Debe ser un problema de memoria. Incluso de amontonamiento, son tantos en tan poco espacio que uno no puede saber quién está o quién no está. Aún
si el que está es Jean Baptiste Rutihunza, sacerdote ruandés para más datos, acusado de genocidio y crímenes contra la humanidad y sobre el que pesa una orden de arresto internacional por ese motivo.
La condición de Rutihunza y los cargos que se le hacen parecen no importar mucho en el Vaticano, en donde Jean Baptiste pasa tranquilamente sus días a salvo del juicio al que debería enfrentarse.
Ahora, eso sí: no les hablés de identidad de género, homosexualidad o teología de la liberación porque se ponen como locos. Así es la furia de estos santos varones.
Federico Lombardi, portavoz de la Santa Sede dijo que el Vaticano no ha tomado nunca ninguna iniciativa a favor de Rutihunza y que por tanto, no lo han protegido. Pero, ¡ay don Federico! tampoco han tomado ninguna iniciativa en contra de Rutihunza, lo que en la práctica significa que sí lo han protegido. A otro can con ese metatarso eminencia.