miércoles, 31 de octubre de 2012

A DESALAMBRAR

El capitalismo es un proceso de cerco creciente y continuo. La obtención de rentas, que equivale a la apropiación de plusvalía, requiere la colonización permanente de todos los espacios de existencia (o sea, todas las secuencias espacio temporales del aparecer del ser en el mundo como ente), retirándolos del dominio colectivo y limitando su uso, para obtener por ello una porción creciente de los bienes socialmente necesarios. Un chantaje, en donde se solicita plusvalía a cambio del uso de esos bienes que son negados en virtud del cerco, bienes que fueron obtenidos mediante trabajo social acumulado.
En ese sentido se ejecuta una sustracción. No es un robo en términos legales, dado que el derecho como dispositivo de objetivación y legitimación del proceso de cerco indica que el robo es intentar reapropiarse de los bienes cercados. La sustracción original, la violencia primera, queda recubierta por el proceso de constitución de un cuerpo de leyes que amparan ese primer escamoteo.
Para perpetuar el proceso de cerco se requiere el uso de la violencia para desalentar o combatir la resistencia a la violencia del cerco en continuo crecimiento. Las dos formas de violencia son imprescindibles dado que sin ellas el cerco perdería eficacia. También esta violencia queda recubierta por las leyes que están ahí para defender el cerco y la violencia que conocemos como tal, que en la mayoría de los casos es la reacción a la ampliación del cerco, se condena. Pensamos que las leyes nos "defienden" de la violencia y en realidad perpetúan el tipo de violencia que posibilita el cerco que sustrae bienes colectivos. Las leyes están ahí para que cualquier resistencia al cerco sea castigada.
¿A qué viene todo ésto?
Hablemos de la "sensación de inseguridad".
Dado que los planteos sobre "inseguridad" evitan tocar el espinoso tema de la propiedad privada en los términos en los que la hemos abordado al comienzo, equivocan las respuestas al "fenómeno".
Incluso los que indican que la inseguridad es en última instancia "fruto" de las desigualdades sociales, que arriman el bochín pero se quedan al borde del arroyo sin meter las patas en la corriente.
Nada de éso. Quizás (y ésto habrá que laburarlo mucho) la "sensación de inseguridad" sea la conciencia del despojo. Quizás, sólo quizás, la "sensación de inseguridad" sea el aviso sobre la inevitable reacción ante el cerco creciente de quienes están del todo fuera de él. Quizás, sólo quizás, la "sensación de inseguridad" sea el ethos de cerco que informa sobre el ataque de los despojados al dispositivo de cerco en el que muchos están dentro, otros con una pata adentro y otra afuera y otros pugnando por entrar.
Sólo quizás.
Y si lo miramos desde este punto de vista, el "crecimiento" no terminará con ningún problema porque el cerco crece y expulsa. Pero ése es otro tema.
Ampliaremos.

6 comentarios:

Larabi dijo...

Muy bueno!.... el tema es que si queremos romper ese cerco (revolución?), tal vez terminemos haciendo otro, distinto, pero cerco al fin.
( o el falso recuerdo de estar todos en pelotas culeándonos entre todos y viviendo de lo que mamá naturaleza nos dá http://www.youtube.com/watch?v=XryiiZR5ex4 )

Dormidano dijo...

Larabi:
Esa es la cuestión diría el Hamlet ése.
Romper el cerco necesariamente debe tener la forma de una revolución. Pero aquí hago una salvedad pensando en Derrida: a veces la revolución consiste en hacer que exista lo inexistente y para ésto es necesario cambiar las coordenadas espacio temporales en donde lo que no aparece o tiene grados mínimos de existencia apareca. Por ejemplo, los laburantes como clase no existen en estas coordenadas socio-políticas por lo tanto habría que modificarlas para que aparezcan como existentes.
El punto de fuga, pero no el punto sino el registro de la fuga misma en el momento de fugarse.
La única forma de eliminar el cerco es desestimar su legitimidad en todo sentido. ¿Un nuevo cerco? Buena pregunta. Sin duda habría que apuntalar esa nueva disposición del campo, pero déjeme pensarlo.
Uno tiene la tentación de pensar en las revoluciones que conocemos, que ya hemos criticado largamente.
Quizás la respuesta sea la construcción de un ethos distinto.
Cosa que, como toda construcción llevaría un tiempo nada corto.
Pero hay que laburar el tema.

Sobre las necesidades socialmente necesarias, nada más alejado de esta reflexión los postulados del socialismo utópico que pretende volver a una prístina comunidad que nunca existió.

Larabi dijo...

Ojo que mi planteo del nuevo cerco no surge como una certeza absoluta, sino como una duda. ¿Estamos preparados para vivir sin cercos? o lo que buscamos realmente es que dentro del cerco podamos vivir todos en armonía e inclusive con sus pequeños cerquitos individuales coexistentes?
El primer cerco ya fue hecho, y nuestras vidas/cercos se amoldaron a ese. El primer ñato que alambró las pampas y dijo "esto es mío" murió hace rato y nuestros cercos se construyeron siguiendo su ejido.

Dormidano dijo...

Larabi:
Si señó. Y tal cosa ocurrió y ocurre dada la reproducción de la sociedad tal como está.
Lo puedo plantear así: el ethos del capitalismo se construyó como tal hasta imponerse como una ley de la naturaleza. Pero se construyó.
O sea, previamente no existía o al menos estaba larvado y sin desplegarse. Por eso digo que para desacostumbrarnos al cerco y concebir la vida sin cercos deberíamos reconstruir o construir un ethos distinto.
Cuando le mentaba las nececisades socialmente necesarias pensaba en lo que hace falta para subsistir como sujetos de la especie, pero no sólamente los bienes básicos de subsistencia sino también los culturales. Quitar los cercos quizás signifique redefinir lo que resulta imprescindible y lo que necesitamos para desplegarnos por el mundo.
Simple no es.
Eso si.
Me acordé de Freire. El tipo decía que cuando empezábamos a contar nuestro mundo, o sea, nos reapropiábamos de nuestra propia palabra agarrate Catalina.
Uno de los dispositivos del capitalismo y que requiere más laburo es implantar un ethos a su medida.
Y eso me lleva al otro tema: la potencia del cerco se funda en su legitimidad y la legitimidad está anclada en el dispositivo que la sostiene pero también en nuestra propia concepción del mundo.
Mamita querida.

Feliz Feliz, Alegre Alegre dijo...

Si tu post solo fuera una sarta de sandeces dichas en un centro de estudiantes, hasta darías risa. El problema es que cada vez que llegaron al poder los que así piensan, las fosas comunes desbordaron de cadáveres. Siempre.

Ah tambien está el ignaro de Dormidano aca ? No me sorprende.

Al menos me dieron la alegría de ver que su blog tiene apenas un 3% del tráfico diario que lee El Opinador, adonde vinieron a romper las pelotas. Segun los propios criterios kirchneristas, son absolutamente irrelevantes.

Dormidano dijo...

Feliz:
No no.
Los muertos siempre los causaron Uds.
Por eso de no gustarle las mayorías.
Y veo que no le gusta el disenso.
O sea, le gusta el consenso.
Que lindo.

Acá no somos estrellas, para eso está Ud. y su blog.