia. No estamos, al menos por ahora, estableciendo un juicio ético sobre la naturaleza del recorte. Decimos que no existe acto comunicativo que no sea un recorte. Entenderlo, comprender esa condición permite al destinatario destrabar las pretensiones de totalidad que asumen algunos mensajes y de esa forma, relativizar su alcance y eficacia explicativa.
Dicho lo anterior analicemos este titular: “La muerte de un palestino por disparos israelíes desafía la tregua”. La noticia está en la portada del diario español “El País”. Véase cómo la frase alumbra y oculta, usando los parámetros que mencionamos anteriormente: tal como está escrita parece que quien desafía la tregua es el que murió. “La muerte de un palestino” es el sujeto cuyo predicado dice “desafía la tregua”. Parece ser que el palestino se murió nada más que para poner en peligro la tregua. Se puede comprobar sin mucho esfuerzo el desplazamiento que efectúa el redactor del titular: sin mucha sutileza desplaza el eje de la culpa del victimario a la víctima. El victimario puede ser disculpado dado que el palestino desafió con sus actos, en este caso la muerte, la tregua. Ergo, son los palestinos los que quieren quebrar esa tregua.
La complejidad del conflicto además, queda reducida a la manifiesta mala intención de los palestinos que ¡se mueren para quebrar la tregua!
Observemos otro detalle no menor del titular: la ruptura de la relación entre los efectores de los disparos y la muerte del palestino. ¿Cómo se logra ese efecto? Cambiando el nombre del acto: no es “El asesinato de un palestino por disparos israelíes desafía la tregua” es “La muerte de un palestino por disparos israelíes desafía la tregua”. Al transformar el crimen en una “muerte” la responsabilidad también se desplaza. Si el asesinato es nombrado como tal aparece con absoluta claridad la condición de victimarios de los israelíes responsables de los disparos y el desafío a la tregua tiene que ver con esos disparos. Cambia de mano la intencionalidad de los hechos y aparece lo que el periodista no quiere mostrar. Por eso usa la palabra “muerte”, para sacarle el peso ético y moral que contiene la palabra asesinado, o al menos “muerto”. Al insistir con “muerte” busca cierta neutralidad en el lenguaje que le brinde una escapatoria ética al victimario.
Muestra y oculta. Y además hace aparecer una interpretación que no se sigue de los hechos.
La intención de disculpar a los victimarios se refuerza con el titular interno: “Un palestino muere en el primer incidente tras la tregua entre Israel y Hamas”. Aquí se puede confirmar hacia dónde se dirige la mirada. El palestino sigue muriendo, casi por generación espontánea, pero Naiara Galarraga, la periodista que escribió el artículo, incorpora una nueva palabra para sugerir las malas intenciones de Hamas: dice “en el primer incidente entre Israel y Hamas”. La palabra “incidente” trata de hacernos pensar en un litigio en el que hubo al menos dos acciones, una provocación y una reacción. Dado que el palestino muere y esa muerte es un desafío a la tregua, la provocación provino del palestino. Los israelíes responsables del asesinato reaccionaron. O sea, la civilización está del lado de los victimarios, la víctima en el bando de la barbarie y de alguna forma se buscó su propio destino que es a su vez un desafío a la tregua.
El cuerpo de la nota insiste en la condición de no víctimas de los palestinos: dice “fallecidos”, “palestinos que resultaron heridos”, o sea, víctimas colaterales que nadie deseaba. Heridos y muertos más que nada por la casualidad. Los soldados israelíes aparecen mencionados pero en la voz de los palestinos, pero como esa voz está previamente desautorizada, carece de legitimidad para señalar a los culpables del asesinato. Tratar a lo dicho por los palestinos como habladurías de vecinos chusmas logra que el lector reste importancia a esas declaraciones.
Incorporar una declaración, sin verificar, hecha en Twitter de la portavoz del Ejército, Avital Leibovich: “Ahora mismo, en el lazo de Gaza de la frontera, docenas de palestinos están tirando piedras en un intento de romper la verja” le otorga verosimilitud al planteo de la nota acerca de las malas intenciones de los palestinos. Además, esta declaración tiene nombre y apellido, una responsable. La civilización asediada se exculpa en la violencia de los bárbaros.
Hay más para decir pero creo que el punto ha quedado establecido.
Como última consideración diría que hay que tener mucho cuidado cuando con lo que uno lee. Pero creo que, por el hecho de andar hurgando en este antro de inconformismo, daré eso por sentado.
Saludos, manga de desconfiados por naturaleza.

6 comentarios:

Daniel dijo...

No, si son manipuladores como ellos solos estos tipos. Solo cuando se les salta la cadena (últimamente muy seguido) caen en la grosería. Pero después, esa pretendida sutileza perversa...

Dormidano dijo...

Daniel:
Satamente.
Cuentan con la tendencia que tienen las personas a informarse sólo con titulares, aunque son prolijos: extienden la manipulación al interior mismo de la nota.

Moscón dijo...

Decir el palestino muere es distinto a decir el palestino fue muerto por.
Llevan un hecho puntual al género abstracto en donde desaparece la responsabilidad hostil y se traslada al universo de lo fortuito,despojado de lugar y tiempo para el caso,en la primera lectura nos da un libre de culpa a un bando para terminar inclinando la beligerancia hacia el bando de los malos.
Pero la fórmula les da resultado ya que la siguen utilizando y hay mucho boludo que traga sin masticar.

Jack Celliers dijo...

Shapó.

Olivia dijo...

Tal cual, es un compendio de manipulaciones.
Además de la omisión del término "asesinato", exculpan a los culpables con la frase "Muerte por disparos", como si los disparos no tuvieran causante ni intención humana, unos disparos israelíes que circulaban por ahí de golpe ¡zás! impactaron en el cuerpo de un palestino.
El titular correcto sería: "Israelíes asesinan a un palestino violando la tregua"
Es una muestra más del arte de la derecha para disfrazar las malas intenciones (conocido como marketing en el sector de los negocios)

Jack Celliers dijo...

Pagima 12 continúa la misma sanata:

EN UN CONFUSO EPISODIO, FUERZAS ISRAELIES ABRIERON FUEGO CONTRA UN GRUPO DE MANIFESTANTES EN GAZA

No aclara qué es lo que tiene de confuso. "En un confuso episodio, centenares de judíos perecen en cámaras de gas", "En un confuso episodio desaparecen 30.000 personas". Si me apuran, la vida es un confuso episodio.