martes, 10 de julio de 2012

EN EL FONDO

El problema no es que haya un capitalismo bueno y otro malo. Y que los problemas del mundo obedecen a que estamos en un capitalismo malo. Y que sólo con cambiar de modelo de capitalismo todo mejoraría y no habría más hambre en el mundo, ni pobres, ni guerras, ni cualquiera de los horrores a los que esa puta realidad nos tiene acostumbrados.
Pensar de esta forma es poner el carro delante de los caballos. Cuando uno cree en la superchería anterior corre el riesgo de perder de vista el fondo del asunto, que es, ¡chocolate por la noticia!, lo más importante.
El capitalismo es un problema, y es un problema enorme que tendremos que sacarnos de encima porque de lo contrario, nos iremos con todo y maletas derechito a la extinción. Dados los extensos daños que la organización económica dominante ha infringido al medio ambiente (que no es el simple daño a una plantita o un paisaje determinado, sino la destrucción de las condiciones de supervivencia de la especie) el margen de maniobra se estrecha cada vez más. Hay, y es bueno saberlo y no mirar para otro lado, situaciones irreversibles en cuanto al clima, el agua, la tierra y el aire. Todos ellos frutos de la acción humana dirigida por el capitalismo.
La angurrienta búsqueda de ganancias a cortísimo plazo hace que los recursos se agoten a toda velocidad. Pero no solo éso. Además son desperdiciados para satisfacer necesidades de orden secundario. Y hay que añadirle a esta pésima ecuación la creación de necesidades artificiales para multiplicar ganancias que presionan, cuando no, el ambiente biofísico-social.
La panacea (¿el "círculo virtuoso"?) parece ser el consumo: mantenerlo supuestamente sostiene el crecimiento económico y mejora la vida del mundo. ¿Mejora? Permítanme dudarlo. Por otra parte, la lógica más ramplona indica que, si todos los habitantes del mundo consumieran lo que consumen los habitantes de los países del primer mundo, no habría tierra para soportar la presión. Redondamente nos iríamos a la mierda mucho más rápidamente de lo que nos estamos yendo.
No es por ahí el camino.
¿Cuál es el camino?
Profeta no soy, pero tengo la ominosa sospecha que, o cambiamos a tiempo para preservanos como especie o los cambios espantosos derivados de la aplicación a rajatabla del paradigma capitalista nos obligarán a cambiar sin margen de maniobra.
Me dirán alarmista, pariente de la Carrió, utopista, etc. Bueno, qué se le va a hacer.
También los primeros teóricos del capitalismo pensaron que lo suyo era un sueño. Sin embargo estamos en la peor de las pesadillas a causa de aquellos postulados y lo peor del asunto es que no parece haber otra opción en la monolítica concepción del mundo esgrimida por la economía dominante.
Habrá que fundar una nueva mirada, alumbrar el hombre nuevo. Será éso o transformarnos en dinosaurios y compartir su destino.



3 comentarios:

Terito Viajero dijo...

Grosso tu posteo , Dormi.

Sospecho esa es la diferencia que amo en el Pepe Mujica y nunca me convenció de este proyecto... Ojalá fuese solo cuestión de tiempo, pero como voçè, tenho la ominosa sospecha que no está en los planes de ningún aspirante al ejecutivo.

Repito, grosso posteo. Te felicito :)

Dormidano dijo...

Terito:
Muchas gracias.
Yo no solo sospecho, le diría que estoy convencido que ningún candidato piensa en otra cosa que no sean reformas. Reformas más o menos novedosas, profundas, tímidas o livianas. Pero nada más que reformas. Y con reformas no vamos a ningún lado.
Bueno, si.
Nos vamos a la mierda.

Saludos.

Javier dijo...

Excelente post. Lo comparto